Madrid: capital de la suciedad democrática y universal

Estoy sensibilizado, ofendido y casi avergonzado con la descarada falta de limpieza, aseo urbano y la desidia municipal en la capital

Foto: Suciedad en Madrid.
Suciedad en Madrid.

Madrid nunca ha sido un ejemplo de ciudad limpia y pulcra. Ha tenido sus momentos de mayor decoro urbano, sí, pero, en general, nunca se ha significado por ser una ciudad impecable y en perfecto estado de revista.

Hay ciudades en el mundo, como Viena, que parecen estar acabadas desde siempre. Todo limpio y ordenado. Madrid, por su parte, se presenta inconclusa, con su ya, casi castizo, caos de obras, zanjas, aceras levantadas y socavones. En tiempos del alcalde Álvarez del Manzano, ya lo decía Danny DeVito en su visita a la capital de España; cuando, con cínica socarronería, soltó aquello de: “Me gusta mucho su ciudad, pero ojalá que encuentren pronto el tesoro”.

Es verdad que existen ciudades de una más acusada, indecente y congénita mugre urbana que Madrid, pero ya va haciendo falta mirar mucho, e irse muy lejos, para encontrarlas. Kinsasa, por ejemplo, puede ser una de ellas, aunque el dato no resulte de mucho consuelo.

Restos de basura en la capital.
Restos de basura en la capital.

Baldosas en mal estado.
Baldosas en mal estado.

Tengo que confesar que, de un tiempo a esta parte, estoy particularmente sensibilizado, ofendido y casi avergonzado con la descarada falta de limpieza, aseo urbano y la desidia municipal que se observan en las calles y jardines de nuestro Madrid.

Fuera todo parece estar, en general, mucho más cuidado y mejor que por aquí. No hace demasiado, he tenido la oportunidad de visitar Irán y en este país que, 'a priori', uno no colocaría nunca en el 'top ten' de los lugares más impecables del planeta, he podido constatar, por ejemplo, que pocas horas después de que se reunieran cerca de 20.000 personas en la plaza del Imán de Isfaham —la segunda más grande del mundo— para cenar allí y celebrar el final del Ramadán, el enorme espacio aparecía tan impecable como un quirófano.

Estoy sensibilizado, ofendido y casi avergonzado con la descarada falta de limpieza, aseo urbano y la desidia municipal en la capital

Hay ciudades que dan mucha envidia; Sídney es una de ellas, porque estando allí, uno tiene la sensación de que es una urbe querida, tanto por sus administradores como por sus ciudadanos. Madrid no parece gozar de esa estima y respeto, ni por parte de sus gestores municipales ni de sus vecinos.

Madrid vive hoy, desgraciadamente, uno de sus peores momentos en lo tocante a su aspecto urbano. Los actuales responsables del ayuntamiento parecen haber logrado algo, caso único en el mundo. Han conseguido democratizar y universalizar la suciedad y el descuido metropolitanos. Sí, porque en la mayor parte de las ciudades hay zonas y barrios que aparecen más cuidados y limpios que otros; sin embargo, en nuestra capital, la dejadez y el abandono se han generalizado. Hoy, lo mismo podemos encontrar jardines y aceras infectas y mugrientas en un populoso barrio periférico, como en un distrito céntrico o en un área residencial. Trato igualitario para todos. La suciedad de todos para todos, sin distinciones de clases, razas, credos religiosos o políticos… Suciedad democrática y universal. Sea en la Elipa, en el barrio de Salamanca, en Moratalaz, Hortaleza o el paseo del Prado; la indecencia igualitaria nos une a todos en un mismo ambiente de incuria y degradación. Da igual la zona de Madrid de la que se trate, la guarrería va por barrios y todos los distritos tienen su parte alícuota de abandono. Hay suciedad para todos. Ni una acera sin porquería, ni un jardín sin basura.

Alcantarillado en mal estado.
Alcantarillado en mal estado.

Alcantarillado en mal estado.
Alcantarillado en mal estado.

Es la suciedad, pero también la falta de planificación urbana. En nuestra ciudad se pueden ver, todos los días y en todos los barrios, imágenes surrealistas, a la par que penosas. Cualquier calle abierta tres o cuatro veces dentro del mismo año y por el mismo sitio; para no se sabe qué. Hasta 20 tapas de registro de: alcantarillado, conducciones eléctricas, telefónicas, sanitarias, del Canal… en menos de 10 metros a la redonda, en sitios tan concretos como, por ejemplo, la esquina de la calle López de Hoyos con Cartagena. Parques con más plásticos y litronas que plantas. Alcorques de tamaños, formas y disposiciones de lo más irregular en una misma calle. Aceras levantadas por doquier, amenazando el paso de discapacitados, ancianos o niños. Socavones mortales, en cualquier vía pública, poniendo en riesgo la integridad de cualquier motorista. Y todo, eso sí, lleno de cacas y más cacas, y desprendiendo nauseabundas vaharadas del más añejo orín (solo hace falta pasarse por Chueca). Claro que de toda esta inmundicia y descuido urbanos, los principales responsables son nuestros mandatarios municipales, pero también los vecinos de la ciudad, que hemos ido perdiendo —si es que alguna vez la tuvimos— esa educación general, respeto para con el otro y civismo, imprescindible para querer y saber cuidar lo nuestro y lo de todos.

Hay suciedad y basura por todos lados porque carecemos de un buen servicio local de limpieza, y porque la Administración municipal y los vecinos de la capital, además de resultar insensibles al asqueroso paisaje urbano que nos rodea, tenemos un muy escaso gusto estético. Tiramos lo que sea, donde sea, y no parece molestarnos mucho hacerlo, ni nos ofende demasiado verlo todo sucio.

Los actuales responsables del ayuntamiento parecen haber logrado algo. Han conseguido democratizar y universalizar la suciedad

Probablemente, la casi total falta de celo profesional de nuestros regidores municipales a la hora de tener y mantener limpia la ciudad sea una prolongación natural de la misma falta de educación cívica e insensibilidad de los vecinos de la capital a la degradación ambiental que lo preside todo. Y si a una buena parte de la ciudadanía le da igual tenerlo todo birrioso y cochambroso, los próceres municipales, no haciendo nada, harán lo que parece que satisface al vecino capitalino. De esta manera, la esencia chapucera y guarrilla del alma social madrileña encuentra su justo reflejo en un entorno ciudadano cada vez más sucio y desastrado.

Puede ser que tengamos lo que nos merecemos y, por fin, hayamos podido conquistar el más alto grado de suciedad democrática, igualitaria y universal.

Llegados a este punto y para institucionalizar y normalizar la cosa, solo nos faltaría fundar la Asociación Madrileña de la Cochambre, para que empezase a trabajar, seria y responsablemente, en lograr, lo antes posible, el reconocimiento internacional de nuestra capital como la ciudad más sucia del orbe conocido. Para darle al tema toda la relevancia posible, también se podría promover la creación de una distinción que, bajo el nombre latino de 'sordidum civitatem maximun', otorgase, formal y justamente, dicha distinción a aquella ciudad que, cada año, se hubiera destacado especialmente en mostrar un aspecto lo más descuidado y sucio posible. Madrid, con toda seguridad, podría, fácilmente, alzarse con el codiciado trofeo, al menos tantas veces como el Real Madrid ha conseguido la Champions.

Tribuna

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios