La nueva república que nació el 15M

Cada día que pasa se repite con más fuerza en las conversaciones cotidianas la misma pregunta: ¿para qué sirve en España la monarquía?

Foto: Manifestación del 15M en Madrid. (Reuters)
Manifestación del 15M en Madrid. (Reuters)

La monarquía no tiene futuro, España sí. Durante estos días, se han hecho públicos los datos de uno de los estudios que ha realizado Podemos sobre la percepción que tiene de la monarquía la sociedad española. Un estudio que viene a cubrir la laguna que últimamente ha dejado el CIS: hace más de tres años que desde el Centro de Estudios Sociológicos no se pregunta por la monarquía.

Los datos que han arrojado el estudio están siendo ampliamente comentados, ya que marcan un cambio de tendencia: hoy, un 54% de los españoles quiere un referéndum sobre la monarquía, frente a una minoría del 31% que no lo quiere. La incorporación de las nuevas generaciones a la vida pública y el fin de un mito de reinado —Juan Carlos I fue considerado útil por la sociedad española tras el golpe de Estado de Tejero, un golpe que fundó la legitimidad del rey emérito— han devuelto la idoneidad o no del régimen monárquico a la centralidad del debate político.

Un 54 % de los españoles quiere un referéndum sobre la monarquía, frente a una minoría del 31% que no lo quiere

Cada día que pasa se repite con más fuerza en las conversaciones cotidianas la misma pregunta: ¿para qué sirve en España la monarquía? Hay un problema de utilidad que la monarquía es incapaz de resolver. No hay un nuevo mito de reinado que justifique la existencia de una institución propia a tiempos de espadas, noblezas y castillos.

El discurso del 3 de octubre fue el intento por parte de las instituciones monárquicas de generar un mito de reinado para Felipe VI. Lo que nos querían decir es que si Juan Carlos I fue el que salvó la democracia de los militares golpistas, Felipe VI iba a salvar España de los supuestos golpistas catalanes. No obstante, la operación Mito de reinado fracasó estrepitosamente. Nadie parecía esperar al rey el 3 de octubre, ni nadie parecía esperar al rey en los términos en los que se presentó. La Constitución guarda un papel de neutralidad para el monarca, una neutralidad que no respetó el 3-O.

Felipe VI en uno de sus últimos actos. (EFE)
Felipe VI en uno de sus últimos actos. (EFE)

En este punto aparece un dato de la encuesta nada desdeñable: solo un 18,8% de los españoles considera que Felipe VI ayudó con su intervención en el conflicto de Cataluña. Aparece en este punto, una vez más, la cuestión de la utilidad. No fue útil. A esta inutilidad se le suma el componente identitario: hay una España plurinacional pidiendo paso con mucha fuerza, a la que no le gustó que Felipe VI actuara de parte y representase a los partidos de derechas en vez de representar al conjunto de la nación española. Si el rey no es capaz de encarnar la voluntad general y solo encarna la voluntad de parte, es un rey que debe someterse a escrutinio público. Cuando hay políticas y políticos de parte, es la gente a través de su voto la que decide quién debe liderar.

Por otro lado, en España la monarquía se está asociando cada vez más a la corrupción y a la inestabilidad. El caso Corinna puso encima de la mesa unas prácticas muy poco ejemplares de una institución que, de por sí, ya tiene muchos problemas de legitimación democrática. El caso Nóos, con Urdangarín, y la posibilidad de que varios nombres aparezcan en la lista de los beneficiados por la amnistía fiscal de Montoro no hacen más que aumentar las sospechas de corrupción y malversación de fondos públicos que podrían haber sido el pan de cada día de la institución monárquica.

Si el rey no es capaz de encarnar la voluntad general y solo encarna la voluntad de parte, es un rey que debe someterse a escrutinio público

En este sentido, la encuesta también arroja otros datos muy relevantes. Un 50,8% de los votantes del PSOE dicen preferir la república a la monarquía. Esto choca con las acciones de Pedro Sánchez que, pese a tener un electorado netamente republicano, prefiere cerrar filas con Cs y el PP para impedir que se abra en el Congreso de los Diputados la Comisión de Investigación de la Corrupción de la Monarquía que hemos impulsado desde Unidos Podemos.

Según el estudio, el rechazo a la monarquía está inspirado en tres elementos: la monarquía es una institución del pasado, está salpicada por la corrupción y no es una institución democrática. España quiere instituciones modernas, democráticas, bajo el control ciudadano y limpias de corrupción. Una mayoría en España, que no es republicana (todavía), es antimonárquica, no quiere mirar hacia el pasado, sino que prefiere mirar hacia el futuro.

Hay una mayoría antimonárquica, y el trabajo ahora consiste en convertir ese rechazo mayoritario a la monarquía en valores republicanos.
El 15M traía valores republicanos sustentados en su pulsión para democratizarlo todo. El 15M funda un nuevo sentido de época donde la transparencia, la democracia y los derechos se ponen en el corazón de la política española. Los valores democráticos alimentados por una pulsión constituyente ponen encima de la mesa la necesidad de pasar página frente a las viejas prácticas e instituciones patrimonialistas, desactualizadas, serviles a grandes eléctricas y a los bancos, que han retrasado la modernización de España para apostar por una nueva forma de hacer política que pretende innovar en lo institucional para volver a poner el conjunto de instituciones del Estado a la altura de la gente.

El rechazo a la monarquía está inspirado en tres elementos: la monarquía es una institución del pasado, está salpicada por la corrupción

No solo en el ámbito institucional, sino en la neta defensa de lo público, se podía vislumbrar las semillas de un nuevo republicanismo español del siglo XXI. Una República que recoja y proteja a los abandonados y golpeados por la crisis económica, a quienes las instituciones dejaron de representar, que defienda el Estado social además de los bienes comunes. En el 15M floreció también un nuevo republicanismo moderno y avanzado.

La España del 8M tampoco está representada en la monarquía de Felipe VI. No solo por el párrafo del artículo 57.1, que constituye una discriminación entre hombres y mujeres. Un título II de la Constitución que se contradice con otro que garantiza la igualdad de los españoles y las españolas ante la ley. España es la única monarquía parlamentaria europea, junto con Mónaco y Liechtenstein, que sigue discriminando a la mujer en la línea sucesoria; de lo contrario, la infanta Elena hubiera sido la reina, y no Felipe. El feminismo se abre paso y deja atrás unas instituciones incapaces de acompañar los pasos de las mujeres que trasforman la sociedad, y exige instituciones que las reconozcan como interlocutoras válidas en la vida social, y con derechos, que permitan afirmar que todas las vidas valen lo mismo. La monarquía es una de esas instituciones que agrupa prácticamente todo contra lo que lucha el feminismo.

La república que está por venir mira por el retrovisor el 15 de mayo de 2011. Esos valores la impulsan a toda velocidad entre las generaciones más jóvenes. Son valores cargados de futuro, que apuestan por un país moderno, capaz de avanzar y adentrarse por completo en el siglo XXI, dejando atrás aquellos lastres y cargas que tanto han dificultado que España pueda despegar.

*Ficha técnica del estudio: Ámbito estatal con un tamaño de muestra de 1.014 entrevistas. Universo: población general residente en España mayor de 18 años. Cuotas por sexo, edad, tamaño de hábitat, comunidades autónomas y nivel socioeconómico. Entrevista online. Error muestral: +3,08 % (95,5 % de confianza).

Tribuna

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