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Al Málaga ya sólo le queda Rezart
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Agustín Rivera

Tinta de Verano

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Al Málaga ya sólo le queda Rezart

Al menos no era un matón. Cuando lo vi salir de un túnel situado junto a la grada de Fondo de La Rosaleda, su traje blanco

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Al menos no era un matón. Cuando lo vi salir de un túnel situado junto a la grada de Fondo de La Rosaleda, su traje blanco parecía recién recogido de una tintorería mediterránea. Al-Thani, con pinta de actor secundario de Bollywood, venía a hacer dinero. Sin más. El jeque árabe era un negociador con mando a distancia, un sujeto que manejaba el equipo desde un emirato mientras conducía coches velocísimos y sus caballos se hartaban de oler pasta.

El jeque aterrizaba por Málaga cada seis meses para fumar cigarrillos en un palco de un equipo de fútbol martirizado por las deudas y fotografiarse con la alcaldesa Titi. Mientras circuló el dinero y el Osasuna y el Villareal no se ponían pesados queriendo cobrar, la figura de Al-Thani competía en popularidad con la de Antonio Banderas y Jesús Cautivo. Eso fue hasta hace un mes, hasta que a mi compañero José Félix Díaz le dio por adelantar noticias y publicar algunas verdades incómodas.

Era el héroe de Martiricos, más que el doble campeón europeo Cazorla o Van Nistelrooy, máximo goleador de cuatro ligas diferentes. Al-Thani ha sido dios. Incluso Dios para los malaguistas. Alá es del Málaga. Al-Thani o el caos. Esto sí que era cierto: caos ya lo hay tras el anuncio de las negociaciones del jeque para vender el equipo a un grupo albanés. Cazorla, de coqueteo londinense con el Arsenal. Pellegrini, en busca y captura de otro club que tenga la curiosa costumbre de pagar a tiempo; y los que quedan, a intentar jugar la previa de la Champions.

Al-Thani, el cheque árabe del Málaga, como le bauticé hace casi un año en esta Tinta de Verano, jamás engañó a nadie. Su negocio estaba en el puerto de la Bajadilla, en Marbella, y en los terrenos de Arraijanal para construir la Academia, la nueva Ciudad  Deportiva, un proyecto solvente para la afincar en un mismo espacio el fútbol de la cantera saltimbanqui, nómada. ¿Es casualidad que el anuncio de sus negociaciones coincida con el visto bueno a este proyecto? Muchos aún creen que Al-Thani aún no ha mostrado toda su jequera.

El cuento de esta jequera/chequera sirvió para hacer el mejor equipo de la historia del fútbol malagueño, para ilusionar por fin a una afición acostumbrada a sufrir (los hay que se disfrazaban en Carnavales y en su perfil de Twitter con la chilaba by Al-Thani) y para soñar a finales de agosto con disfrutar del himno de la Liga de Campeones.

- Esto es una huida hacia delante. El Málaga vive por encima de sus posibilidades.

- ¡Me da igual! Tú déjame disfrutar. Al menos el jeque ha venido con su dinero y estamos viendo espectáculo. Antes sólo había miseria. Ahora somos de los grandes.

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Al menos no era un matón. Cuando lo vi salir de un túnel situado junto a la grada de Fondo de La Rosaleda, su traje blanco parecía recién recogido de una tintorería mediterránea. Al-Thani, con pinta de actor secundario de Bollywood, venía a hacer dinero. Sin más. El jeque árabe era un negociador con mando a distancia, un sujeto que manejaba el equipo desde un emirato mientras conducía coches velocísimos y sus caballos se hartaban de oler pasta.