¿Hay una solución para la prolongación de la Castellana?

Recuperar el Plan aprobado en 2011 permitiría desbloquear la operación y crear nueva centralidad madrileña para atraer a inversores internacionales

Foto: El Paseo de la Castellana, con la plaza de Colón al fondo. (EFE)
El Paseo de la Castellana, con la plaza de Colón al fondo. (EFE)

En un momento en el que el planeamiento urbanístico de la Prolongación de la Castellana está en boca de todos y la incertidumbre sobre su futuro es lo único certero, me gustaría explorar, como posible solución, la reconsideración del Plan de 2011 en el cual me he visto involucrado profesionalmente. Ello es debido a que pese a mi situación actual de arquitecto urbanista prejubilado, siento que mi compromiso con la sociedad y con la ciudad de Madrid, en la cual nací, he vivido y a la que amo, aún no ha finalizado.

El Plan de 2011 fue aprobado definitivamente por el Ayuntamiento de Madrid en ese año y posteriormente anulado, en parte, en sentencias de 2013 y 2015, por defectos en aquel y en la gestión de ejecución, subsanables mediante corrección y nueva tramitación sin desvirtuar su concepción global. La entidad promotora no siguió este camino y elaboró una nueva ordenación, urbanísticamente bastante distante de la anterior, denegada por el actual Ayuntamiento el pasado 25 de mayo. A cambio, este ha propuesto una ordenación -rechazada rotundamente por aquella- con objetivos menos ambiciosos, disminución de infraestructuras a construir, menor edificabilidad y número de viviendas, que baja de 17.000 a 4.000. La Prolongación de la Castellana parece, pues, haber entrado en vía muerta. El Ayuntamiento argumenta tal denegación en que el modelo de desarrollo, basado en una edificabilidad que financie el coste de las infraestructuras, está hoy obsoleto.

Aunque mi opinión sobre este proyecto pudiera no ser considerada objetiva por el hecho de haber sido, entre 1992 y 2012, sucesivamente, gerente de la Oficina del Plan General, de la Gerencia Municipal de Urbanismo y del Consorcio para la Prolongación de la Castellana, he decidido hacerlo por responsabilidad profesional y personal. Exponerla persigue, también, contribuir al debate hoy existente en la opinión pública madrileña.

La Prolongación de la Castellana debe plantearse, para hacer ciudad, con los siguientes criterios: la definición de objetivos a conseguir y, en coherencia con estos, el trazado urbano (las calles y las manzanas), garantizando la continuidad y seguridad del espacio público y la edificabilidad que permita una intensa “vida social y urbana”. Para este proyecto, el Plan General establece, sin ser exhaustivos, los siguientes objetivos fundamentales: crear una nueva centralidad en el norte de Madrid, en el entorno de la Prolongación de la Castellana como gran eje vertebrador, entendida como un área, generalmente densa, estructurada mediante una mezcla equilibrada de actividades y funciones, responsable de una intensa vida social y urbana, muy atractiva para la implantación de usos de capitalidad (instituciones, organismos, grandes empresas, hoteles, museos, teatros, auditorios… alguno de ellos, con la posibilidad de ejercer un papel similar al que tuvieron en su día los Nuevos Ministerios) más el necesario componente residencial; integrar la nueva estación de Chamartín como intercambiador fundamental de transporte y facilitar el incremento de la conectividad transversal este-oeste.

Cualquier propuesta sobre este espacio deberá demostrar que respeta estos objetivos, porque, en caso de alterarlos, habría que tramitar una modificación sustancial del Plan General. Por ello, el actual debate ciudadano ha de centrarse en si hay que mantener o no dichos objetivos, y las administraciones responsables han de actuar en consecuencia.

Imagen del proyecto original de la Operación Chamartín
Imagen del proyecto original de la Operación Chamartín

Las circunstancias actuales apuntan a que deben mantenerse dichos objetivos, hoy con mayor motivo al verse reforzada su conveniencia. Así, en los últimos años, Renfe ha decidido que el sistema ferroviario de Madrid funcione como una sola estación y dos terminales: Atocha y Chamartín. Ello será posible con el nuevo túnel de conexión de los trenes AVE, próximo a inaugurarse, que prestará servicio pasante entre las mismas para toda España. Además, la conexión ferroviaria entre Chamartín y el aeropuerto Adolfo Suarez-Barajas es ya una realidad. Y mucho más recientemente, el Brexit londinense abre la puerta a que importantes instituciones, organismos y empresas trasladen sus sedes al continente y Madrid podría ser una nueva City por su situación y relación con el Magreb y los países iberoamericanos. No me parece que exista otra ubicación posible distinta a la nueva centralidad de la Prolongación de la Castellana.

Estos objetivos fueron conseguidos en la ordenación aprobada en 2011 y no se han mantenido en la recientemente denegada (Distrito Castellana Norte, DCN), denegación que remite a su entidad promotora al camino judicial o a solicitar al Ayuntamiento que revise su acuerdo. Por último, parece muy discutible que la propuesta municipal (Madrid, Puerta Norte) pueda concebirla como una centralidad: no persigue una mezcla equilibrada de los usos (mantiene una antigua zona industrial incompatible con esta), ofrece una estructura desequilibrada entre las áreas al norte y al sur de la M-30 y carece de la suficiente “masa crítica”. Supone un enorme riesgo de que los tribunales, en su día, pudieran paralizar la actuación.

La propuesta denegada (DCN) y la municipal, salvo algún aspecto concreto, no resisten cualquier comparación con el diseño urbano de la ordenación aprobada en 2011, que es más respetuosa con los objetivos del Plan General y presenta una estructura con mayor coherencia interna y equilibrio entre sus partes y por tanto con más alta calidad urbana; a destacar también los estudios y propuestas de movilidad y transporte y los de eficiencia energética, pioneros en España. Todo ello tras 14 años de trabajo, incomparables con los dedicados a Castellana Norte (apenas año y medio) o a la propuesta municipal (menos de un año). En cuanto a la edificabilidad, el consenso generalizado entre la mayoría de los urbanistas plantea que una verdadera centralidad requiere una ciudad compacta con cifras del orden de 1,00 metro cuadrado de construcción por metro cuadrado de la totalidad del suelo. El coeficiente fijado por el Plan General, 1,05 m2c/m2s, parece, por tanto, razonable.

La propuesta municipal no persigue una mezcla equilibrada de los usos y ofrece un desequilibrio entre las áreas al norte y al sur de la M-30

En el supuesto, muy probable, de que las conclusiones del actual debate sintonizaran con los objetivos del Plan General, considero que la única manera de desatascar el proyecto es partir de la ordenación que se aprobó en el año 2011 y reelaborarla, incluyendo aquellos aspectos que pudieran potenciarlo, a partir de los siguientes criterios:

  • Corregir los defectos señalados en las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de 2013 y 2015, teniendo en cuenta los cambios legislativos producidos con posterioridad que deben ser hoy respetados como la eliminación de la altura máxima de tres plantas.

  • Revisar el conjunto de la propuesta contemplando las actuales circunstancias de todo orden, y su posible evolución, en comparación con las que existían en el momento de la redacción de aquel, especialmente las de carácter económico.

  • Volver a tramitar la ordenación, entendiendo que, como contó con aprobación definitiva y que los cambios y ajustes a introducir no modificarían su planteamiento conceptual, es previsible un periodo de tiempo reducido para dicho proceso.

  • Acompañar esta nueva tramitación de la ordenación de 2011 con la del Convenio de Gestión, acorde con aquella y en cumplimiento del contenido de las sentencias.

Con estas reflexiones pretendo ayudar al debate actual, colaborar al entendimiento entre las partes implicadas, fundamentalmente entre las Administraciones, para conseguir un acuerdo mediante la negociación y que, de esta forma, se aproveche una oportunidad excepcional de atraer inversiones extranjeras hacia Madrid.

* Luis Rodríguez-Avial es arquitecto y exgerente del Consorcio para la Prolongación de la Castellana (1997-2012).

 

Tribuna
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