Ucrania, un futuro incierto

Cuando el pasado mes de noviembre comenzaron las primeras protestas pocos podían imaginar que, tres meses más tarde, Yanukóvich sería depuesto

Foto: Ucrania, un futuro incierto

Cuando en el pasado mes de noviembre comenzaron las protestas pro-europeas, el llamado euro-maidan, poco se podía imaginar el presidente Yanukóvich que tres meses más tarde sería depuesto desde las calles por la ciudadanía.

Mucho se ha escrito durante los últimos días sobre los motivos de la protesta, sobre quién/quiénes son las gentes que están en las plazas y sobre posibles escenarios de cara al futuro en función del desenlace del conflicto. Intentaremos desde esta tribuna dar algunas claves que nos permitan conocer y analizar de manera más precisa lo que ha sucedido en las calles de Kiev durante estos últimos tres meses.

Ucrania es un territorio de más de 46 millones de personas, de las que casi 3 millones viven en la capital, Kiev. Lo primero que debemos tener en cuenta es la profunda división etno-nacional presente en el seno de la sociedad y el territorio ucraniano, así dos terceras partes de la población son ucranianos (alrededor del 77,6%), un sexto son ucranianos que hablan ruso y otra sexta parte son rusos que viven fundamentalmente en los territorios del este y del sureste del país. Esta división ha sido tradicionalmente la causa de los distintos conflictos que han gobernado el país, no sólo desde la implosión soviética, sino históricamente.

Quizás el episodio más reciente que debamos recordar para comenzar a situar a los actores sea la Revolución Naranja de 2004.  El origen del conflicto en este caso, como lo es ahora, fue la victoria de Yanukóvich frente al tándem Timoshenko-Jusenko. En aquella ocasión, se consiguió revertir el resultado electoral contando con el apoyo de las potencias internacionales, Unión Europea y Estados Unidos, contra el criterio de Moscú que en aquel momento les acusó de injerencia en la política de Ucrania.

Cartel de Timoshenko en las elecciones presidenciales.
Cartel de Timoshenko en las elecciones presidenciales.
Sin embargo, el éxito de la Revolución Naranja no solucionó los problemas económicos por los que atravesaba el país y en las Presidenciales de 2010 Yanukóvich ganó las elecciones, al tiempo que una moción de censura hacia renunciar a Timoshenko como Primer Ministro. En 2011 Timoshenko sería acusada de abuso de poder por negociar un tratado con Rusia sobre los suministros del gas poco ventajoso para Ucrania, por el que fue condenada a siete años de cárcel. Pasó de ser la gran aliada de Occidente, una de las cabezas visibles de la Revolución Naranja pro-occidental, a ser condenada por hacer tratos poco limpios con Rusia.

Con su mayor adversaria política en la cárcel Yanukóvich ha podido hacer y deshacer en el país, ha creado su red de corruptelas y clientelismo, lo que se conoce en el todo el estado como La Familia; ha modificado la Constitución de 2004 para dotar al presidente de poderes cuasi-absolutos, etc…Todo ello, no podemos olvidar, mientras el país estaba sumido en una profunda crisis económica dónde los sueldos medios no superan los 100 dólares. Para evitar una nueva movilización en contra de su política, ya en 2010 se aprobó una Ley de Principios de la política interior y exterior de Ucrania, por la que el país pasaría a ser neutral en relación a sus pretendientes geopolíticos: UE/OTAN y la Federación Rusa.

Y ésta era la situación en la que se encontraba el país en el mes de noviembre. Un país quebrado por la crisis económica que había provocado un fuerte recorte de prestaciones sociales, con los salarios congelados, un país al borde del abismo. Y es en ese momento cuando el presidente decide no acceder a la firma del Tratado de Libre Cambio ofrecido por la Unión Europea, sólo a 48 horas de la Cumbre, y opta por un mayor acercamiento a Rusia, que le ofrece una ayuda financiera de manera inmediata, además de una reducción de los precios del gas.

Yanukóvich guiña un ojo a Putin durante una reunión en Moscú.
Yanukóvich guiña un ojo a Putin durante una reunión en Moscú.
Pero, ¿cuáles eran los interese de unos y otros? ¿Por qué es importante Ucrania para Rusia? Son varias las razones: el control del tránsito del gas; el interés por otras industrias estratégicas para el gigante eslavo como la agricultura y el acero; el poder tener a su disposición, con la incorporación de Ucrania a su Unión Aduanera, un mercado de más de 200 millones de consumidores y, por último, pero muy importante, por un interés militar evidente: la base militar de Sebastopol sede de la flota rusa en el sur por Crimea.

Pero, ¿y Europa? Para la Unión Europea en su conjunto es importante el establecimiento de relaciones fluidas con Ucrania puesto que es el país de tránsito del 25% del gas que llega a la Unión Europea. No se quieren repetir crisis como las de 2006 y 2008 por culpa de la falta de suministro. La UE le ha ofrecido a Ucrania pasar de ser un mero país de tránsito del gas a ser un receptor, lo que le permitiría no ser tan dependiente de Rusia. Fundamental es también el conseguir introducir sus productos en un país de más de 45 millones de personas. Por último, pero también importante, el papel geopolítico que juega al compartir fronteras con Polonia, Rusia, Bielorrusia, Hungría, Eslovaquia y Moldavia.

Y es en ese momento de lucha geopolítica cuando los ciudadanos ucranianos comienzan a tomar las calles de Kiev. Efectivamente, como se ha venido repitiendo durante los últimos días, los manifestantes no conforman un grupo homogéneo. En noviembre, los primeros en llegar fueron los jóvenes estudiantes proeuropeos. Pero cuando comenzaron las primeras cargas de la Berkut hicieron su aparición los veteranos de Afganistán, excombatientes del Ejército Rojo. Posteriormente se sumarían otros grupos representativos de la sociedad ucraniana, rusohablantes y ucraniohablantes, religiosos y no religiosos, los tártaros de Crimea, líderes judíos, activistas LGTB, pero también la ultraderecha representada por Svodoba. Poco a poco ese cuerpo social en movimiento iría adoptando comportamientos más y más radicales a la luz de las respuestas institucionales que se iban dando desde instancias gubernamentales con restricciones a la libertad de expresión y manifestación. El único objetivo de este grupo humano tan heterogéneo ha sido derrumbar la Presidencia de Yanukóvich. Y a la luz de los últimos acontecimientos, parece que lo han conseguido.

Es complicado hacer predicciones en este tipo de situaciones en las que los hechos se suceden de manera vertiginosa, lo que sí podemos hacer es identificar las consecuencias que la situación en Ucrania puede tener de cara a los actores implicados en la misma. Comenzaremos por la Unión Europea y su maltrecha Política Exterior, si es que todavía podemos considerar que existe una. La crisis de credibilidad por la que atraviesa a la luz de los acontecimientos tanto en Ucrania como en Siria, por mencionar los más recientes, ha puesto de manifiesto la ausencia de peso específico de este actor geopolítico, de esta unión política en el ámbito de sus fronteras más próximas. No entraremos aquí en mayores profundidades, baste mencionar, cómo han quedado de manifiesto, una vez más, las discrepancias en torno a qué intereses deben primar más en la UE: una aproximación a Ucrania defendida por los países más cercanos a la frontera, o a Rusia, defendida por aquellos más alejados, entre los que, por cierto, se encuentra España. Primera conclusión, por tanto, escaso peso específico de la UE como actor en la región.

Una potencial división del país sería un fracaso de la política neoimperial rusa que in extremis optaría por poner bajo su protección a CrimeaEl segundo actor que debemos considerar es Rusia y su presidente, Vladimir Putin. Tras su pírrica victoria de noviembre, se encuentra ahora con su protegido huido de la capital y refugiado en la frontera rusa, con un país al borde de la división territorial y del colapso más absoluto. Una potencial división del país sería un fracaso de la política neoimperial rusa que in extremis optaría por poner bajo su protección a Crimea.

Por último, pero quizás el más importante, Ucrania, ¿hacia dónde? Ésta es la pregunta que todo el mundo se está planteando en estos momentos. Las perspectivas no son en ningún caso optimistas. La convocatoria de elecciones en mayo se prevé caliente. Una vez más, Timoshenko va a intentar hacerse con la Presidencia del país, y es dudoso que aplique los acuerdos de gobierno de concentración firmados el pasado viernes y a los que apelan las grandes potencias, Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea. También es dudoso que no se presenten luchas intestinas dentro de los llamados partidos de la oposición. Parece que los partidos políticos tradicionales no estén tomando nota de que la ciudadanía reunida en la plaza Maidan no se siente representada por las fuerzas políticas de la oposición. Están cansados, como en tantos otros países, de la red oligárquica que se ha apoderado del país, que goza de una serie de privilegios a costa del resto, y que lejos de renovar sus métodos y sus cuadros pelean por continuar gozando de esos privilegios. Así, ni Timoshenko, ni Krisko, ni Svodoba tienen el control sobre los concentrados en Kiev ni sobre sus futuras reacciones.

*Ruth Ferrero-Turrión, del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.

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