Techo de gasto y gran coalición

El plan del PSOE en la gran coalición es aprobar el programa del PP a cambio de ciertas concesiones que le permitan aparentar que son una oposición útil, cuando realmente son rehenes

Foto: Saludo entre Mariano Rajoy y Antonio Hernando, portavoz del PSOE. (EFE)
Saludo entre Mariano Rajoy y Antonio Hernando, portavoz del PSOE. (EFE)

El jueves de la semana pasada, sin el presidente Rajoy en el Congreso, se produjo de forma material la inauguración de ese gran pacto entre PP y PSOE que él había reclamado en los sucesivos debates de investidura mantenidos tanto durante la XI como la XII legislatura: la gran coalición entre ambos partidos.

Había llegado el momento de las grandes decisiones, las que marcarán la agenda política y económica del país para, al menos, el próximo año y, como era de esperar, el PP prefirió el apoyo de su rehén, el PSOE, en lugar del de su socio, Ciudadanos.

El momento no estuvo ausente de su dosis de surrealismo, trufado por una cuota de cinismo y fue una buena prueba de que desde la tribuna del Congreso se puede tomar a los ciudadanos por tontos y hasta obviar la aritmética más básica. Todo ello en un intento desesperado por camuflar la inauguración de ese gran pacto y tratar de hacerlo pasar por una suerte de espejismo de oposición útil pero no sumisa.

Así, nos encontramos con el portavoz económico del PSOE defendiendo y votando a favor de los objetivos de estabilidad presupuestaria, de la distribución del déficit entre las distintas Administraciones del Estado y de las medidas de reforma tributaria para incrementar los ingresos presupuestarios y, al mismo tiempo, criticando abiertamente el objetivo de techo de gasto para las Comunidades Autónomas. Diofanto de Alejandría, el padre de la Aritmética, debió de revolverse en ese momento en su tumba. Alguien debería explicarle al PSOE que no se puede estar a favor de los sumandos y en contra del resultado de la suma. Si el techo de gasto es la resultante de sumar al objetivo de déficit los ingresos tributarios del Estado y de deducirle las aportaciones que éste realiza a las Comunidades Autónomas eso significa, básicamente, que si se ha votado a favor de todo ello la resultante implícita es que también se ha votado a favor del techo de gasto. O, dicho aún más claro, si 1 + 2 = 3, no puedo estar a favor de 1, de 2, de +, de = y no de 3. Pretender mostrar lo contrario es tratar de hacer política para ignorantes y no me gustaría pensar que el PSOE toma al pueblo español por tal.

Al mismo tiempo, al aprobar implícitamente el techo de gasto y explícitamente el objetivo de estabilidad presupuestaria, el PSOE se convertía en cómplice de la consolidación de los cinco mil millones de recortes realizados a lo largo de 2016 por el gobierno en funciones del PP pero, también, de todos los recortes realizados desde el año 2009. Da igual que ahora digan desde el PP que este es el año en que mayor cantidad de recursos van a transferirse a las CCAA (cosa evidente, por otra parte, habida cuenta de que el actual sistema de financiación autonómica comenzó a operar en 2009, justo el año en que comenzó la crisis) o que el gasto social se sitúa por primera vez por encima de los 300 mil millones de euros (cifra que se explica exclusivamente por el incremento automático del gasto en pensiones entre 2011 y 2016). Da igual, decía, porque en el resto de partidas de gasto social los niveles, tanto en términos absolutos como relativos, se encuentran por debajo de los de 2009. Dicho de forma más contundente: todos esos recortes se han consolidado ya en nuestras vidas y no se podrá hablar de que se ha superado la crisis hasta que, al menos, no se hayan recuperado los niveles de gasto social real por habitante a los niveles previos al estallido de la misma. Queda, pues, mucho por hacer.

En este sentido, parece difícil que alguien se posicione, al menos abiertamente, en contra de más y mejores servicios sociales en lugar de menos; de más gasto en educación en lugar de menos; de más y mejor sistema sanitario en lugar de menos. Es por ello que la cuestión de fondo no se remite tanto al objeto – el gasto social – como al sujeto. Es decir, ¿quién puede ser el actor capaz de llevar a cabo esa tarea?

Y ahí la respuesta es clara: evidentemente no será la gran coalición. A los hechos nos remitimos: al tiempo que el PSOE apoyaba al PP para aprobar el techo de gasto y consolidaba los recortes trataba de maquillarlo pactando un incremento del 8% del SMI que, sorprendentemente, era inferior al que se pretendía aprobar en una Proposición de Ley al respecto que se había presentado la semana anterior por Unidos Podemos y que el propio PSOE había apoyado.

Este último movimiento revela perfectamente la lógica en la que se desempeñará el PSOE en esta gran coalición recién inaugurada: aprobar el programa del PP en lo sustantivo a cambio de ciertas concesiones en materia social que le permitan aparentar que son una oposición útil cuando realmente son rehenes de las políticas continuistas del PP. Lo grave es que hay mayorías alternativas para que ese no fuera el caso (la Proposición de ley sobre el SMI así lo demostró) y, sin embargo, reniegan de las mismas. En el pecado llevarán la penitencia.

* Alberto Montero Soler, portavoz de Economía de Unidos Podemos en el Congreso de los Diputados.

Tribuna
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