De debates, políticos, periodistas y correveidiles

El pasado mes de abril los periodistas pusimos en marcha una iniciativa en twitter para denunciar las ruedas de prensa sin preguntas con el hasthag #sinpreguntasnocobertura,

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    El pasado mes de abril los periodistas pusimos en marcha una iniciativa en twitter para denunciar las ruedas de prensa sin preguntas con el hasthag #sinpreguntasnocobertura, que se concretó en un manifiesto de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) a la que se sumaron miles de profesionales y numerosos medios. Pretendíamos que nadie cubriera las comparecencias públicas en las que los líderes políticos recitan en alto su propaganda y los periodistas nos limitamos a tomar nota de lo que dicen como si fuéramos correveidiles del poder. Han pasado seis meses y podemos decir aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor".

    Mariano Rajoy (PP) y Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE), candidatos a la presidencia del Gobierno, protagonizaron el pasado lunes un debate televisivo (el único) que puso en evidencia el desdén de los políticos hacia los periodistas y su trabajo como intermediarios con la opinión pública. La aportación de los informadores se limitó a nimiedades tales como el color de las corbatas, los 21º de temperatura que debía haber en el plató, la presencia de cronometradores de baloncesto para medir el tiempo de cada intervención, o el pacto entre caballeros para que ambos aparecieran uno frente a otro a la misma altura. Para eso hemos quedado.  

    No les voy a hablar del debate porque su contenido fue tan previsible como aburrido. Rajoy reprochó a Rubalcaba el desastre económico al que los socialistas han llevado al país, y éste interrogó a su contrincante por las medidas que piensa adoptar si llega a La Moncloa, para demostrar que tiene un programa oculto que va a recortar el Estado del Bienestar. Lo mismo que han recitado esta semana en los mítines en los que han intervenido, y que previsiblemente reiterarán en los que quedan. Unas pocas interrupciones mutuas fueron la única concesión a un debate encorsetado y de escaso interés.

    Manuel Campo Vidal, que actuó de moderador, se limitó a dar la palabra a uno y otro en un papelón que dice muy poco de la profesión. Un debate de verdad requiere de la presencia de periodistas que hagan preguntas incómodas a los candidatos, que repregunten una y otra vez cuando no contestan a lo que les han preguntado e intenten esconderse tras una palabrería sin fin construida con obviedades y lugares comunes. Periodistas sin ataduras de partido que hagan las preguntas que harían los ciudadanos sobre las cuestiones que les preocupan y no sobre las que los candidatos quieren debatir.

    Los aspirantes a la presidencia del Gobierno deberían someterse también, en vivo y en directo, a las dudas de los votantes en un formato similar al que puso en marcha TVE con “Tengo una pregunta para usted”. El problema es que la gente es muy impertinente y quiere conocer el sueldo de los políticos y si saben el precio de un café, y no lo que dice el FMI o el futuro de las diputaciones.

    Éstos serían auténticos debates y no al que asistimos el pasado lunes, ensalzado como si hubiese sido el culmen de la democracia. ¡El quinto debate en 35 años!, que da cuenta de la calidad de una democracia en la que los cargos públicos se esconden de los ciudadanos. Los sociólogos dicen que en España no hay cultura de debates electorales, pero es mentira, lo que no hay interés político en celebrarlos.

    Un último apunte que hace aún más hiriente el menosprecio de los partidos hacia los periodistas: el sucedáneo de debate lo organizó la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión en el Palacio de Congresos de Madrid, cuando hay una cadena pública, de todos, que es TVE, cuyos informativos son los más valorados por su objetividad y calidad. Podían haber debatido en uno de sus platós y haberse ahorrado los 550.000 euros que costó el evento.

    Para no faltar a la verdad, tengo que decir que Rubalcaba estaba dispuesto a torear en cualquier plaza, pero Rajoy, no. El líder del PP piensa que la televisión pública es del Gobierno de turno y los profesionales que trabajan en ella comisarios políticos al servicio del partido. Si hasta pusieron a parir a su presidente, Alberto Oliart, cuyo nombramiento habían pactado con el PSOE en el Parlamento. 

    Si, como dicen, somos el Cuarto Poder, pintamos muy poco.

    Hasta el próximo sábado.

    Tirando a Dar
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