Gloria Begué: economista, jurista y magistrada del Constitucional

Nos queda el “consuelo de su memoria”. La que nos invita a seguir trabajando por la consolidación de una España constitucional en la que la igualdad entre mujeres y hombres sea incontestable

Foto: Foto: Tribunal Constitucional.
Foto: Tribunal Constitucional.

Para poner a doña Gloria Begué, recientemente fallecida, en su contexto, hay que recordar que, hasta los años setenta del siglo XX, las mujeres españolas tenían cerrado el acceso a casi todos los grandes cuerpos de la Administración. Además, la mujer casada necesitaba el permiso de su marido para muchos actos relativos a sus bienes.

Gloria Begué escapó a aquellos yugos siendo soltera, y profesora de universidad. Durante muchos años catedrática de Economía y Hacienda de la Universidad de Salamanca. No soy yo quien puede hablar de ella como economista. Solo decir que entre sus alumnos, muchos de ellos buenos amigos, eran míticas su dureza y su rectitud.

Como universitaria, también fue notoria su integridad en defensa de los fueros académicos. Cuenta la leyenda que una vez, siendo decana, se subió, bolso en ristre, a la 'lechera' (coche policial) para acompañar a unos estudiantes a comisaría, en donde el comisario, el jefe superior de Policía y el gobernador civil se encontraron con el problema de qué hacer con aquella señora que se negaba a retirarse a no ser que fueran liberados quienes habían sido detenidos sin su permiso.

Fue más que una mujer florero, como demuestran sus más y sus menos con personalidades tan fuertes como la de Rubio Llorente o Díez-Picazo

Cuando fue elegida magistrada constitucional, se levantó más de una ceja. ¡Al fin y al cabo era economista! Pronto demostró que podía recuperar su formación jurídica de origen, y aplicarla con la misma integridad, y firmeza, con la que se había conducido hasta entonces. Fue mucho más que una mujer florero, como demuestra el hecho de que, en el pleno del Tribunal, tuviera sus más y sus menos con personalidades tan fuertes como la de mi maestro Rubio Llorente, o la de Díez-Picazo. Y el de que llegara a vicepresidenta del órgano. No tuvo que ser fácil.

Se van los mejores, dice la canción. Un vez más, nos quedamos solos ante el peligro. No es posible evitar cierta pena, pero, desde luego, nos queda el “consuelo de su memoria”. La que nos invita a seguir trabajando por la consolidación de una España constitucional en la que la verdadera igualdad entre mujeres y hombres sea algo incontestable, y la discriminación por razón de sexo algo definitivamente proscrito.

* Ignacio Torres Muro es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense de Madrid, y miembro del Cuerpo de Letrados del Tribunal Constitucional.

Tribuna
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