ACTO DE MOVIMIENTO CIUDADANOS

Corbata y vaqueros: Albert Rivera presenta el uniforme de la tercera España

El líder de Movimiento Ciudadano se presenta como alternativa a los defraudados por PP y PSOE y a quienes no les convencen las ideas de Pablo Iglesias

Foto: El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, a su llegada a un acto conmemorativo en el teatro Goya. (Efe)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, a su llegada a un acto conmemorativo en el teatro Goya. (Efe)

Ni bipartidismo decadente ni populismo emergente. Ni la putrefacción de las instituciones ni su destrucción oportunista. Ni gran coalición ni asalto al cielo. El mensaje de la tercera España lo ha vestido esta mañana Albert Rivera con esa mezcla de resolución y humildad que busca representar Movimiento Ciudadano (MC), la plataforma transversal concebida para los votantes de centro reformista que no necesitan decir casta para sentirse defraudados por PP y PSOE. A ellos se dirigió el líder de Ciudadanos (C’s) con chaqueta y corbata de nudo fino por arriba y con vaqueros desgastados por abajo, a partir de hoy uniforme oficial de la tercera vía. Y hablando de usted al auditorio, añeja cortesía que tras el fichaje de La Pechotes por parte de Cuatro casi nos arranca lágrimas de gratitud.

Corbata y vaqueros. Ambición y modestia. Respeto y descaro. Tradición y modernidad. Conservar el legado de la Constitución pero plantear reformas urgentes en cinco ámbitos principales, consensuadas por los 70.000 firmantes con que ya cuenta la plataforma: ley electoral más representativa, pacto nacional por la educación, descolonización política de la justicia, adelgazamiento de la Administración y una regeneración de los partidos políticos impulsada por alguien que no salga en ningún sumario, a ser posible. Magníficas intenciones que desde luego muchos comparten, incluida Rosa Díez, a quien, sin embargo, no se esperaba en el Teatro Goya como no se espera a Papa Noel en una casa comprometida con los Reyes Magos. Ya saben ustedes: una cosa es liderar un homenaje a la duplicidad como es UPyD respecto de C’s y otra muy distinta es que venga uno más guapo y te robe la silla. O el escaño. O el trono. Y este es el drama: que hasta por la tercera España cruza errante la sombra de Caín.

Carolina Punset. (Efe)
Carolina Punset. (Efe)

Precisamente a Machado lo citó una de las oradoras, Carolina Punset, que será candidata de C’s por la Comunidad Valencia: “Qué difícil es, cuando todo baja, no bajar también”. No se refería al caldero demoscópico del brujo Arriola sino a la general sensación de abatimiento que tiene postrada a España, país que sin embargo –dijo– merece la pena cuando sales por ahí a comparar, y eso que ella se declaró apátrida. Antes había intervenido Fernando Maura, todavía eurodiputado de UPyD, quien mereció un grito de “¡valiente!” que le lanzó una señora del respetable por rendir tributo de gratitud al depurado Paco Sosa Wagner, ideólogo de la convergencia fallida entre los de Rosa y los de Albert. En Bwin ya se cotiza más un gol de Messi que el expediente de Díez a Maura antes de que se oculte el sol. Mikel Buesa daba fe desde la fila cero, junto a Joaquín Leguina, Juan Carlos Girauta, Javier Nart y otros.

Sin embargo, para el gusto de este cronista, la mejor intervención de la mañana –y hay que decir que a MC no le faltan ni discurso ni oradores– fue la de Manuel Conthe, que empezó con esa modestia protocolaria, eso que en retórica clásica se llama captatio benevolentiae y que Jardiel Poncela pone en boca de uno de sus personajes: “Yo no soy orador, como dicen los oradores”.

Joaquín Leguina y Albert Rivera. (Efe)
Joaquín Leguina y Albert Rivera. (Efe)

Para no ser orador, Conthe fijó con la credibilidad propia del no alineado la postura tercerista que en estos momentos requiere el país: afirmó que “las ideas económicas insensatas de Podemos nos llevarían a la ruina”, pero también que no es momento de bajar impuestos y que, citando al juez Holmes, los impuestos son el precio de la civilización y otorgan al ciudadano la genuina legitimidad para fiscalizar al poder. Según ese razonamiento, que yo aplaudo, Marc Márquez no debería abrir la boca más que para sonreír, y de boca va servido el niño. Hizo Conthe un bello canto al europeísmo, cuya burocracia parlamentaria juzgó mucho más eficiente que la nacional, y se declaró tan deudor de Voltaire como de Cervantes, pues solo cree en el patriotismo constitucional y considera el nacionalismo español tan dañino como el vasco y el catalán. Uno estaría conforme si existiese tal cosa como nacionalismo español, que ya no pervive ni en el Frente Atlético.

Rivera quiere acabar con el concepto de lucha: de clases, de rojos y azules, de la periferia contra el centro. “No hay nada más poderoso que una idea cuando le ha llegado su momento”, concluyó, citando a Víctor Hugo

En las primeras filas o directamente sobre el estrado figuraban algunos de los precandidatos o simpatizantes de la plataforma. Llama la atención el poder de convocatoria de MC entre el gremio periodístico: Alfonso Rojo, Marta Rivera, los propios presentadores Alejandra Alloza y Albert Castillón o José Antonio Martín Petón, que tratándose de un acto ubicado a la rivera del Manzanares no podía faltar. No cabe duda de que el desembarco del cuarto poder en el primero es una de las características de nuestro tiempo, y si no que se lo digan a los chicos catódicos de Pablo Iglesias. Quien por cierto, me cuentan, se niega a debatir con Albert Rivera –hurtando con ello a mi generación el debate más magnético y pertinente del momento político– para que nadie le dispute el cinturón del peso ligero en tertulia libra por libra.

Rivera también fue arropado como líder carismático en el Goya: cuando hizo acto de presencia la música subió, las luces se intensificaron, el graderío se puso en pie y los aplausos cayeron jubilosos sobre el joven y ya bragado político. Hay que cuidar al líder, y de todos modos la misma liturgia se aplica incluso a don Mariano; pero entre los 1.200 asistentes no vi accesos de mesianismo ni expectativa taumatúrgica: nadie que quisiera tocarle el culo a Albert en la esperanza de ser curado de mileurismo. Luego nos pusieron un vídeo de propaganda pelín cursi a cuyo término no sabía uno si salir a votar a Albert o a comprar un décimo. Cosas del marketing político, supongo.

Rivera reivindicó el entronque histórico de tres grandes proyectos de reagrupación reformista: la UCD de Suárez, los 202 diputados para el cambio de Felipe y el viaje al centro refundador del primer Aznar. Él quiere liderar el cuarto, acabar con el concepto de lucha: de clases, de rojos y azules, de la periferia contra el centro. “No hay nada más poderoso que una idea cuando le ha llegado su momento”, concluyó, citando a Víctor Hugo. Quedó así inaugurada “la casa grande del sentido común”, que por otra parte era para Benavente el menos común de los sentidos. Lo cierto es que los sondeos en Cataluña le dan tercera fuerza por la combustión interna del bipartidismo. Fuera de allí no tiene recuerdo de voto, pero hay motivos para pensar que bajo esta puesta en escena sobria y brillante bulle un caudal tercerista en crecimiento, canalizando el proyecto que Rosa Díez rechazó, que Pablo Iglesias rehúye y que Pedro Sánchez y Mariano Rajoy prefieren ignorar. Habla, encuesta, habla.

Tribuna
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