Es Catalunya y es España

España no puede afrontar con la necesaria justicia, solidez y altura de miras el conflicto abierto en Cataluña. Necesita reformas en profundidad y, sobre todo, la participación de la ciudadanía

Foto: Concentración en favor del diálogo en la plaza de Cibeles de Madrid. (EFE)
Concentración en favor del diálogo en la plaza de Cibeles de Madrid. (EFE)

Bloqueo, choque de trenes, enfrentamiento, polarización y también diálogo son las palabras que más hemos escuchado en las últimas semanas. La última de ellas, diálogo, la reivindicaron miles de ciudadanos y ciudadanas en toda España (y especialmente en Cataluña) el pasado 7 de octubre frente a los ayuntamientos de todo el país y algunas embajadas de ciudades europeas. Fue un acto sincero, apartidista y, sobre todo, muy necesario.

Hoy, ya bien entrados en noviembre, y después de que la tensión y el riesgo de ruptura llegaran a su punto álgido, nos damos cuenta de que estamos ante un problema de fondo. En la situación en que se encuentra, España no puede afrontar con la necesaria justicia, solidez y altura de miras el conflicto abierto en Cataluña. Necesita reformas en profundidad y, sobre todo, la participación de la ciudadanía.

Desde hace años, y particularmente desde el año 2011, una gran cantidad de personas en nuestro país han llegado a la conclusión de que hacían falta cambios y reformas: en la justicia, en el mundo laboral, en la sanidad, en la educación, en la ley electoral, en los mecanismos para perseguir la corrupción, en el sistema de pensiones, en el acceso a la vivienda o en el modelo de radiotelevisión pública. El problema es que esas reformas, por mucho consenso que generen entre quienes leen estas líneas, no se han hecho ni tampoco se piensan hacer.

La sociedad española no solo ha ofrecido un buen diagnóstico de lo que sucedía, sino que también ha propuesto soluciones modernizadoras del país

Nuestros gobernantes actúan como si todo ese sentido común, acumulado por tanta gente y expresado en tantas ocasiones y de tantas maneras, no hubiera existido nunca. Como si tantos juristas no hubieran propuesto reformas que garantizaran la independencia judicial, como si tantos ciudadanos no hubieran señalado el inmenso agujero negro que es hoy nuestro mercado laboral, como si tantas personas no hubieran reclamado la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, como si tantos médicos y maestros no hubieran puesto de manifiesto los riesgos que entraña privatizar y reducir costes en derechos tan básicos como la salud y la educación, como si tantos economistas y filósofos no hubieran señalado el enorme déficit económico y moral que provoca la corrupción, o como si tanta gente no hubiera exigido una representación más proporcional en nuestro sistema político. En suma, como si la sociedad española hubiera estado dormida todos estos años.

Sin embargo, sabemos que no ha sido así: la sociedad española no solo ha ofrecido un buen diagnóstico de lo que sucedía, sino que también ha propuesto soluciones modernizadoras de nuestro país.

El próximo 6 de diciembre, aniversario de la Constitución, es un momento ideal para reclamar cambios en un sentido diverso y profundo

Ahora que se nos agolpan varias crisis a la vez y hemos visto la incapacidad de nuestros políticos y las tremendas rigideces de nuestro sistema, es el momento de traer toda esta herencia y todo este aprendizaje colectivo a la primera línea política. Y no solo las ideas, sino también a las personas. España necesita vivir cambios en los próximos meses. Y es preciso que la ciudadanía intervenga en los mismos. Porque ha demostrado en muchas ocasiones tener más inteligencia colectiva y más sentido común que la mayor parte de sus dirigentes.

Por eso, el próximo día 6 de diciembre, aniversario de la Constitución, es un momento ideal para reclamar cambios en un sentido diverso y en un sentido profundo. Llamamos a la sociedad española a reunirse ese día a reflexionar, a expresar sus ideas, sus propuestas, su sentido común y sus esperanzas de futuro para hacer de esa jornada no solo un hito ciudadano, sino también para comenzar a definir el país que queremos para los próximos años. ¿Volvemos a hablar?

*Guillermo Fernández Vázquez, portavoz de la iniciativa #Hablamos?

Tribuna

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