Sea valiente, señor presidente

Pero algo ha pasado. Hoy hay una nueva generación dispuesta a elegir sin miedo, hoy hay canales de información que no tienen dueño

Foto: El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez. (EFE)
El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez. (EFE)

Todo el mundo tiene miedo”, nos explica en voz baja la funcionaria del juzgado, “¡ahí está España entera!”. Es Tandem, es Lezo, es Nicolás. Asustan los nombres, los cargos, las mentiras enormes sostenidas durante tanto tiempo. De lo que ha sido este país. De lo que sigue siendo.

Jueces y fiscales se asoman un segundo bajo la alfombra de este país y se levantan enseguida, transfigurados de pavor y vergüenza. “¡Ahí está España entera!”.

Pero no, ahí no está España. Ahí están su vergüenza, su culpa, su secreto, su miedo. La letra pequeña del pacto de la Transición, los delincuentes que no podían ser juzgados, los jueces que no podían ser sustituidos, los periodistas que no podían ser apartados, los empresarios que no podían perder los privilegios de décadas de cercanía al poder absoluto, toda la estructura de poder del franquismo debía tener encaje en el nuevo régimen. Legal lo que era legal, oculto lo que no lo era. Y sí. Mantener este acuerdo era también el papel de la vieja monarquía.

“Todo el mundo tiene miedo”, nos cuenta la periodista que sabe. Cuenta las querellas por decenas. “¡Ahí está España!”. El franquismo no solo nos dejó dos momias en la sierra de Madrid para adoración de cuatro fachas descatalogados. Nos dejó una estructura paralela de Estado —eso es la mafia— en parecido estado de descomposición pero —como en el caso italiano— que ha cambiado ya los mensajes sicilianos por ultramodernos 'bugs' telefónicos, la recortada por el micrófono oculto y el barril de pólvora por la participación accionarial.

Pero no, ahí no está España. Está la cobardía de un régimen que una y otra vez decidió acordar con los chantajistas, considerar cuestión de Estado el encubrimiento de los delincuentes y —luego, como paso inevitable— bailar la danza del enriquecimiento ilícito, el combate amañado del bipartidismo, el control de los medios de comunicación, la pasta de las privatizaciones, la impunidad del control de la judicatura, la utilización política —y económica— de la lucha antiterrorista, el pastel del blanqueo de capitales para —finalmente— contratar a esa mafia para fabricarles cuentas en Suiza o en Granadinas a los rivales políticos y darles luego difusión con sus periodistas impuestos. Y sí. Mantener este acuerdo era también el papel de la nueva monarquía.

El franquismo no solo nos dejó dos momias en la sierra de Madrid para adoración de cuatro fachas. Nos dejó una estructura paralela de Estado

Pero algo ha pasado. Hoy hay una nueva generación dispuesta a elegir sin miedo, hoy hay canales de información que no tienen dueño, hay incluso un partido ¡que no debe un euro a ningún banco!

Hoy hasta el viejo PSOE tiene un nuevo presidente del Gobierno, un presidente que ya sabe lo que es enfrentarse a los verdaderos poderes del Estado, un presidente puesto por ese otro país que —más alla de partido políticos— no le debe nada a la mafia y sí quiere poder sentirse orgulloso de las instituciones que con tanto esfuerzo y precariedad sostiene con sus impuestos.

Hoy ese presidente tiene que elegir si representa al miedo o a la regeneración, elegir entre plegarse y callar ante el chantaje de la cloaca, si aceptar el taimado consejo de mirar para otro lado aceptando el discurso del “no se puede” y “todos tenemos mucho que callar”… o plantarse de una vez por todas en nombre de este país ante los chantajistas que nunca se van a dar por satisfechos, sabiendo que después de Corinna vendrán OHL, el AVE a la Meca, López Madrid… Que las grabaciones que hoy no tienen valor legal mañana podrían tenerlo, que los que hoy piden silencio mañana volverán a pedir nombramientos, dinero, tribunas... Y, sobre todo, aceptar de una puñetera vez que este es un país de gente adulta capaz de mirarse al espejo y hacerse cargo de su historia y sus instituciones.

Es hora de que unos jueces sin presiones ni hipotecas juzguen con todas las garantías a quien haya defraudado a los españoles, sean quienes sean, sin miedo y sin inquina, y también de limpiar de una vez este país de policías corruptos, de políticos tocados, de jueces de Schola Iuris, de fiscales y abogados conchabados, de tertulianos impuestos, de mentiras y fraudes.

No es el oscurantismo y el miedo sino decir la verdad lo que hace fuerte al Estado. Y a lo mejor decir la verdad de este país es hoy más fácil que nunca.

Señor presidente. Empiece por ahí. Publique la lista de la amnistía fiscal del PP. Su publicación no puede ser más ilegal que la propia amnistía. Esa lista es esa vieja España, la del “tengo un amigo ahí que me debe un favor” y el “usted no sabe con quién está hablando”, la España de los que mandan sin presentarse a las elecciones, la que le sacó del PSOE para evitar que gobernara con Podemos, la sombra de un poder que se resiste a la democracia y a perder sus privilegios de trastienda.

Es hora de que unos jueces sin presiones ni hipotecas juzguen con todas las garantías a quien haya defraudado a los españoles

Señor presidente. Sea valiente. Su partido ya ha decepcionado a este país varias veces. Es la ocasión de demostrar que algo ha cambiado de verdad en el PSOE. Publique esa lista y dejemos luego a las instituciones sanas del Estado trabajar. A los verdaderos fiscales, a los verdaderos policías, a los verdaderos periodistas, a los verdaderos políticos.

Este país, el país digno que compite cada día en desventaja con los negocios de los corruptos, que pelea en cada juzgado y cada comisaría contra las amenazas de los corruptos, que intenta en cada redacción y en cada tuit conocer y dar a conocer la verdad, se lo exige. Este país, el país plural que le ha puesto ahí para acabar con la corrupción, se lo merece.

*Gloria Elizo es diputada de Unidas Podemos y vicepresidenta cuarta de la Mesa del Congreso de los Diputados.

Tribuna

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