¡No recortes en seguros!

Casi 3.500 millones de euros -que se dice pronto- es lo que hemos gastado de menos -que no ahorrado- los españoles en la compra de seguros.

Casi 3.500 millones de euros -que se dice pronto- es lo que hemos gastado de menos -que no ahorrado- los españoles en la compra de seguros. “Es por la crisis”, me dirá alguno. Para que nos hagamos una idea, 3.500 millones de euros es lo que el Gobierno sacó en julio de 2013 del  Fondo de Reserva de la Seguridad Social para pagar la paga extra de los pensionistas; o el coste de 70 aviones Airbus A-320 (el modelo medio de Iberia), lo que permitiría montar toda una línea aérea nacional; o el equivalente al 10% de los intereses de la deuda española (tras la bajada de la prima de riesgo); es casi lo que nos gastamos los españoles en la lotería de navidad y otros juegos y apuestas, cada año, que ya es jugar. ¡Y eso sin Eurovegas!

La cuestión es que estos casi 3.500 millones de euros representan algo más del 5% de lo que recaudó el sector asegurador en España en 2012. Dicho así no parece mucho, pero visto en millones es una barbaridad. Esta reducción se debe a varios motivos: las empresas que han quebrado y dejan de comprar seguros -triste nuevo récord de concursos de acreedores en 2012- otras que facturan menos y ven reducida la prima del seguro en consonancia a su nivel de actividad, pero, lo que es peor, hay empresas que han recortado sin más del capítulo de los seguros para ahorrar o simplemente no han podido abordar el pago de la prima porque no tienen dinero. Así de simple, y de grave. “Es que una prima de 1.000 euros supone el salario mensual de un trabajador”, me dicen. A este paso, los mileuristas van a ser la clase alta de la sociedad.

Es la época del recorte, y al seguro le toca ahora. Sin embargo, no somos los españoles los más propensos a recortar en este concepto, ya que menos del 10% lo sitúa como principal punto de reducción del gasto

En entornos económicos negativos como el actual, la contención del gasto en toda clase de proveedores y servicios es una medida saludable para la supervivencia de la empresa, pero algunas están haciendo recortes conceptuales y lineales de un determinado porcentaje a todos sus proveedores sin distinguir el valor que aporta cada servicio; el que viajaba en business ahora lo hace en turista, el que se alojaba en un hotel de cuatro estrellas ahora se hospeda en uno de tres, el que conducía un coche de empresa de gama alta ahora se desplaza en uno generalista… Es la época del recorte, y al seguro le toca ahora. Sin embargo, no somos los españoles los más propensos a recortar en este concepto, ya que menos del 10% lo sitúa como principal punto de reducción del gasto. Es curioso que, pese a los tópicos, los españoles reduciríamos en primer lugar los viajes y las vacaciones, después las actividades deportivas y de ocio y sólo recortaríamos de los seguros antes que hacerlo de la alimentación en el hogar, la educación escolar y el alquiler de la vivienda.

Si hasta ahora la negociación del seguro se caracterizaba por la máxima de “más por lo mismo” (más coberturas, más límite asegurado por la misma prima) el paradigma ahora es “lo mismo por menos”. El empresario busca reducir el importe de la prima, que concibe -erróneamente- como un gasto prescindible o, al menos, negociable duramente a la baja. Si es cierto que el precio del seguro es un gasto, no lo es menos que el seguro es una inversión. Y con las inversiones debe tenerse mucho cuidado, porque representan el patrimonio y el futuro de la empresa.

Recortar en seguros no es dejar de renovar los seguros ni rebajar los límites o sumas aseguradas sin más criterio que el de reducir el precio. Eso, en ambos casos, es una gestión extremadamente peligrosa. Una cosa es ahorrar, reducir costes, adaptar el seguro al riesgo y otra es recortar, dejar de comprar y, lo peor, dejar de comprar donde no se debe.

Hay otras formas de reducir de manera eficiente el coste de los seguros, pero primero es necesario que la empresa conozca con detalle cuál es su exposición al riesgo y cuál es su nivel de eficiencia en la gestión así como su apetito o aversión al riesgo. Para ello hay que hacer un diagnóstico -“Doctor, ¿qué me pasa?”­- e identificar las partidas en las que se puede reducir el coste, monetizándolas. No es fácil, pero es necesario.

Y a usted, ¿hace mucho que no le diagnostican?

 

*José María Elguero es director del Servicio de Estudios de MARSH España.

Tribuna
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