Escándalos sexuales en y fuera de los platós de cine

Carta abierta a Netflix y a los guionistas de series: este artículo va dirigido también a los productores y responsables de las televisiones o plataformas de difusión

Foto: Netflix. (Reuters)
Netflix. (Reuters)

Es difícil escribir en medio de una contradictoria mezcla de sentimientos sobre algo que ya nos ha explotado en la cara. Los casos de denuncia de Kevin Speacy, su adicción al sexo al hilo del éxito de la serie 'House of Cards', serie de la que tuve ocasión de escribir cuando ganó su primer Óscar en 2014, se ha aderezado con abundantes datos de abusos a menores.

Hace unos meses inicié, con cierta resistencia, una investigación junto a otra colega de la Complutense que presentamos en Colombia. Se trataba de ver la vulnerabilidad en el ámbito de internet de los derechos de imagen y privacidad especialmente con respecto al menor. Concluimos que son en cierto modo un lujo del primer mundo, frente a datos dramáticos del comercio de la trata de personas y pornografía, la pederastia y la explotación sexual en otros países, pero, por lo que ahora diré, me convenzo de que el tema es más profundo de lo que parece.

Recientemente, una conocida expresentadora de televisión (Heather Unruh) se ha unido a las denuncias contra el actor Kevin Speacy, publicadas en medios internacionales como 'The Guardian', 'BostonGlobe', 'HuffintonPost', entre otros), por haber alcoholizado a su hijo de 18 años antes de abusar de él. Unruh impulsa el movimiento #MeToo ("a mí también" o "yo también"); son valientes y encomiables los testimonios, pero intuyo que la presentación del sexo como factor de éxito, como reclamación, como derecho incluso, debe cambiar si queremos luchar contra la violencia sexista, la pederastia a riesgo de construir una sociedad insoportable.

Kevin Speacy y Harvey Weinstein, otro célebre productor de Hollywood, se enfrentan por supuesto a demandas en varios países, como esta presentada en Nueva York por la modelo y actriz Kadian Noble por hechos cometidos en 2004 durante el Festival de Cannes. La lista de los que han denunciado esos hechos es larga, y probablemente otras personas no tendrán la libertad económica o personal suficiente para hablar y denunciar.

La punta del iceberg

Le robo esa expresión a Enma Thomson a propósito de Weinstein: "Es la punta del iceberg".

Decía que es contradictoria mi mirada, porque debo vencer mi autocensura (el llamado 'chilling effect') para hacer una crítica negativa del modelo presentado como caso de éxito del cine digital, cuyo crecimiento se veía venir ya hace 3 años, y del que he aplaudido la adaptación a los usos y necesidades del cliente-espectador (como puede verse en extensa Nota Técnica publicada en IESE-Harvard con S. Sood y J. Villanueva). Me uno ahora a quienes señalan y denuncian esta realidad que está en el corazón del mundo del entretenimiento, del cine, y que por mucho oropel que tenga y por fascinantes que sean muchos guiones y la "factura o calidad audiovisual" de la técnica, esconde una realidad denigrante, corrupta y de tremendo efecto no solo en los jóvenes espectadores sino en todo adulto de mente recta.

Los 'sexual harassement' del mundo del cine enlazan, se quiera o no, con los modelos presentados en las series y producciones de cine

El consumo masivo de contenidos violentos, de violencia sexual, de modos de vida de adicción y éxito profesional ligado al abuso a mujeres, niños y quién sabe a quién más, requiere evidencias científicas, sin duda, pero desde un mero punto de vista de la dignidad humana, hay cosas que ya se pueden analizar concretamente.

Los 'sexual harassement' del mundo del cine, clamorosos en estos meses, enlazan se quiera o no, con los modelos presentados en las series y producciones de cine; sí todos distinguimos la realidad de la ficción pero eso que vemos construye nuestro imaginario personal y colectivo. De ahí que este artículo vaya dirigido a los guionistas, también a los productores y responsables de las televisiones o plataformas de difusión.

Netflix 'mon amour'

Netflix se juega su reputación. En Europa necesita ya incorporar el canal de menores y etiquetar los contenidos de acuerdo con los públicos. A partir de ahí, como en Estados Unidos, será decisión de los padres pasar o no el código de suscripción a menores, o hacer un seguimiento de lo que ven o descargan con sus perfiles. Hoy en día Netflix España, y lo conozco bien, no ofrece garantías y ofrece novedades a los usuarios sin prevención alguna.

Además, no es justo que, frente a los canales lineales de televisión, mal que bien al menos tienen un horario que respetar, Netflix España, que supera ya los 1,3 millones de suscriptores —que seguro suponen una media de 4 o 5 espectadores por suscripción—, pueda incluir en el catálogo todo tipo de contenidos con total impunidad.

Cartel del éxito de la serie en enero de 2014, Time Square, Nueva York.
Cartel del éxito de la serie en enero de 2014, Time Square, Nueva York.

Cancelar la serie 'House of Cards' que les ha hecho triunfar les honra, pero ¡qué menos! Se conocen ahora detalles de los rodajes que hacen avergonzarse a cualquiera. Ni tríos, ni armarios de los que salir justifican esos planos.

Hay guiones y guiones

Que conste que hablo de lo que he visto, no juzgo por los tráileres, o por terceros. No menciono series que no me apetece ver, como 'Juego de tronos', o —más allá de algunos capítulos— la misma 'Isabel'. ¡Ah! La santa y rodeada de clérigos. 'OMG!' ('oh my God!').

He tenido ocasión de hablar recientemente a padres y educadores de la cultura audiovisual. Soy partidaria. La cultura y los guiones proyectan lo que somos, nuestros valores y problemas. Entretienen y desconectan.

Y, al hilo de estas noticias he reflexionado sobre algunas series que me han resultado interesantes, enriquecedoras y con muchas aportaciones en lo profesional, en el conocimiento humano, en la toma de decisiones, pero a la vez señalo y destaco algunas cosas, que están en el hilo conductor, que atrapan y que presentan la relación entre sexo-éxito de un modo que no es creíble porque implica abuso, adicción y distorsiona esa realidad, la "comercializa" llevándola a lo pornográfico, aunque sea en pequeña dosis.

 Fotograma de la serie de Netflix 'Por 13 razones'.
Fotograma de la serie de Netflix 'Por 13 razones'.

'Por 13 razones', más allá de su reflexión sobre el suicidio, es una serie que da como natural el acoso escolar, el chantaje en las relaciones afectivas y sexuales entre adolescentes, por supuesto "aparcando" a los padres fuera de ese mundo. No digamos los profesores que están desaparecidos. Lo de 'Física y Química' a su lado es de risa, más elegante y cool, eso sí.

 'The goodwife'.
'The goodwife'.

'The Goodwife'. Serie que plantea magistralmente la vida de una abogada en lo personal y profesional. El caso es un escándalo de corrupción política y extorsiones sexuales cometidas por su marido, que está en prisión. La serie presenta la integridad frente a la depravación —como el episodio 7 de la 1ª temporada—, pero el guión no ahorra a Alicia Florrick (Julianna Margulies) y a sus hijos lo que ese juicio implica en el camino. Dentro de que no hay casi secuencias de sexo explícito, los hijos adolescentes se interesan por las líneas porno ('hotlines'), en parte sí para investigar el origen de las grabaciones que han delatado los encuentros de su padre con prostitutas, incluyendo descripciones de sexo oral, etc.

Y de nuevo, el sexo como parte del abuso en los bufetes, entre políticos y clientes, como transacción y norma en la vida profesional. Como bien dice la protagonista, cosas que "dejan mucha herida".

'Borgen', ficción europea sobre una líder política que llega a presidenta de Dinamarca. Tan inteligente y de buena factura como 'House of Cards', y con un personaje, Karper (Pilou Asbæk) su dircom o jefe de prensa, que encarna todo lo maquiavélico. Astuto, simpático y resultón, da de los mejores consejos sobre prudencia política, resolución de crisis pero su infancia proyecta una historia de venganza y de pasado que mediatiza y condiciona sus relaciones con la periodista del canal de televisión. ¿Justificado por eso? No.

 'Borgen'
'Borgen'

Y así por no aburrirles podríamos analizar más cintas o series, insisto de las que aportan y valen la pena. Es un largo etcétera de una coctelera que se mueve en nuestros cerebros, más aún si no hay otros condimentos en el entretenimiento, amistades o vida personal.

Ya que tan necesitados estamos de una ética pública, diré para concluir, que aún no hemos visto pedir perdón al actor Speacy, solo tenemos noticias de su ingreso en una clínica de adicciones junto al productor Harvey Weinstein.

Y como bien dijo Freud, con el que no comparto casi nada, el eros así visto es la muerte.

*Loreto Corredoira es profesora Derecho del Audiovisual

Tribuna

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