Vientos de La Habana

Hoy es un buen momento para un impulso de las relaciones bilaterales, ya que Cuba está inmersa en un importante proceso de cambio institucional y económico

Foto: Foto: Reuters.
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El anunciado viaje del presidente del Gobierno Pedro Sánchez a Cuba vuelve a poner en el centro del debate político y económico la 'perla del Caribe'. El viaje no es uno más en la agenda de un presidente de Gobierno español, tiene una especial relevancia. España y Cuba han transitado juntos por múltiples vicisitudes a lo largo de los últimos siglos, y siguen manteniendo unos lazos humanos, económicos y culturales que van mucho más allá de los avatares de las relaciones políticas de los últimas décadas.

La Cuba de hoy suele asociarse al régimen castrista, al turismo de sol y playa, o a los cálidos ritmos de su música y la calidez de sus gentes. Sin embargo, la mirada a la Cuba de hoy tiene que ser mucho más amplia, global y estratégica. La isla destila múltiples dinámicas, plurales y enormemente complejas, que ha radiografiado magistralmente el escritor cubano Leonardo Padura a través de sus novelas, como la tetralogía 'Pasado perfecto', 'Vientos de Cuaresma', 'Máscaras' o 'Paisaje de otoño'. A través del mítico inspector Mario Conde, nos traslada por las diferentes estaciones humanas de la isla con historias cotidianas, lejos de los focos de los turistas, para mostrar la complejidad de sus dinámicas políticas y sociales. Novelas que han sido llevadas a la pantalla con la miniserie 'Cuatro estaciones en La Habana', con el actor Jorge Perugorría representando al inspector Conde.

Cuba siempre ha sido un lugar de referencia para España. En la época colonial, en los siglos XVIII y XIX, era considerada la 'llave del nuevo mundo' y la principal abastecedora de azúcar para el mercado global de la época. La pérdida en 1898 de Cuba causó un profundo 'shock' en la sociedad española de la época, uno de los periodos más negros de la historia contemporánea de España. La mayor de las Antillas sigue siendo importante para España y viceversa, pero podría serlo todavía mucho más en el futuro. España es el primer socio comercial de la isla tras Venezuela y China, y está presente en sectores estratégicos como el turismo, en el que el 80% de las plazas hoteleras de cuatro y cinco estrellas pertenecen a cadenas hoteleras españolas. Un éxito que bien podría desarrollarse en otros sectores —como el agroalimentario, la energía o las infraestructuras— si se desarrolla una inteligente estrategia política y de diplomacia económica.

Cuba no es sin embargo una plaza fácil, es uno de aquellos lugares donde se hace bueno el dicho “hablamos la misma lengua pero no el mismo idioma”. Para operar en Cuba hace falta visión, inteligencia social e ir bien aconsejado para desplegar una delicada estrategia de relación y focalización de esfuerzos que permita transitar por la complejidad burocrática y la realidad empresarial del país. Dar un salto cualitativo hacia nuevas oportunidades para las empresas españolas requiere igualmente la cobertura institucional que aporta la diplomacia económica de los estados. Por eso, es especialmente importante la visita de Pedro Sánchez. Por primera vez en 32 años, un presidente del Gobierno español rendirá visita de Estado a la isla tras la realizada por Felipe González en noviembre de 1986. Posteriormente, el rey Juan Carlos y el entonces presidente José María Aznar visitaron la isla en 1999, pero fue en el marco de una Cumbre Iberoamericana, no en calidad de visita bilateral.

La visita de una alta personalidad española a la Cuba revolucionaria genera siempre un apasionado debate y agita pasiones a favor y en contra. España ha mantenido en las últimas décadas una cambiante relación política con la isla, pero todos los gobiernos españoles han querido mantener y desarrollar una sólida posición de influencia económica y desarrollo de negocios en el país caribeño. Cuba, tanto por su historia como por su posición geoestratégica, está llamada a ser protagonista en los próximos años.

Hoy es un buen momento para un impulso de las relaciones bilaterales, ya que Cuba está inmersa en un importante proceso de cambio institucional y económico. Cuba ha acometido un relevo generacional de su dirigencia designando a Miguel Díaz-Canel, un cuadro civil del partido, presidente del Consejo de Estado y de Ministros. Un cambio histórico en el que los líderes de la Revolución han dejado paso a una nueva generación que continúe con la tarea de mantener los principios fundamentales del sistema, pero que inevitablemente generará nuevas dinámicas internas y externas, aunque el tempo y el método cubanos sean diferentes al resto del mundo. En Cuba hay que aprender a interpretar las palabras y los silencios, y la propuesta de reforma constitucional eliminando la referencia de Estado comunista es especialmente relevante. La experiencia de la Transición española, así como la afinidad cultural, puede hacer de España un buen aliado para acompañar las 'actualizaciones' institucionales que permitan a la isla modernizar su sistema político-institucional.

Por otro lado, nadie discute ya en la isla la necesidad de modernizar y actualizar las obsoletas bases económicas del país, aunque genera un gran debate interno el cómo y el cuándo. Una de las claves es sacar todo el potencial y hacer eficiente la Ley 118 —Ley para la inversión extranjera—, que abre la puerta a nuevas oportunidades de inversión y permite a las empresas entrar en el país en tres formatos diferentes: la empresa mixta, el contrato de asociación económica internacional, o la empresa de capital totalmente extranjero. Sin embargo, uno de los mayores déficits para concretarlas es contar con un marco financiero estable y liquidez, por lo que es imprescindible trabajar codo con codo con Cuba para que en el corto-medio plazo pueda acceder a los mecanismos de financiación de las instituciones financieras internacionales. Algo complejo en tiempos de los Castro, pero que hoy podría ser posible con el nuevo presidente y tras los acuerdos con el club de París para la reestructuración de su deuda externa.

De igual forma, los acuerdos entre Bruselas y La Habana de diciembre de 2016 de un nuevo Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, normalizaba las relaciones y ponía fin a 20 años de la posición común europea, posibilitando que España sea el principal abanderado a nivel internacional de un nuevo desarrollo económico de la isla. Todo ello es además perfectamente compatible con el diálogo político y la exigencia de la defensa de los derechos y valores fundamentales de las personas. Los dirigentes cubanos saben que es inevitable hablar de ello, siempre que se haga con habilidad e inteligencia y respetando la soberanía del país. En definitiva, España puede y debe dar un paso adelante en Cuba. El viaje del presidente Pedro Sánchez es una oportunidad para ello y deberíamos aprovechar los nuevos vientos de La Habana para generar un nuevo círculo virtuoso de crecimiento y desarrollo que redunde en un beneficio para todos.

*Joan Navarro es socio y vicepresidente de Asuntos Públicos en Llorente & Cuenca.

*Pau Solanilla es director general para Cuba de Llorente & Cuenca.

Tribuna
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