Brexit e intereses españoles en Bruselas, ¿y ahora qué?
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Brexit e intereses españoles en Bruselas, ¿y ahora qué?

Algunas consecuencias que condicionarán tanto el trabajo de los representantes españoles en las instituciones de la UE como el de 'lobby' de las empresas

placeholder Foto: Foto de archivo de una bandera de Reino Unido entre las de la UE delante de la sede de la Comisión Europea. (Reuters)
Foto de archivo de una bandera de Reino Unido entre las de la UE delante de la sede de la Comisión Europea. (Reuters)

El inédito terremoto del Brexit seguirá produciendo réplicas en las próximas semanas y meses, suscitando más preguntas que respuestas.

Independientemente de cuándo activará el Reino Unido el botón de 'desenganche' del artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, conviene recordar algunas consecuencias -unas inmediatas, otras que vendrán pero que exigen respuestas desde ya- que condicionarán tanto el trabajo de los representantes españoles en las instituciones de la UE como el de 'lobby' de las empresas.

En teoría, nada cambia a corto plazo

Tras el referéndum, el Reino Unido sigue siendo Estado miembro de la UE y -salvo en algunas políticas como la cooperación policial y judicial- con idénticos derechos y obligaciones que los demás. Así será hasta que, una vez el Gobierno de Londres decida activar el artículo 50, acabe la negociación de salida que vendrá luego, y que durará dos años. Si no hubiese acuerdo en ese plazo, el derecho de la UE dejaría de aplicarse: los tratados y los casi 7.000 reglamentos, salvo que pasen a ser ley británica. Según la Administración de Londres, el 50% de las leyes económicas del país provienen de la UE.

Pero en la práctica, ya está cambiando

Como ha ocurrido con el comisario británico de Estabilidad Financiera, Jonathan Hill, y el eurodiputado Ian Duncan, ponente del importante informe parlamentario sobre comercio de emisiones de CO2 que afecta a miles de industrias, el Brexit ya se ha llevado por delante a actores clave, quienes, en coherencia con la sana costumbre británica de dimitir, han cesado voluntariamente en sus cargos. El resto de eurodiputados británicos, consejeros del Comité Económico y Social, Comité de las Regiones y, sobre todo, cientos de funcionarios británicos de la Comisión Europea y sus agencias se eclipsarán, perderán relevancia en la toma interna de decisiones o, simplemente, motivación en los asuntos europeos ante la perspectiva de una salida de su país.

Junto con los ceses y el inevitable ostracismo de los servidores públicos británicos en Bruselas, la posible anulación de la presidencia rotatoria británica de la UE para el segundo semestre de 2017, modificará la agenda de la UE y las estrategias de 'lobby' en asuntos cruciales como la unión bancaria, la sociedad de la información o la energía, por citar solo algunos.

Importaciones en la UE: ojo al dato

De consumarse, el Brexit no solo cambiará las reglas de la exportación de productos españoles al Reino Unido, sino que revolucionará el régimen de importaciones ya que desincentivará a inversores que trabajan desde hace años con un mercado único de bienes y servicios de más de 500 millones habitantes en la cabeza.

En primer lugar, ningún producto importado directamente desde un tercer país en el Reino Unido gozará de la libre práctica (como si no hubiese fronteras) si es reexportado al resto de 27 países, algo que sí ocurre hasta ahora. Tampoco disfrutarán de este principio aquellas importaciones que llegan masivamente al Reino Unido a través de puntos de entrada estratégicos tales como el puerto de Rotterdam (Países Bajos), Amberes (Bélgica) o Hamburgo (Alemania).

Los intereses corporativos agrícolas y ganaderos de la UE respirarán a la hora de negociar condiciones draconianas para las importaciones al esfumarse UK

En segundo lugar, el Reino Unido se descolgará de alrededor de 50 acuerdos comerciales firmados por la UE con otros países y regiones del mundo. Las empresas deberán volver los ojos en primer lugar al nuevo acuerdo que negocie y firme el Reino Unido con cada uno de los terceros países (aranceles, contingentes de importación, barreras sanitarias, periodos transitorios, medidas de salvaguardia, etc. Y en segundo término, al nuevo acuerdo que regirá el comercio entre el Reino Unido y el conjunto de la UE.

Por último, no debe olvidarse el clásico papel que el Reino Unido dejará de ejercer dentro de la UE a favor del comercio internacional: TTIP, UE-Mercosur, China, etc. Se pierde así a un aliado librecambista en la sala de máquinas de Bruselas en áreas de la política comercial común de la UE tales como la defensa comercial o las barreras técnicas al comercio o ante la OMC. En términos prácticos, los intereses corporativos agrícolas y ganaderos de la UE respirarán a la hora de negociar condiciones draconianas para las importaciones de productos agrícolas al esfumarse ese gran valedor del comercio internacional que es Reino Unido.

Sector a sector

Los sectores españoles deben, desde ya, analizar el futuro impacto del Brexit y diseñar estrategias de 'lobby' preventivo y una hoja de ruta perfectamente planificada.

El peso del Reino Unido dejará de existir en áreas tales como la unión bancaria, la energía, los transportes o la sociedad de la información y buques insignia británicos desaparecerán del mapa: en el sector alimentario, las iniciativas de extender el etiquetado de origen de los alimentos o establecer un semáforo en las etiquetas de los alimentos para alertar al consumidor sobre la presencia excesiva de azúcar, grasa o sal.

La insoportable levedad del derecho de la UE

Asistiremos probablemente a una relajación en la aplicación del derecho de la UE en el Reino Unido y a una disminución del número de expedientes de infracción. El papel de la Comisión como guardiana de los tratados se someterá a los dictados de la larga negociación del tratado de salida y los 'lobbies' -acostumbrados a excitar el celo de la Comisión para acosar a los estados infractores de las reglas del mercado único para defender sus intereses- deberán adaptarse a esta situación sin precedentes.

Europa social

Desaparecido el Reino Unido, el 'enfant terrible' de la Europa social, quedará por ver si proyectos tan importantes como la regulación de los trabajadores desplazados (Directiva 96/71, con propuesta de modificación en fase de tramitación y aprobación legislativa) reciben un nuevo impulso.

* Emiliano Alonso es abogado y 'lobbista'. Autor de 'El lobby en la UE: manual sobre el buen uso de Bruselas' (Esic, 2ª edición, 2016).

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