En la muerte de José María Cuevas

Hace poco le oí decir a Jesús Banegas, Presidente de AETIC, que Cuevas, como los buenos vinos, había mejorado con los años, y me pareció una

Hace poco le oí decir a Jesús Banegas, Presidente de AETIC, que Cuevas, como los buenos vinos, había mejorado con los años, y me pareció una definición perfecta.

 

Efectivamente, el discurrir del tiempo había limado los rasgos más abruptos del carácter de José María Cuevas, como eran su arrogancia, producto de saberse extremadamente inteligente; su impaciencia ante los que no tenían su agilidad mental, o su tendencia a ser prepotente (esto último más relacionado con un cargo como el de Presidente de CEOE, colmado de honores y protocolo).

 

En los últimos años, sin embargo, José María se había convertido en un anciano afable y apacible, que sin perder un ápice de su clarividencia, se había dado cuenta de lo contingente del ser humano y esto le había hecho más tolerante y permisivo.

 

Estaba pues, en las mejores circunstancias para deparar a su familia una feliz senectud, a las generaciones jóvenes un indiscutido magisterio y a los que ya peinamos canas, unas 'Memorias' que hubieran sido al tiempo explosivas, divertidas y entrañables. Todo eso es lo que la muerte de José María Cuevas nos ha arrebatado, apenas un año después de abandonar la Presidencia de CEOE.

 

El desparpajo y la autenticidad eran las señas de identidad de este palentino nacido en Madrid (los de Palencia, como los de Bilbao, pueden nacer donde les dé la gana). Y ese desparpajo, y esa autenticidad, eran lo que le hacía especial y por eso los empresarios españoles le votaban en masa, y durante veintitrés años, sin que apenas se hicieran esfuerzos para recabar esos votos.

 

La historia de Cuevas está por escribir, y en ella habrá episodios muy conocidos y otros que seguramente sorprenderán. Está fuera de toda duda su aportación a la modernización de la economía española, a la reforma de las relaciones laborales y al proceso de apertura al exterior de nuestras empresas. Sin embargo, no creo que acabe ahí la fértil cosecha de este hombre pequeño que, como dijo un ilustre pensador, “pasea su inteligencia como si fuera un apellido largo”. Los historiadores tienen la palabra.

 

* Ex director de Comunicación de CEOE

Tribuna

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