Tenemos que hablar de Vox

Para mí no es tanto Vox, ni Bannon, ni Le Pen, ni Salvini como los prejuicios en los que se basan y las mentiras que difunden, y también la forma en que lo hacen

Foto: El líder y fundador de Vox Santiago Abascal. (Carmen Castellón)
El líder y fundador de Vox Santiago Abascal. (Carmen Castellón)
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¿Qué hacemos con Vox? ¿Debemos discutir sus posibilidades, analizar sus propuestas, comentar sus acciones? ¿O bien es mejor callar para no amplificar su mensaje y darle una relevancia de la que carece? Esto es lo que parecen preguntarse muchos medios, periodistas y figuras públicas en estos días. Creo que la estrategia del silencio es equivocada por dos razones. Por una parte, porque parece asumir que es posible evitar un debate si la gente y los medios importantes no participan en él, algo que dejó de ser cierto hace mucho tiempo. En segundo lugar, porque Vox no ha inventado nada, no está tratando de vender un producto nuevo, sino que se aprovecha de ideas y mensajes que ya están en el debate público europeo. Temo que tras la idea de "mejor no hablar de Vox" se esconda un "mejor no hablar de según qué temas".

Esto es contrario a los orígenes ilustrados de la democracia liberal. Se supone que se puede hablar de cualquier cosa, que el debate arroja luz, que la razón se abre paso, que no se puede negar la libertad de expresión. Es inevitable pensar en la polémica que tuvo lugar hace unas semanas en Estados Unidos cuando el 'New Yorker' retiró una invitación a Steve Bannon para que participara en un debate, mientras que 'The Economist' hizo lo contrario: mantuvo a Bannon en el cartel de un destacado evento. Punto liberal para el semanario británico.

Se me dirá que Bannon no es Santi Abascal, y ahí quería llegar. El antiguo jefe de gabinete de Donald Trump lleva varios meses de gira por Europa impulsando lo que él llama The Movement, una alianza de nacional-populistas para desmantelar la Unión Europea empezando en las elecciones de mayo de 2019. Y Vox está en el ajo. De hecho, el toque Bannon ya se nota en las intervenciones de Abascal, que se ha fabricado un escudo contra los medios tachándolos de mentirosos y vendidos, y que se vale de la ironía para pedir a quien critica a su partido que no olvide el calificativo de facha. Esto estaba en el manual de usuario de la campaña que llevó a Donald Trump a la presidencia, y, aunque Bannon ya no esté en su equipo, sigue siendo parte del estilo (por así llamarlo) del presidente estadounidense.

También se aprecian las huellas de Bannon en la forma de hablar del tema que más polarización ha traído a Europa en los últimos años. Exactamente igual que hicieron Matteo Salvini y Viktor Orbán en una reciente comparecencia conjunta, el argumentario de Vox afirma que ellos no están en contra de la inmigración, sino solo de la inmigración ilegal. Sugieren así con poco disimulo que los gobernantes europeos fomentan que los extranjeros crucen ilegalmente las fronteras de sus países. ¿Por qué harían tal cosa? Porque odian los valores tradicionales, porque están en una conspiración patrocinada por George Soros, porque son élites malvadas y corrompidas.

Y de esto es de lo que hay que hablar. Para mí no es tanto Vox, ni Bannon, ni Le Pen, ni Salvini como los prejuicios en los que se basan y las mentiras que difunden, y también la forma en que lo hacen. Me resultan chocantes ciertos análisis que avisan de que el partido no tiene recorrido porque poca gente se sitúa en la extrema derecha en los sondeos de opinión, cuando el éxito del nacional-populismo europeo ha consistido en proporcionar al votante un lenguaje que oculta a todo el mundo —y en especial al propio votante— el carácter xenófobo y autoritario de lo que sostienen. El caso que mejor ha funcionado es el del secesionismo catalán, donde un proyecto etnicista, golpista y contrario al pluralismo ha conseguido convencer a sus propios seguidores, a muchos medios y a casi toda la izquierda de que es compatible con los valores democráticos. Avanzan porque usan un camuflaje que no engaña a todo el mundo pero sí a los suficientes. Por volver al ejemplo de Vox, ellos no dicen: "Fachas de España, uníos", sino "te llaman facha porque te odian, y no estás solo".

Los que creemos en la democracia liberal debemos renovar nuestro lenguaje, desmentir falacias y defender un nuevo proyecto europeísta

Insisto: no sé si Vox sacará muchos o pocos votos. Lo que sí sé es que representa —con todas las peculiaridades y adaptaciones que se quiera— al nacional-populismo contrario a los valores liberales que tanto ha avanzado dentro y fuera de la Unión en los últimos años. Representa el despertar de ciertos instintos (antes que ideas) que parecían dormidos o recluidos desde hace tiempo. Y también sé que parecemos haber perdido la capacidad para enfrentarnos a estos instintos. En la derecha, porque ven peligrar a su electorado de forma inmediata y tienden a mimetizarse; en la izquierda, porque tantos años de políticas identitarias parece haber convencido a sus representantes de que lo mejor es hacer como el 'New Yorker' y guardar silencio.

Siempre digo que tenemos que enfrentarnos a los populistas en campo abierto. Me refiero a los partidos, claro, pero antes y sobre todo a las ideas. No podemos permanecer impasibles ante la sugerencia de que Merkel o Macron dejan pasar a inmigrantes ilegales porque les disgustan los valores tradicionales; ni debemos permitir que con la excusa de lo políticamente incorrecto se cuelen mentiras y desinformación; ni admitir perspectivas catastrofistas que ocultan el progreso y todo lo conseguido en lo material y en lo político desde la posguerra mundial o desde la transición española.

Se trata de entender a qué nos enfrentamos en nuestro país, pero sobre todo en la Unión Europea. Vox es aliado de los partidos que quieren desmantelar la Unión. Están unidos y tienen un plan. Esto es lo más importante que está pasando en la política actual, y nos afecta más que asuntos a los que dedicamos muchas más energías. Los que creemos en la democracia liberal debemos renovar nuestro lenguaje, desmentir falacias y defender un nuevo proyecto europeísta que dé esperanza a todos los ciudadanos. En estos tiempos en que Estados Unidos se repliega y crecen las amenazas autoritarias, Europa podría tomar el liderazgo mundial en economía, política y seguridad. Estamos ante un momento histórico y nuestro peor adversario somos nosotros mismos. Ni guardar silencio ni mimetizarnos: es el momento de expresar nuestras ideas y nuestros principios con un lenguaje renovado.

* Beatriz Becerra es vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo y eurodiputada del Grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa (ALDE). Acaba de publicar 'Eres liberal y no lo sabes' (Deusto).

Tribuna
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