Mis días y mis noches al lado de los ‘lobos’ de la City londinense

Como a otros muchos que hayan pasado por Wall Street o la City, El Lobo de Wall Street me trae a la mente no pocas situaciones

Como a otros muchos que hayan pasado por Wall Street o la City, El lobo de Wall Street me trae a la mente no pocas situaciones vividas dentro y fuera del trading floor y no pocos personajes con los que trabajé a diario en una época de mi vida.

Las  prácticas abusivas de mercado, actuar al límite de la regulación y castigarse el cuerpo a diario forman parte de esta atmósfera: Work hard, play hard. La diferencia fundamental entre el mercado actual, fuertemente regulado y con gran transparencia y velocidad en el flujo de información, en comparación con el mercado de los 80 y 90, con poca regulación y gran opacidad, reside en que hacer front-running (inversión ventajista) a clientes y colocarles posiciones que no interesaban a la propia entidad era mucho más fácil y rentable entonces que ahora.  

Liar´s Poker, escrito por Michael Lewis hace más de 25 años, cuenta en primera persona cuán salvajes eran los mercados financieros en los años 80. Curiosamente, una de mis grandes sorpresas al desembarcar en Londres en 2005 fue comprobar cómo, a pesar de existir literatura tan explícita al respecto, la cultura y manera de funcionar seguía siendo en esencia la misma. Work hard, play hard.

Nada más llegar a la capital del Támesis, un compañero me dijo: “Si no te llevas bien con los traders, ni la vas a oler. Si te los ganas, te putearán pero luego harás pasta”. Al principio ignoré este consejo y sólo recibí malos precios, gritos, y risas a mi costa. Tuve un par de broncas serias, en una casi llego a las manos… Hasta que accedí a entrar en el círculo y mi vida –dentro y fuera del trading floor– cambió por completo.

La primera vez que salí con ellos, tras mostrarme su flota de Aston Martin, Ferraris y Lamborghinis, se gastaron más de 8.000 libras entre reserva de mesa, botellas de champán, chupitos, copas y demás materiales… El tipo con el que casi me había zurrado semanas antes me estuvo invitando toda la noche a copas y me ofreció irme con él y con otras dos chicas que acabábamos de conocer a la Riviera Francesa en avión privado al día siguiente.

Hice buenas migas con los traders. Vivían a toda máquina, estaban acostumbrados a ganar, mucho y rápido, en un entorno muy competitivo y agresivo. No dejaban de ser traders cuando salían del banco y vivían su vida personal con la misma velocidad y voracidad. El lobo de Wall Street refleja bien la sensación de poder y de impunidad que da el dinero rápido. Esta gente se creía que podía comprarlo todo y a todos y no aceptaba un no por respuesta. De 7:30 a 17:30 h repartían gritos y zarpazos y, a partir de esa hora, se castigaban el cuerpo con cuentas astronómicas en Annabel´s o Tramp rodeados de 'modelos' a la caza del banquero. Asistí a fiestas privadas no muy diferentes a las que protagoniza DiCaprio encarnando a Jordan Belfort.

El catálogo de historias y excesos es extenso, como supongo lo será el de cualquiera que haya pasado unos años en el Londres pre-credit crunch. Tipos capaces de amenazar al personal de Heathrow para que pararan un avión y así subirse, de ridiculizar y despedir a un empleado por no liberar una sala de reunión a la que tenía derecho, de abandonar una boda seguido por todo el séquito de su banco (“En esta boda no hay quien coma, invito en el restaurante de enfrente”, decían), peregrinaciones de brokers en avión privado a Madrid para ir a cierto local de la plaza de Colón y pagar 500 dólares por un bistec para bajar la borrachera…

Estos tipos no es que fueran malas personas, simplemente vivían conforme a los incentivos y al entorno existente: Don´t blame the player, blame the game. Hasta en el propio diario financiero de la City, CITY A.M. había una sección llamada "Ticket of the Week" que recogía la factura de gastos más bestia de toda la semana por parte de algún broker o ventas de banco y explicaba el porqué de semejante dispendio para alborozo de los lectores.

Este sistema de incentivos provocó que los grandes ejecutivos de la banca prefirieran alargar la fiesta todo lo posible a resolver los problemas. Chuck Prince, con un paquete salarial de 38 millones de dólares al retirarse en el 2007, lo definió a la perfección: “As long as the music is playing, you've got to get up and dance”. Poco tiempo después de esta palabras, la Citi acumulaba más de 45.000 millones en pérdidas por sus posiciones en activos sub-prime.

Yo hace tiempo que salí de ese mundo apasionante, duro, agresivo, adictivo y alienante que es el mercado financiero. Es verdad que el carácter y la personalidad te cambian cuando lo dejas. No habrá otro Jordan Belfort, eso seguro. Ahora toca pagar la cuenta, y eso nos va a llevar años.

*Manuel Muñiz es socio director de la compañía www.yamimoto.com

Tribuna