La 'oscura' sombra de 'Las sombras de Grey'
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La 'oscura' sombra de 'Las sombras de Grey'

Este viernes se estrena '50 sombras más oscuras'. Un puñado de títulos recientes 'coquetean' con la cultura de la violación siguiendo la huella de la famosa saga. ¿Coincidencia o perniciosa tendencia?

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Este viernes se estrena '50 sombras más oscuras', el segundo episodio de la adaptación del vendidísimo 'best-seller' '50 sombras de Grey'. Como en el caso de la primera película, este título no quedará en los anales de la historia del cine. No lo espera. Como en el caso de la primera, tampoco esta vez la distribuidora ha hecho pases de prensa de un producto que sabe que se venderá exclusivamente por el morbo, no por ninguno de sus valores cinematográficos. Tampoco la saga literaria se leyó por su nivel de escritura.

Cuando se habla de esta película, no se habla de su planificación, ni de su montaje, ni de sus líneas de diálogo ni de los puntos de giro… ni siquiera de los personajes. Quizás, un poco de los actores… pero simplemente para seguir hablando de sexo.

Y, sin embargo, aunque 'Las sombras de Grey' no vayan a aportar nada a la historia del cine, sí se puede percibir una —para mí desde luego 'oscura'— sombra de estas sombras en la cinematografía actual, y es la trivialización de la cultura de la violación. Y antes de que protesten ustedes, me explico.

No hay violación en '50 sombras de Grey'. Pero sí hay una peligrosa mezcla de dominio, de tu no es negociable, de me controla porque me quiere, de si lo quiero tengo que pasar por esto, que no hace sino devolvernos a la caverna. Un pernicioso viaje al pasado que nos devuelve a los peores tiempos de una desigualdad entre hombres y mujeres que creíamos felizmente superados. Y hablo de peligro porque este viaje que empieza con violencia —en forma de mordazas, cadenas, cuerdas y látigos— acaba, literalmente, en boda. Uno se da cuenta del 'peligro' de las sombras de Grey (saga tan conservadora de fondo como las novelas de Corín Tellado) cuando empieza a leer en redes sociales a adolescentes suspirando por un Grey.

Foto: "En nuestra segunda cita contrató a un chef y en la tercera me llevó de safari a África". (iStock)

O cuando ve en otras películas recientes sospechosas tramas que recuerdan estos patrones de dominadores y sumisas. Este año, la protagonista de 'I’m not madame Bovary' —película china ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián— reconocía “sentirse más feliz que nunca” después de ser violada por un chico con el que ha empezado a salir. En la sobreestimada 'Elle', una mujer madura, después de ser brutalmente asaltada, decide no sentirse víctima y emprende una obsesiva búsqueda del violador…para provocar una nueva agresión. También una mujer violentada volverá a los brazos de su agresor, un policía, en 'Que Dios nos perdone' (película que, por cierto, protagoniza… un violador de ancianas). Por no hablar del próximo estreno de 'Lady Macbeth', donde otra joven violada se enamorará perdidamente del hombre que la fuerza, o –en tono de comedia- el agradecimiento de una mujer cuando descubre que ha sido sedada y violada por su marido en la española 'Kiki, el amor se hace'.

A la conquista femenina a través de la violencia sexual, podría resumirse la sinopsis de estas películas que se estrenan y se reseñan (subrayando sus valores cinematográficos y obviando otras cuestiones) y se pagan en taquilla sin que nadie levante una ceja o saque una pancarta. Se estrenan rodeadas de un estruendoso silencio por parte de quienes no deberían pasar una en este tema, todas y cada una de las mujeres y todos y cada uno de los que defienden la causa feminista… Y, sin embargo, silencio y normalización.

Es ficción, excusarán muchos.

Pero el cine, además de ficción, es un vehículo de trasmisión de cultura. Y de valores. Y de progreso. O, al menos, debería serlo.

En España hay una agresión sexual cada ocho horas. Más de un millar de mujeres han sido violadas el pasado año. Y ninguna de estas violaciones termina en boda. Esto no es ficción. Son datos.

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