Los salarios en España durante el último medio siglo (II)

A lo largo del periodo 1965-2017 es posible distinguir cuatro fases diferenciadas en la evolución de los salarios en España

Foto: Imagen: Pixabay.
Imagen: Pixabay.

A lo largo del periodo 1965-2017 es posible distinguir cuatro fases diferenciadas en la evolución de los salarios en España. Durante la primera etapa (ver gráficos 1 y 2), entre 1965 y 1981, los salarios desbordaron ampliamente el crecimiento de la productividad. La economía española experimentó un rápido e intenso crecimiento.

El PIB creció en términos reales el 139,1% y, dado que el empleo no solo no creció a lo largo del periodo, sino que se redujo ligeramente, la productividad del trabajo experimentó un salto muy notable (superior al 5,3% anual en media del periodo). Sin embargo, lo más significativo fue el crecimiento de los salarios.

En el marco de una economía en proceso de apertura al exterior, pero todavía muy cerrada, y con severas limitaciones al ejercicio de la acción sindical, el crecimiento salarial fue muy superior al justificado por la suma de la evolución de los precios y la productividad. Durante la segunda mitad de la década de los años 70, en un contexto de fuertes tensiones políticas y sociales que acompañaron el fin de la Dictadura, los salarios superaron en más del 20% el crecimiento de la productividad del trabajo. En el conjunto de la década y media comprendida en esta fase, los salarios crecieron de forma acumulada casi un 40% por encima de la productividad.

Fuente: Elaboración propia con datos del INE.
Fuente: Elaboración propia con datos del INE.

A la fase del despegue salarial le sucede una segunda fase de estabilización que abarca el periodo entre 1982 y 1997. Tras los primeros grandes acuerdos de orientación centralizada de los salarios (los Acuerdos Interconfederales de 1979 y 1980 y el Acuerdo Nacional sobre el Empleo de 1981 y ulteriores) el proceso de desinflación nominal avanzó de forma intensa. Los salarios no solo mantuvieron su poder adquisitivo en términos de la evolución de los precios interiores, sino que se produjo una ganancia de 8,6 puntos en los salarios reales). Sin embargo, no llegaron a incorporar el conjunto de los incrementos de la productividad del trabajo registrados en el periodo.

En efecto, la productividad siguió creciendo a buen ritmo, aunque a costa de un grado de destrucción de empleo muy apreciable hasta 1985, que fue compensado con una mejora del empleo ya significativa durante la segunda parte del periodo que llegó a rebasar las pérdidas de empleo registradas durante la crisis de la primera mitad de los años 90. Frente a un crecimiento medio anual superior al 5% en la etapa anterior, la productividad creció en esta fase a un ritmo del 2,1% anual, más cercano a las pautas históricas españolas durante el siglo XX. El periodo de 16 años comprendido en esta fase se saldó con un ascenso en los salarios reales (8,6%) muy inferior al crecimiento de la productividad registrado (34,3%). En la forma en que este proceso se representa en el gráfico 2, puede comprobarse cómo los salarios justificados por la aplicación de la regla salarial típica (incremento de precios + variación de la productividad) se mantienen sistemáticamente por debajo de la citada regla.

Estancamiento salarial

La tercera fase (1998-2011) puede calificarse de estancamiento en los salarios. Las pautas no son, en términos generales, muy distintas que las características del periodo anterior, pero hay algunas singularidades. El poder adquisitivo de los salarios no se mantiene, de hecho, crecen por debajo de los precios. El ritmo de creación de empleo es muy alto. En la década comprendida entre 1998 y 2008 se crean 5 millones de nuevos empleos. Sin embargo, la productividad se estanca en niveles de crecimiento muy cercanos a cero (0,2% es el crecimiento medio anual en los años previos a la crisis) y cuando se recupera lo hace como consecuencia de la enorme destrucción de empleo ocasionada por la crisis a partir de 2008.

Visto de esta forma, los salarios crecen un 12% menos que el ascenso de la productividad del periodo continuando así con su papel de moderador del ascenso en los costes del conjunto de la economía. Aunque desde algunos ámbitos se quiso interpretar un acontecimiento excepcional, el ascenso en los salarios reales motivado por el abrupto y súbito descenso de los precios de las materias primas en 2009, como una prueba más de la inflexibilidad salarial en la economía española, lo cierto es que la evolución posterior es, más bien, una prueba de lo contrario: salarios que siguen con dificultad la senda de la evolución de los precios y un deficiente y poco equitativo reparto de las ganancias de productividad.

Fuente: Elaboración propia con datos del INE.
Fuente: Elaboración propia con datos del INE.

Las tendencias registradas en la fase de estancamiento salarial se intensifican durante el periodo 2012-2017. La productividad se recupera ligeramente hasta alcanzar valores cercanos a un crecimiento anual del 1% pero los salarios se desploman: en términos reales descienden el 4,4%. Y, junto a ello, si al deterioro en el salario real se le añaden las ganancias de productividad del periodo, la distancia entre salarios y productividad se incrementa de forma desfavorable a los salarios en 9,2 puntos porcentuales. Nunca antes en la historia reciente se había producido un ajuste tan intenso en el salario real en un contexto en el que los desequilibrios en la distribución de las ganancias de productividad seguía siendo muy desfavorable a las rentas salariales.

¿Rigidez salarial o ineficiencias en el sistema?

Sirva, pues, este apretado resumen del último medio siglo de evolución salarial en España para insistir en que algunas de las afirmaciones habituales en ciertos ámbitos económicos, aunque repetidas a lo largo de décadas, no superan la condición de falacias. Salvo durante buena parte de la década de los 70 del siglo XX, los salarios en España no han logrado absorber las ganancias de productividad generadas. Sin embargo, el choque salarial de aquellos años, generalizado también en la mayor parte del mundo occidental, aunque con una intensidad algo mayor en España en el marco de las turbulencias sociales y políticas que presidieron el final de la Dictadura en España, fue absorbido durante los años siguientes y más que compensado a lo largo de las dos últimas décadas. Cabe recordar aquí el transcendente papel regulador de tales tendencias jugado por las actitudes de los interlocutores sociales, en particular de las fuerzas sindicales, en el periodo de estabilización aludido.

Y es que, en todo este proceso evolutivo de la dinámica de formación de los salarios en España, no son ajenas las modificaciones del marco institucional laboral, en parte del periodo considerado, sujetas a la concertación social. Las modificaciones de los mecanismos de regulación de la negociación colectiva, por ejemplo, han incidido de forma determinante en todo este proceso, modulando las tendencias insertas en la dinámica del mercado laboral. El ejemplo más reciente, en contraste con otras situaciones anteriores, lo constituye la más reciente reforma del marco laboral, la promulgada en febrero de 2012 y su desarrollo legislativo ulterior, que ha alterado sustancialmente las reglas del juego en el marco de la negociación colectiva, reforzando las tendencias salariales devaluatorias, ya presentes en el tercer periodo de análisis considerado. La continuidad en la caída en los valores reales de los salarios en España es el resultado de la confluencia de las tendencias previas del mercado laboral con los cambios normativos introducidos por la reforma de 2012.

Por supuesto, ello no debe hacernos olvidar el deterioro de nuestra competitividad en términos nominales que, tras nuestra entrada en el euro, no podía ajustarse a través de la modificación del tipo de cambio. Pero si los salarios no solo no recogían las ganancias de productividad, sino que a duras penas compensaban la evolución de los precios interiores el origen de las pérdidas de competitividad no está en la inflexibilidad salarial. Para encontrar explicaciones a este fenómeno es mejor mirar hacia los niveles de competencia en nuestra economía, hacia a la construcción poco eficiente de nuestros márgenes empresariales en los sectores más abrigados de la competencia internacional. Y al hacerlo estaremos encontrando una respuesta a la expansión de tanto malestar frente a una situación que ha despreciado también el papel de los salarios como instrumento de progreso económico y a, la vez, de cohesión social.

*Valeriano Gómez, economista y exministro de Trabajo.

*Santos Miguel Ruesga, catedrático de Economía Aplicada (Universidad Autónoma de Madrid).

Tribuna

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios