O elecciones o jarrón chino

La percepción de victoria política de Puigdemont ante la Justicia alemana ha fortalecido su posición frente a los partidos que intentan encontrar una salida negociada para formar Gobierno efectivo

Foto: El expresidente catalán Carles Puigdemont ofrece una rueda de prensa en Berlín. (EFE)
El expresidente catalán Carles Puigdemont ofrece una rueda de prensa en Berlín. (EFE)

El domingo 15, Puigdemont se sometió a una entrevista tipo balneario 'spa de luxe' en la televisión pública TV3 para mayor gloria del 'president legítimo'. La conclusión fue evidente: Puigdemont quiere volver a las urnas el domingo 15 de julio.

La percepción de victoria política de Carles Puigdemont ante la Justicia alemana ha fortalecido su posición frente a los partidos que intentan encontrar una salida negociada para formar Gobierno efectivo, constitucional y estatutario y acabar con el artículo 155. Esta no es la estrategia del 'president legítimo' frente a ERC y a PDeCAT.

El soviet carlista, en palabras de Coscubiela, además, no desfallece y quiere mantener a Carles 'María Isidro de Borbón' Puigdemont como el 'president legítimo'. Uno acabó en Venecia, el otro, de momento, en Berlín.

La fecha límite para la disolución del Parlament es el 22 de mayo. Falta mucho para el 22 de mayo y en política es una eternidad. Recordemos que Puigdemont fue investido en el último día posible, el último minuto posible y el último segundo posible. Antecedentes existen para intentar repetir la jugada. Pero… visto lo visto.

Nadie quiere repetir las elecciones, salvo Puigdemont. Sus diputados fieles han creado una plataforma llamada Juntos por la República. Se puede intuir que la idea es presentarse como tal y destruir al PDeCAT (antigua Convergència), atraer una parte de ERC y de la CUP. Ello permitiría a Puigdemont ganar las elecciones y ser primer partido en Cataluña. En julio, la participación bajará y será menor mayoritariamente del bloque no independentista. Su victoria debe servir para negociar con el Gobierno Rajoy (o no). Es la estrategia de la huida: internacionalizar el conflicto, deteriorar el sistema político español y colapsar la economía para que contamine la Unión Europea. Puigdemont no contempla otro escenario, ya que otra solución lo convierte en un jarrón chino.

Además, debemos tener en cuenta otros dos factores para completar el análisis desde la perspectiva de la calle. Perdón, de la sociedad civil.

Primer factor. Las organizaciones proindependentistas han puesto en marcha la 'primavera catalana' de movilizaciones para mantener el rumbo pro Puigdemont y evitar escenarios que sean 'de marco mental del 155'. En otras palabras, quien se mueva, no sale en la foto y además será declarado traidor a la causa. Este es el punto clave de bloqueo. La combinación entre diputados y asociaciones 'legitimistas' es una combinación letal de bloqueo institucional. Son el soviet carlista de la trinidad independentista: desobediencia, unilateralidad y república.

Bloqueo que se ha visualizado de manera permanente desde el 30 de enero, primera fecha retenida para el debate de investidura, con la presentación como candidato de Carles Puigdemont en forma telemática o por delegación, de Jordi Sànchez, dos veces, en prisión preventiva y de Jordi Turull, investigado y encarcelado tras el primer debate.

Recordemos que el candidato a ser investido debe estar presente en el hemiciclo, no se puede realizar de forma telemática o por delegación. Es una norma básica del parlamentarismo recordada por el Tribunal Constitucional. En los próximos días, vamos a asistir a una votación por Skype para investir a Puigdemont. Más tensión para cohesionar al electorado antes de las elecciones de julio.

Ahora es ERC quien quiere recuperar la sintonía con el espacio constitucional. Y Puigdemont ha entrado en fase de "va a ser que no, no quiero ser un jarrón"

Segundo factor. Un factor que nadie tiene en cuenta es el factor personal. Puigdemont intentó disolver el Parlament el 26 de octubre pero ERC se lo impidió. Marta Rovira, secretaria general de ERC, tuvo mucho que ver en la decisión final y el tuit del diputado Gabriel Rufián fue la puntilla: “155 monedas de plata”. Adelantar las elecciones hubiese evitado el desastre posterior. Ahora es ERC quien quiere recuperar la sintonía con el espacio constitucional. Y Puigdemont ha entrado en fase de “va a ser que no, no quiero ser un jarrón chino". Malos tiempos para la lírica y la democracia. Nos vemos el 15 de julio.

*Gabriel Colomé, profesor de la UAB.

Tribuna
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