Energía nuclear: ¿Solución o espejismo? (I)

Ante la realidad del cambio climático y la crisis energética, los gobiernos se replantean su posición sobre la energía nuclear. Tachada durante décadas de destructiva y

Ante la realidad del cambio climático y la crisis energética, los gobiernos se replantean su posición sobre la energía nuclear. Tachada durante décadas de destructiva y peligrosa, la energía nuclear no produce CO2, por lo que se posiciona como una fuerte candidata para paliar frenar el efecto invernadero y hacer frente a la demanda energética. Científicos y políticos se dividen entre quienes se pronuncian a favor y quienes abogan por un cambio radical en el consumo energético. La polémica está servida.

Tras el fracaso de la cumbre de Copenhague en plena crisis económica, la otra crisis, la del cambio climático, ha pasado a un segundo plano. Nadie quiere oír hablar del efecto invernadero cuando los mercados se desploman y Europa está en el punto de mira. Sin embargo, los efectos del cambio climático están más patentes que nunca. La temperatura global sigue en aumento. Se estima que la temperatura de la Tierra podría subir entre 2 y 6 grados centígrados, lo que supondrá daños irreversibles en los ecosistemas, en el clima y en la vida de nuestro planeta. Apenas nos quedan 20 años para frenar el cambio climático según un estudio publicado en la revista Nature. Se calcula que el límite de dióxido de carbono que el planeta puede asumir hasta 2050 es de un billón de toneladas. Ya llevamos un tercio de dicha cantidad. Mientras las organizaciones ecologistas siguen su particular cruzada contra la energía nuclear, cada vez son más las voces que se pronuncian a favor. La premisa es sencilla: la energía nuclear es la única energía capaz de producir electricidad a gran escala sin generar CO2.

¿Es la energía nuclear un arma contra el cambio climático?

Patrick Moore, cofundador de Greenpeace, es actualmente un ferviente activista a favor de lo nuclear. “En los primeros años de Greenpeace fue un error estar en contra de la energía nuclear. Pensábamos que todo lo nuclear era malo porque lo relacionábamos con las armas nucleares”. Considera que el movimiento ecologista debería apoyar su uso para frenar el cambio climático, mientras ensalza su valor como energía limpia y segura. “La energía nuclear es el logro científico de la humanidad”, afirmó en 2009 durante una visita a España. La baja efectividad de las energías alternativas, que dependen de fuentes no constantes como el viento, parece avalar su tesis.

Pero no es la única voz divergente dentro del movimiento ecologista. James Lovelock, científico y ecologista declarado, aseguraba en un artículo de 2004 publicado en el diario inglés The Independient que no se pueden utilizar las fuentes renovables para sustituir a los combustibles fósiles como única fuente de energía. “No hay tiempo para experimentar con fuentes de energía visionarias; la civilización se encuentra en peligro inminente y tiene que usar la energía nuclear, la única fuente de energía segura de la que disponemos ahora”. Lovelock es célebre por ser el inspirador de la Hipótesis Gaia, una suerte de teoría místico-científica que considera la Tierra como un sistema autorregulado. Sostiene que el cambio climático es el problema más grave al que se ha enfrentado la humanidad, mientras asegura que se necesitarían 50 años para convertir el viento, el sol y las corrientes de agua en nuestras fuentes de energía principales. “Pero no tenemos 50 años”.

Ante este panorama, puede resultar cuanto menos curioso que las organizaciones ecologistas dediquen tanto esfuerzo en luchar en contra de la energía nuclear y no tanto a denunciar la extrema dependencia de los combustibles fósiles, causantes de una aceleración sin precedentes del cambio climático. Mientras, la industria petrolera está cada vez más desprestigiada cara a la opinión pública a causa de los precios de la gasolina, los vertidos y los continuos conflictos bélicos. Por su parte, las energías renovables, hoy por hoy, no parecen demostrar su efectividad para satisfacer una demanda cada vez más creciente por parte de los países desarrollados y en vías de desarrollo. Está claro: la energía nuclear es la solución. ¿O quizá no?

La energía nuclear ¿una energía limpia?

Parece ser que no todo es tan sencillo. Las centrales nucleares actualmente en funcionamiento no son capaces de generar tanta energía como para satisfacer la demanda energética y sustituir a las energías contaminantes. Por otro lado, la construcción de nuevos reactores tendría un coste muy elevado. Para algunos expertos, la solución no pasa por un cambio nuclear sino en los hábitos de consumo de nuestra sociedad. “Para luchar contra el cambio climático y la crisis energética sólo cabe una solución: reducir nuestros consumos. Todo lo demás son espejismos muy arriesgados y peligrosos”. Son palabras de Marcel Coderch, miembro del Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible de Cataluña y coautor del libro El espejismo nuclear.

Para que el 50% del consumo eléctrico previsto para 2050 fuera de origen nuclear, tendríamos que multiplicar por 8 el número de reactores en funcionamiento, además de sustituir los 400 actualmente en uso

Los contrarios al desarrollo nuclear aseguran que la energía atómica no es la solución, sino parte del problema, y ponen el acento en los colosales costes medioambientales de una eventual proliferación de nuevos reactores. La construcción de más centrales generaría indirectamente grandes cantidades de CO2, pues habría que fabricar y transportar millones de toneladas de cemento y acero, además de incrementar la explotación de las minas de uranio. “Para que el 50% del consumo eléctrico previsto para 2050 fuera de origen nuclear, tendríamos que multiplicar por 8 el número de reactores en funcionamiento, además de sustituir los 400 actualmente en uso. Lo cual supone que tendríamos que construir 85 reactores cada año o, lo que es lo mismo, un reactor cada cuatro días, sábados y domingos incluidos”, afirma Marcel Coderch. Siguiendo esa premisa, llegaría un momento en que el balance energético sería insostenible, pues se invertiría la misma energía que la generada.

Según el ingeniero catalán, tardaríamos 120 años en construir las centrales necesarias para producir toda la energía eléctrica que el mundo consume en la actualidad. Y esto sin contar con la dependencia del petróleo que generan nuestros automóviles. ¿Qué pasaría si sustituyéramos los motores de combustión por motores eléctricos? “Habría que construir pues unas 3.400 centrales más [para abastecer la demanda de electricidad], lo cual supone una inversión de unos 20 billones de dólares. Si queremos hacerlo en 20 años, habría que multiplicar por 12 la capacidad de construcción que se tuvo en la década de los 60. No parece un proyecto muy realista”.

Los partidarios de la energía nuclear niegan la mayor y declaran exagerados esos datos. “Se usan datos falsos y se opina contracorriente de lo que está sucediendo” aclara Manuel Lozano Leyva, Catedrático de Física Atómica y Nuclear en la Universidad de Sevilla y autor del libro Nucleares ¿por qué no? Para Lozano Leyva los principales enemigos del medioambiente son los combustibles. Para acabar con la dependencia de gas, carbón y petróleo, aboga por un mix energético de renovables respaldada por nucleares. No está de acuerdo con quienes afirman que la construcción de nuevas centrales supone un coste de dimensiones faraónicas. “Hacer un cálculo del coste energético de toda fabricación y construcción es muy difícil. En relación a la energía que producen, poner en funcionamiento un molino de viento y una central nuclear exige entre tres y cuatro años de su producción de energía. La diferencia es que un molino dura unos 20 o 30 años y una central nuclear entre 60 y 80. Sobre lo de que la construcción de nuevas centrales es inviable, hay 51 en construcción y se prevén muchísimas más en el llamado renacimiento nuclear”.

Los contrarios al desarrollo nuclear van más allá y ponen el acento en la escasez de uranio: “En estos momentos las minas de uranio ni siquiera dan para alimentar el parque de centrales actual. Si este parque los triplicamos, esto significaría multiplicar por cinco la producción de las minas actuales” afirma Coderch en declaraciones para la web de Solidaritat i Comunicació. Además, ante un significativo aumento de la demanda, habría que explotar minas más pobres en uranio, donde es más difícil extraerlo. “Se tardan por lo menos 20 años en descubrir una mina y abrirla hasta que es productiva. No hay capacidad para extraer uranio al ritmo que exigiría un programa de construcción de centrales nucleares de esta naturaleza”.

El uranio es la materia prima de la energía nuclear de fisión, la única capaz de generar energía a gran escala mientras no se desarrolle la energía de fusión, dependiente de materias más abundantes como el hidrógeno. El gran problema es que las minas de uranio, además de escasas, son muy contaminantes.“Hay que remover muchas toneladas de mineral para extraer un kilo de uranio” afirma Marcel Coderch. “Hay que aflorar una radioactividad que estaba hasta ahora enterrada. Las minas de uranio son muy agresivas con el medio ambiente y generan mucha contaminación. Lo que pasa es que están en países que no vemos como Kazakhstán, Níger y les hacemos menos caso”. También están en países que sí vemos como Canadá, Australia, Brasil, Sudáfrica y Estados Unidos. En Europa tenemos minas en Francia y España.

Manuel Lozano Leyva discrepa sobre esa apreciación. “En España se han explotado minas de uranio durante décadas. Que digan el nombre y apellidos de un solo afectado, que digan qué impacto ambiental serio han tenido. En proporción ¿podrían decir lo mismo de la minería del carbón?”. Según nos cuenta, la célebre escasez de uranio es un mito. “¿Sabe de qué está compuesto el 95,6% de los residuos radiactivos? De uranio. No se aprovecha porque es muy barato y la incidencia del precio del combustible en la operación de una central nuclear es mínima. En cuanto fuera necesario, se reprocesarían los residuos. La cuarta generación de centrales serán las llamada criadero o nodrizas, que generan más combustible nuclear del que se le suministra. La energía nuclear, a la larga, será sostenible, sobre todo si nos conduce a la energía de fusión.”. Pone el acento además en el incipiente uso del torio, considerado una alternativa al uranio como combustible nuclear, “un elemento fisible mucho más abundante que el uranio. Produce menos residuos y es más eficiente. La India ya lo ha empezado a usar”.
Tribuna
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