El 'Mad Man' de Marilyn Monroe se refugia en Mijas

No bebía Old Fashioned como Don Draper en la última escena de la quinta temporada de la serie Mad Men. Lo suyo era trabajar al borde

No bebía Old Fashioned como Don Draper en la última escena de la quinta temporada de la serie Mad Men. Lo suyo era trabajar al borde del Karoshi, el sexo desenfrenado y meterse pastillas sin límite. Bert Stern, abandonado por su mujer, que se había llevado también a sus hijos, estaba enganchado a las anfetaminas. Le acaban de ingresar en un hospital psiquiátrico de Nueva York. Stern era un fotógrafo fascinante. Había revolucionado la imagen de la publicidad en la década de los sesenta con sus fotos para el vodka Smirnoff y, sobre todo, La última sesión, la estética más sensual jamás retratada de Marilyn Monroe. Bert Stern fue el primer Mad Man. El auténtico.

Maniaco-depresivo, le aconsejaron abandonar Manhattan y cambiar de vida. Qué mejor que hacerlo en un remoto pueblo de Europa. Durante ocho meses de 1973, Bert Stern vivió en Mijas (Málaga) en una casa situada en una colina desde donde se veían las costas de África. Dejó de sufrir alucinaciones. Las voces que oía y le dictaban hasta cuál sería su plan del día, dejaron de acosarle. En la Costa del Sol chic de los setenta no consumió anfetaminas: los dos últimos botes se los había birlado a su médico y no reparó las existencias químicas.

Stern necesitaba olvidar su pasado más reciente, el divorcio que había exigido su esposa, Allegra Kent, una bailarina estadounidense de la que tenía absoluta dependencia emocional. Las fotos que se conservan de los ocho meses de Stern en Mijas dan idea de un fotógrafo feliz, hedonista, amante de la vida alegre sin Allegra en la Mijas de 1966 que había cautivado a un pintor bohemio llamado Robert Redford antes de que fuera el Robert Redford de los grandes estudios de Hollywood.

“Tenía una casa preciosa y luego el estudio. Se llevó cientos de fotos, latas con películas, la película original de Jazz on Summer’s day para evitar que Allegra o alguien se lo llevara, eso salvó el trabajo de Stern”, relata el editor y guionista Larry Chilnick en el documental Bert Stern, el primer Mad Man, emitido por Canal Plus. Esa declaración del filme elaborado por la directora y pareja de Bert Stern, Shannah Laumeister, musa del fotógrafo en sus últimas décadas, refleja la importancia de la estancia mijeña. Si el artista se hubiera dejado el material (un contenedor de seis metros) en Estados Unidos quizá su obra, compacta, enciclopédica, que guarda en su hogar actual, se hubiera perdido de modo irremediable. “Lo mejor es que hay mucha gente maravillosa. Aquí Julia Andrews … Son unas fotos fantásticas, de gente fantástica”, narra el artista en la cinta de Laumeister.

En Mijas vivió hasta que recibió una carta del Juzgado de Familia de Nueva York convocándole para una cita judicial que resolviera la custodia de sus hijos. Si los quería volver a ver, necesitaba el regreso. No tenía ni un dólar. Arruinado, vendió cuadros, pensó en quitarse la vida, hasta que un día decidió hacer el libro de las pastillas, fotografiando las píldoras que aparecían en el Vademécum médico, la obra más robada de la Biblioteca de Nueva York. Y volvió a ser una estrella de la fotografía para quien el sexo y la toma fotográfica estaban íntimamente relacionados.

“Mi firma vale mucho, no puedo con todo”, confiesa este neoyorkino criado en Brooklyn y nacido en 1929. ¿Quién manejará todos sus archivos? No lo sabe. “Las fotos son como las drogas, soy prisionero de todo cuanto he hecho. ¿Te imaginas lo que es hacer tantas fotos? Hay que estar loco”. Lo asegura el fotógrafo Mad Man que, tras fotografiarla para Vogue, fue rechazado por Marilyn en una suite del hotel Bel Air de Los Ángeles. Un mes antes de que se suicidara hace justo ahora 50 años y dos días.

Tinta de Verano
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