Una idea de Europa
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Una idea de Europa

La lógica del mundo está llamando a los países europeos a una cooperación aún mayor, que respete la soberanía del Estado-nación y que, simultáneamente, resulte más estrecha

placeholder Foto: Vista de un mural inspirado en el Brexit hecho por el artista callejero anónimo Banksy. (EFE)
Vista de un mural inspirado en el Brexit hecho por el artista callejero anónimo Banksy. (EFE)

Dentro del panorama político español, la coincidencia, el 26 de mayo de 2019, de tres elecciones en la misma jornada quizá tenga la consecuencia de que los comicios municipales y autonómicos acaparen el foco informativo, mientras que podríamos no prestar atención a la votación de la que saldrá el nuevo Parlamento Europeo.

Somos conscientes de que el sufragio que configure la mayoría de la Eurocámara tendrá importancia capital. Y es que cada día que pasa constatamos el crecimiento, en el seno de las naciones que conforman la Unión Europea, de una internacional populista. Parten de posiciones ideológicas en apariencia antagónicas —desde movimientos anticapitalistas de extrema izquierda hasta formaciones que hacen gala de un nacionalismo excluyente— para converger en el objetivo de dinamitar los fundamentos de un proyecto europeo que ha conseguido que, en los últimos 60 años, Europa haya alcanzado cotas inéditas de libertad, estabilidad y crecimiento económico.

Los populistas de viejo o nuevo cuño hilvanan relatos simplistas y radicales, que apuntan las deficiencias de la Unión y las dificultades que presentan los retos de futuro; pero no señalan la herida para curarla, sino para agravar la enfermedad. No ven oportunidades, sino que profetizan abismos. Se niegan a constatar el éxito exportador de las pequeñas, medianas y grandes empresas españolas en los últimos años para envolverse en una estrategia de escepticismo, miedo y enfrentamiento, con lo que buscan subvertir el orden liberal para, a río revuelto, obtener su pequeña —o no tan pequeña— cuota de poder.

Foto: Bono llega a una rueda de prensa en el Vaticano, el 19 de septiembre de 2018. (Reuters) Opinión

No hace falta pecar de maquiavélico para señalar que toda esta rabia en ocasiones está apoyada por potencias no europeas cuyo tradicional interés es la desarticulación del continente. Y excuso señalar que, desde el punto de vista electoral, el relato populista no por falso deja de tener eficacia. Por tanto, de cara a las próximas elecciones de mayo, los populares tenemos el deber de tejer un discurso que, como siempre, atienda con energía las preocupaciones mayoritarias de los votantes y les aporte, también como siempre, un plus fundamental: la expresa acogida de los valores fundamentales que conforman la Unión Europea, porque estos valores, que son los nuestros, serán los únicos raíles sobre los que construir un futuro viable para todos los países que integran Europa.

¿Cuáles son estos valores? Uno de ellos —como sostiene Robert Schuman— es la solidaridad, es decir: la certeza de que el verdadero interés nacional pasa por reconocer y potenciar la interdependencia entre estados. La prosperidad —y la reciente Historia de España da buena fe de ello— nunca se alcanza a través del aislamiento, sino por la competencia, emulación y confianza que surge del libre intercambio de personas, bienes y capitales. Otro pilar clave —y no menos presente en el proyecto popular— es la defensa de la igualdad, no solo en la relación entre los estados miembros de la UE sino también dentro de las naciones, brindando a los ciudadanos europeos una efectiva igualdad de oportunidades, así como el amparo de la ley y del Estado social de derecho.

Desde luego, cabe preguntarse si hoy en día estos principios son la mejor guía de acción para los países europeos. Como los populistas son expertos en sembrar confusión —encontrando siempre la anécdota para contradecir la categoría—, creo que la respuesta plausible a esta cuestión surgirá no tanto de planteamientos abstractos como de la observación de la actualidad internacional.

Foto:  Opinión

Avanzado el siglo XXI, la globalización es una realidad con imparable protagonismo. En el actual paisaje mundial, presenciamos la consolidación de dos grandes potencias autoritarias —Rusia y China—, ajenas a la tradición occidental, mientras que EEUU adopta rumbos impredecibles, que no concuerdan con su ADN, formado por la libertad de mercados regida por acuerdos internacionales.

Ante este escenario, donde los actores superan con mucho la escala intraeuropea, el ideal de la Unión —y los éxitos económicos, sociales y políticos que genera— cobra mayor vigencia que nunca. Pensemos, por ejemplo, en las enormes sinergias nacidas del proceso de integración. La lógica del mundo está llamando a los países europeos a una cooperación aún mayor, que respete la soberanía del Estado-nación y que, simultáneamente, resulte más estrecha.

Precisamente en este punto, otro de los principios fundamentales de la UE —la subsidiaridad— nos permitirá lograr una unidad sin uniformidad al mantener vivas las democracias de los distintos países, fortaleciendo al mismo tiempo la colaboración a través de ambiciosos objetivos comunes. Aplicando la fórmula de la subsidiaridad, que es una realidad operativa en instituciones de tanta relevancia como el Comité Europeo de las Regiones, podremos construir una Europa más próspera y segura a nivel interno y más competitiva a nivel exterior, manteniendo siempre en el horizonte el vínculo atlantista, tan conveniente para España y tan debilitado en los últimos tiempos.

Foto: Vista de un mural inspirado en el Brexit hecho por el artista callejero anónimo Banksy. (EFE) Opinión

Lamentablemente, acabamos de ver qué sucede cuando no se trabaja con este ánimo; si el Acuerdo de Schengen se cumpliese de manera efectiva, tal y como establecen los tratados de la Unión Europea —y no como dice un tribunal regional—, el señor Puigdemont no estaría ahora en Waterloo sino en la cárcel. Pero en el PP distinguimos lo accidental —unos juzgados alemanes y belgas— de lo sustancial —el proyecto europeo—; por eso la postura de los populares en esta materia es la de reclamar que la euroorden se haga efectiva en toda su extensión para defender la integridad jurisdiccional española y, sobre todo, para exigir que no haya ningún tipo de respaldo al señor Sánchez en su apaciguamiento con los independentistas.

Este es uno de los motivos por los que el Partido Popular buscará reforzar en los comicios del próximo mes de mayo la presencia en las instituciones europeas. No para asentir acríticamente a las decisiones que allí se toman, sino para defender los intereses que más benefician a España; también porque muchos de los retos que nos afectan tienen —como ya quedó apuntado— una dimensión internacional que necesita de respuestas conjuntas en los foros internacionales.

Uno de estos retos es el drama de la inmigración ilegal, donde los países socios estamos llamados a colaborar en la defensa activa de nuestras fronteras, sin lanzar promesas poco realistas que lo único que generan son efectos llamada para beneficio de las mafias. Bruselas también juega un papel importante para España, recordando al Gobierno del PSOE el ajuste estructural al que está vinculado, máxime tras la presentación de los Prepuestos para 2019. Puesto que el señor Sánchez y el señor Iglesias parecen decididos a sacrificar a los españoles en el altar de su radicalismo, desde el Partido Popular continuaremos trabajando para que la Comisión Europea enmiende estos Presupuestos, que —de no ser corregidos— sientan las bases de la siguiente recesión española al ofrecer la receta socialista de siempre: más déficit, más deuda y paro masivo.

Foto: 'Fascismo nunca más', la pancarta en protesta por la entrada de los ultras en el Gobierno austríaco el pasado diciembre. (EFE)

Se afirma en 'Guzmán de Alfarache' que “no hay mal tan malo de que no resulte algo bueno”. Si el Brexit pudiera tener algo de positivo, sería para que España reclame su soberanía sobre Gibraltar. Y aunque el señor Sánchez, también en este asunto, parece resuelto a jugar en contra de los intereses de nuestra nación, los populares estamos decididos —y así se lo hemos trasmitido a nuestros compañeros del Partido Popular Europeo a través de nuestro presidente, Pablo Casado— a que España ejerza su derecho de veto para cualquier acuerdo sobre Gibraltar entre el Reino Unido y la Unión Europa.

Podría seguir poniendo ejemplos —el mercado digital o la amenaza del terrorismo—, pero confío en que haya quedado en evidencia que de la esencia de la Unión es de donde brotan las soluciones de mayor alcance para los problemas que preocupan a los ciudadanos. Pero Europa es mucho más que un catálogo de recursos prácticos. En las actuales circunstancias, cuando lo mejor de las personas casi queda asfixiado por el irracionalismo, la ciega voluntad de poder y el exceso de especialización, Europa puede ofrecer un liderazgo insustituible, que haga compatible la vanguardia en la innovación y el crecimiento con la promoción de la cultura, la democracia, la libertad y todo aquello que dignifica la condición humana. Para Ortega, cada tiempo tiene una misión. Esta podría ser la tarea del nuestro.

*Antonio González Terol, diputado del PP, alcalde de Boadilla y secretario de Política Local.

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