'Transparence Day': la industria farmacéutica da un puñetazo sobre la mesa

Sin matices. El sector ha hecho un ejercicio de transparecencia sin precedentes en términos de reputación, liderazgo y nuevas formas de gestión

Foto: Participantes en el XV Encuentro de la Industria Farmacéutica Española. (EFE)
Participantes en el XV Encuentro de la Industria Farmacéutica Española. (EFE)

El pasado día 30 de junio, todas las compañías farmacéuticas compartieron con la sociedad lo que durante décadas ha sido un tabú aprovechado por muchos para poner en cuestión una actividad empresarial sin la que nuestras vidas serían muy distintas. Es la primera entrega del informe detallado de todas las transacciones económicas a los profesionales sanitarios en todas sus variantes: investigación, formación, asesoría, etc. La caja de Pandora.

Lo importante, sin embargo, no es el montante total. Ni tan siquiera el contexto ni, por tanto, necesarias las interpretaciones exculpatorias o maquilladoras de un supuesto exceso. Sea cual sea el importe final, la corriente de opinión beligerante con el sector que se dedica a investigar y desarrollar medicamentos la considerará desorbitada y verá en ella una oportunidad para seguir argumentando políticas restrictivas. Los favorables, en cambio, entenderán que bien está si bien acaba y, en este caso, acabar bien es ser capaces de seguir surtiéndonos de medicamentos que mejoran nuestra vida y, además, de generar progreso económico a la sociedad. Y los objetivos analizarán los datos y sacarán sus propias conclusiones.

Solo los que trabajan en el sector saben lo complicado que ha sido poner esto en marcha, miles de horas dedicadas a renovar procedimientos, asegurar garantías legales, desarrollar cambios culturales en las organizaciones. Llevan meses imaginando los peores escenarios posibles, tan acostumbradas están las compañías farmacéuticas al vapuleo público gratuito de algunos. Y vendrán, seguro. Es el precio de la transparencia, pero solo afrontándolos con deportividad se puede construir un sector mejor y una reputación a la altura de lo que merece.

Solo los que trabajan en el sector saben el esfuerzo que ha supuesto hacer tal ejercicio de transparencia

Las empresas, además, han renunciado a la ventaja competitiva de la diferencia; han apostado por un movimiento sectorial, simultáneo y homogéneo, sin fisuras. Supongo que la siempre quisquillosa CNMC no verá motivos para cuestionar este acuerdo sectorial. 

Se trata, sin duda, de una apuesta por la reputación, pero no solo de puertas hacia fuera, sino que tiene un carácter estructural que afecta a todos los ámbitos de actuación de la empresa. Sin embargo, lo difícil empieza ahora, cuando la transparencia deja ver las glorias y miserias de un cuerpo antes solo imaginado. Las felicitaciones y reconocimientos, merecidos, no pueden hacer olvidar que quedará el compromiso de continuidad y, sobre todo, quedarán los datos. Y no solo los que desde esta semana proporcionan, sino los que vendrán a partir de 2018, cuando pasemos de la transparencia impresionista al realismo fotográfico de Antonio López, aunque con dos años de retraso respecto a lo anunciado. No cumplir las expectativas creadas es peor que no crearlas.

Ahora empieza realmente el reto de la transparencia: actuar con coherencia ante lo que viene. Es lo que tiene desnudarse. Esta dificultad ya se ha hecho notar el primer día; se ha visto timidez y recelo en algunas compañías, y determinación y coraje en otras. El mensaje sectorial -asumido y liderado, como es lógico, por Farmaindustria- ha dejado entrever también atisbos de comprensible complejo, reacio a conceder la cifra agregada por miedo, probablemente, a interpretaciones sesgadas pero que ha generado un decepcionante baile de números en los titulares de los medios de comunicación. Objetivo cumplido, entiendo, pero solo por unos días.

Los Reyes de España, durante una visita a una compañía farmaceútica. (EFE)
Los Reyes de España, durante una visita a una compañía farmaceútica. (EFE)

 

¿Es oro todo lo que reluce? Definitivamente, no. ¿Habrá daños? Con seguridad, sí.

El daño no lo harán los periodistas que ya están trabajando para investigar, cotejar, comparar e interpretar, que lo harán, sino las prácticas reprobables. El daño no lo hará el seguimiento de la evolución, ni el metaanálisis de los datos cruzados con otros como indicadores de salud, gasto farmacéutico público, horas y calidad de la formación de los profesionales sanitarios, turismo profesional, etc. El daño no lo harán las compañías que, diligentes, no solo han publicado los datos sino que lo han hecho de forma accesible y en formatos modernos. El daño no lo harán las redes sociales cuando comiencen a circular nombres, cantidades, críticas personales, hipérboles y demagogias.

El daño lo harán las empresas que no se crean ni interioricen este paso del Rubicón, las que no homologuen sus estructuras y políticas de comunicación ante la magnitud del envite, las que no dejen en un cajón algunas costumbres promocionales -ya casi enterradas en este sector y motivo de portada diaria, sin embargo, en otro ámbitos-. Las que desprecien su alcance y aquellos que se resistan a entender que todo ha cambiado serán los responsables de los daños que, sin embargo, sufrirán todas las compañías por igual. 

El daño no lo harán quienes investiguen los datos puestos en claro sino quienes se nieguen a aportarlos

Y puestos a hablar de daños, si alguna Administración se ve tentada de aprovechar estos datos para retorcer aún más las leoninas -y desconocidas para los pacientes, lamentablemente- condiciones de comercialización de medicamentos en España, le invitaría a que antes pensase en imitar la iniciativa del sector, publicando, por ejemplo, como ha apuntado el presidente de la CEOE, las empresas a las que adeuda, así como los en muchos casos intolerables tiempos de demora.

Con esta iniciativa, en suma, la industria farmacéutica se ha puesto a otro nivel, ha marcado el paso al resto y puede mirar por el retrovisor a los que habitan selectos clubes de transparencia y buenas prácticas sin hacer los deberes. Que pase el siguiente. Sombrerazo. La Ley de Transparencia es un juguete roto en manos de este 'tomahawk' de la reputación. Ningún otro sector se aproxima apenas a imaginar lo que supondría un cambio de estas dimensiones -equivalente, quizás, a implementar el lenguaje claro en los contratos, la transformación digital de verdad, la declaración de emisiones contaminantes, etc., por ejemplo-. Pero ya sabemos lo que pasa si solo se mira por el retrovisor.

Vayamos, pues, con cuidado. En el camino se quedan los tropezones para llegar hasta aquí, los miedos más o menos justificados, el escepticismo de los inmovilistas, el desinterés de los torpes y las luchas internas; y por delante existen grandes riesgos que deberán gestionarse sin caer en triunfalismos y manteniendo las orejas tiesas para estar a la altura de lo prometido. Si tenemos que presumir de transparencia, es que algo falla.

De nuevo, el sector sanitario abre camino. No solo las compañías farmacéuticas, también las empresas de tecnología sanitaria trabajan a través de su patronal, FENIN, para desarrollar un exhaustivo modelo de transparencia; y los hospitales -privados, eso sí- informan cada año con desnudez de sus indicadores de calidad y resultados en salud a través del Informe RESA, elaborado por el IDIS. Un sector desconocido casi siempre por tímido, temeroso y endogámico, pero estratégico y determinante para que solo tengamos que preocuparnos de asuntos de menos importancia…

Tribuna
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