Caso Gürtel: Rajoy y el cerco judicial

Rajoy y el cerco judicial

Puede ser muy divertido mediáticamente hablando; pero, desde el punto de vista jurídico, judicial, es una frivolidad como una casa; y más aún, es muy triste tener que asistir a esto

Foto:  El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (EFE)

Hace tiempo que, en el seno del PP, daban por amortizado en su beneficio el caso Gürtel; pero lo que no se mata y remata bien, suele, a veces, revivir y puede, como en este caso, hacerlo con virulencia. Por estricta decisión del magistrado José Ricardo de Prada (amigo confeso del exjuez Baltasar Garzón), 'seguida', como viene siendo habitual, por el magistrado Julio de Diego y 'a despecho' del magistrado presidente-ponente Ángel Hurtado, el tribunal ha resuelto que Rajoy 'haga el paseíllo' y que comparezca el 26 de julio próximo en carne mortal —no en plasma televisivo— para testificar.

La cuestión a plantearse es muy simple: ¿aportará algo a este proceso, en términos estrictamente jurídicos, la testifical de Rajoy? Les aseguro que ¡no!, para nada, pero sí es cierto que tiene un morbo mediático y político de primera magnitud. ¿Lo saben los de la acusación popular peticionaria de la comparecencia, o sea, Adade? ¡Sí que lo saben! ¿Lo saben los magistrados autorizantes? Por supuesto que también lo saben. Por tanto, ¿es que los peticionarios y los autorizantes solo quieren hacerle un favor a los medios de comunicación? ¡Evidentemente, no! Aquí, de lo que se trata, es de recordarle al señor presidente y al PP que tienen Gürtel para rato.

Un juicio, teóricamente, tiene que servir para encontrar la verdad jurídica y material sobre los hechos que se enjuician. Este, en concreto, para el que ha sido citado el Sr. Rajoy, se circunscribe a unos hechos producidos entre 1999 y 2005 (nada que ver, por cierto, con los sobresueldos de los papeles de Bárcenas que, entre otros, se atribuían a Mariano Rajoy). Pero ha sucedido, a lo largo de este juicio, que el tribunal ha permitido —sobre todo a las fiscales— preguntar sobre muchas cuestiones que no son de esta pieza. Los magistrados De Prada y De Diego lo saben perfectamente.

Por tanto, cuando los proponentes de la comparecencia u otras partes procesales pregunten cosas fuera del marco temporal y material de esta pieza separada, ¿qué hará el tribunal? ¿Lo inadmitirá por impertinente, inútil e innecesario? ¿O lo permitirá para no incurrir en discriminación? Si hace lo primero, los gritos de las partes procesales discriminadas se oirán hasta en la China (y lo peor, luego, en la casación ante el Supremo); pero si hacen lo contrario, muchas partes procesales 'van a freír' al señor presidente. Divertido, ¿no?

Puede ser muy divertido mediáticamente hablando; pero, desde el punto de vista jurídico, judicial, es una frivolidad como una casa; y más aún, es muy triste tener que asistir a esto. Si partimos, por ello, de que, judicialmente hablando, no aportará nada el testimonio del Sr. Rajoy, la siguiente cuestión es: ¿'qui prodest'?, ¿a quién aprovecha todo esto? A los enemigos políticos de Rajoy y del PP, ¡por supuesto! A la marcha general de España, desde luego no, pero que nadie se ponga estupendo tampoco rasgándose las vestiduras, porque nuestro país no se va a hundir por esto.

¿A quién aprovecha todo esto? A los enemigos políticos de Rajoy y del PP, ¡por supuesto! A la marcha general de España, desde luego no

Al proceso Gürtel, en sí mismo considerado, no le añadirá nada; pero a los acusados sí que les perjudica, porque es lo cierto que, cuanto más ruido mediático haya, ¡tanto peor para ellos!, porque estamos ante un tribunal que tiene todas las apariencias de tener su decisión final tomada; y esa decisión no es, precisamente, absolutoria, sino de condena (no hay más que fijarse en el 'lapsus mentis et linguae' que tuvo el presidente del tribunal hace unas semanas cuando dijo eso, que tan poquito ha salido en los medios, de que: “Aquí, los que condenamos somos nosotros”).

Pero, volviendo al 'circo judicial' —Sr. Rajoy mediante—, dice el citado que está a lo que manda el tribunal en cuanto a la 'puesta en escena', y ello a pesar de que el art. 412.3 LECrim le permitiría exigir que el tribunal se constituyera para su declaración en La Moncloa. Pero ello sería aún más circense.

Cuando acuda a San Fernando de Henares, no habrá problemas físicos de seguridad para él; pero sus enemigos políticos van a montar un dispositivo formidable de autobuses y concentraciones para gritarle todo lo que está en los escritos y lo que no. Y el tribunal, ante esto, tampoco hará nada, entre otras cosas, porque el tribunal tiene la 'policía de sala', pero no tiene competencias sobre la externa al tribunal.

En septiembre de 2016, recusamos al magistrado De Prada por manifiesta amistad con el exjuez Baltasar Garzón y porque aquí vamos a tener que ver todo lo relacionado con la ilegalidad que cometió el exjuez al grabar delictivamente conversaciones de varios presos con sus abogados. También le recusamos por clara y abierta relación con alguna de las acusaciones. No se nos hizo caso entonces, porque, a diferencia de lo 'estupendos' que se pusieron la Sala de lo Penal y el Ministerio Fiscal en las recusaciones contra Enrique López y Concepción Espejel, aquí —en nuestro caso— se hizo todo lo contrario.

Día llegará en que, sin necesidad de que nosotros insistamos mucho, se podrá apreciar en mayor medida cuáles son los condicionantes políticos de verdad que rodean este juicio. El tiempo dará y quitará razones. Pero no se preocupen: nos consolarán con eso tan manido de que “la justicia es igual para todos”. ¿De verdad?

En fin, mucho más circo, 'más leña al mono'. ¿Divertido? Pienso sinceramente que no, sino todo lo contrario: triste, frívolo, impropio de un país magnífico —como es nuestra España—, pero al que se está poniendo, por otras muchas cosas, al borde del colapso institucional.

*Miguel Durán Campos, abogado.

Tribuna

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