Las tres opciones de Puigdemont

De cara a su comparecencia de este martes, Pugidemont tiene, resumidamente, tres opciones: DUI dura, DUI blanda o DUI simbólica, seguramente acompañada de la convocatoria de elecciones

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (Reuters)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (Reuters)

En teoría de las negociaciones se denomina BATNA a la mejor alternativa a un acuerdo ('best alternative to a negotiated agreement'). Todo indica que la vía del acuerdo en Cataluña, al menos en el corto plazo, está sellada. ¿Cuáles son las alternativas de Puigdemont? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene cada una de ellas? ¿Y cuál es la más probable?

De cara a su comparecencia del martes, la sesión parlamentaria de mayor trascendencia de nuestra historia política reciente, Puigdemont tiene, resumidamente, tres opciones: DUI dura, DUI blanda o DUI simbólica, seguramente acompañada de la convocatoria de elecciones. Todas ellas tienen pros y contras para el 'president', aunque no en las mismas proporciones, lo que hace que unas sean más probables que otras. Es cierto que Puigdemont tiene también, al menos teóricamente, una cuarta opción: la rendición incondicional. El abandono de la vía unilateral y la vuelta a los cauces de discusión marcados por la Constitución y el Estatuto de Autonomía catalán. Pero seríamos ilusos si pensásemos que, a día de hoy, esa es verdaderamente una opción para el independentismo.

Puigdemont tiene una cuarta opción: la rendición. El abandono de la vía unilateral y la vuelta a los cauces de discusión marcados por la Constitución

No es que el 'procés' haya demostrado hasta ahora un respeto escrupuloso por las formas, más bien lo contrario, pero conviene señalar que las tres opciones son compatibles con la literalidad de la ley del referéndum aprobada a principios de septiembre. Su artículo 4.4 dice: “Si en el recuento de los votos válidamente emitidos hay más afirmativos que negativos, el resultado implica la independencia de Cataluña. A tal efecto, el Parlamento de Cataluña dentro de los dos días siguientes a la proclamación de los resultados por parte de la Sindicatura Electoral celebrará una sesión ordinaria para efectuar la declaración formal de la independencia de Cataluña, sus efectos y acordar el inicio del proceso constituyente“.

Es decir, la fórmula recogida en la ley es extremadamente ambigua. Corresponde al Parlament no solo efectuar la DUI sino también determinar “sus efectos”. Es decir, el Parlament puede decidir que la independencia significa prácticamente casi cualquier cosa: desde una declaración de guerra a las 'fuerzas invasoras' hasta prácticamente nada. Desde un pulpo hasta un animal de compañía.

La DUI dura consistiría no solo en una declaración solemne de independencia, sino en su aplicación material: la Generalitat se dirigiría a los ciudadanos para conminarles a dejar de pagar sus tributos a la Hacienda estatal y hacerlo a la autonómica, empezaría a pagar los salarios de los funcionarios y las pensiones de los jubilados. Se 'invitaría' a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado estacionados en Cataluña a salir, y el estatuto de jueces y fiscales en Cataluña quedaría en una nebulosa. El Gobierno central respondería inmediatamente con el art. 155 de la Constitución, tal vez acompañado de disposiciones complementarias (Ley de Seguridad Nacional o declaración del estado de excepción). La autonomía catalana sería suspendida, y sus dirigentes, apartados de sus funciones. En caso de resistirse, serían detenidos. El caos absoluto se apoderaría de Cataluña. Es, sin duda, el escenario preferido por la CUP, lo más parecido a la revolución total. También creo que, a día de hoy, es el menos probable.

La segunda opción es la DUI blanda: el Parlament declara la independencia, pero ante el reconocimiento implícito de que Cataluña no cuenta con todos los elementos materiales para ser independiente, abre un periodo de negociación con el Estado (tal vez con un plazo determinado, digamos 18 meses). Es la vía que apuntaba Artur Mas hace unos días en una entrevista en el 'Financial Times', también esbozada por el consejero de Empresa, Santi Vila, en un artículo en el diario 'Ara'. Es, para entendernos, la vía preferida por el PDeCAT.

Tiene la ventaja de que abre una pausa, permite al independentismo un respiro para agrupar sus fuerzas, e incluso puede vestirse como una última invitación al diálogo a Madrid. Al PDeCAT, además, le permite seguir al mando de las operaciones, posición que solo mantendrá en tanto no haya unas elecciones que obliguen a barajar y recalibrar las fuerzas internas del independentismo (la realidad 'material' es que el PDeCAT es a día de hoy la fuerza minoritaria y ERC, la mayoritaria).

El principal inconveniente de esta opción para Puigdemont es la resistencia que podría encontrar entre sus compañeros de viaje. Para la CUP, equivale a postergar, una vez más, la llegada a la tierra prometida. Para ERC, las reservas serían más bien de orden táctico: seguramente no les incomode el retraso de la independencia durante unos meses (ellos mismo saben que es materialmente imposible alcanzarla de forma inmediata). Lo que les suscita más dudas es retrasar su ascenso a la sala de mandos del 'procés'.

¿Para qué arriesgarse a que Puigdemont, que no era sino un títere útil —el Kerenski del Gobierno provisional que ha conducido el 'procés' durante los dos últimos años—, lidere una negociación con el Gobierno central? ¿Y si, después de todo, esta negociación le sale bien al independentismo y, por ejemplo —aunque sea improbable—, acuerda un referéndum pactado con Madrid?

Además, por mucho que se vista de seda, una DUI blanda acompañada de una oferta de negociación de 'Estado a Estado' difícilmente dejaría otra opción a Rajoy que aplicar el art. 155 y proceder, también, a la suspensión de la autonomía. De lo contrario, la presión de su partido, de Ciudadanos, o incluso de otras instituciones del Estado, como la propia Corona, haría insostenible su posición.

La tercera opción es una versión más sofisticada de la segunda: formalmente, el Parlament declara la independencia pero, de forma simultánea, anuncia o convoca elecciones en Cataluña. Y aquí empieza el juego de los espejos: porque estas elecciones pueden vestirse de 'elecciones constituyentes' para los independentistas, pero serían unas elecciones autonómicas para las fuerzas constitucionalistas. Como en 'Luz que agoniza', la película de Cukor, el mismo objeto tendrá un significado para unos y el contrario para los otros.

Se trata seguramente de la opción preferida por ERC: no solo culmina formalmente la independencia catalana, como se había prometido, sino que lo coloca en la parrilla de salida para la carrera electoral. Unas elecciones que, con bastante probabilidad, abrirán el abanico de posibilidades a la propia ERC: en caso de reeditar la mayoría absoluta independentista, seguir avanzando hacia el vacío. En caso de no conseguir esta mayoría, o de que otros acontecimientos aconsejen cambiar de carril (por ejemplo, un cambio de Gobierno en Madrid), intentar otras fórmulas, tal vez con Podem y la CUP (para empezar un proceso constituyente, ahora de marcado carácter social) o tal vez con Podem y el PSC (una versión restaurada del caduco tripartito).

Lo más curioso es que seguramente esta opción, la tercera, sea también la preferida por Mariano Rajoy. Ya sea porque no tiene fuerzas, como dijo Aznar, o porque no tiene apoyo político, como a veces sugieren las dudas del PSOE, el entusiasmo de Rajoy con el art. 155 es prácticamente ninguno. Esta tercera opción le permitiría hacer como que nada ha pasado, seguir en el burladero, y dejar que sean unas nuevas elecciones catalanas (que él llamará autonómicas) las que decidan el curso de los acontecimientos.

¿Qué opción va a anunciar Puigdemont? La respuesta final depende de quién está verdaderamente al mando del 'procés'

¿Qué opción va a anunciar Puigdemont? La respuesta final depende de quién está verdaderamente al mando del 'procés': si es la CUP, será una DUI dura. Si es el PDeCAT, una DUI blanda. Y si es ERC, la DUI simbólica y convocatoria de elecciones.

Quién manda ahora es una incógnita. Pero alguna pista de quién mandaba hasta hace unos meses la podemos encontrar en la ley de transitoriedad: el artículo 85 y siguientes describen el proceso una vez celebrado el referéndum de independencia. La primera fase es un proceso participativo (que puede significar cualquier cosa); la segunda, seis meses después del referéndum, son unas elecciones constituyentes, con “el mismo número de miembros que el Parlamento disuelto” y que se “eligen siguiendo el régimen electoral ordinario” (dos detalles fundamentales para poder seguir jugando al juego de los espejos). Y, finalmente, la aprobación de una constitución catalana y su ratificación en referéndum. Es decir, que hay algunos que se habían traído el guion escrito desde casa.

*Isidoro Tapia es economista y MBA por Wharton.

Tribuna

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