El churri-acuerdo de Gibraltar y por qué todo el Brexit está en peligro

Los líderes de la Unión Europea han dado el visto bueno este domingo al acuerdo sobre los términos de la salida del Reino Unido del club

Foto: Theresa May y Pedro Sánchez conversan durante una cumbre de la UE. (EFE)
Theresa May y Pedro Sánchez conversan durante una cumbre de la UE. (EFE)

Los líderes de la Unión Europea han dado el visto bueno este domingo al acuerdo sobre los términos de la salida del Reino Unido del club comunitario. Como en tantas ocasiones, rápidamente se ha tildado de “histórica” la cumbre de Bruselas, pero no conviene dejarse llevar por tanto entusiasmo porque es probable que todo esto acabe descarrilando en los próximos meses.

Igual de excesivos han sido los adjetivos utilizados por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para justificar el pacto alcanzado sobre Gibraltar, que no deja de ser un parche para enmendar la desidia con la que España ha sorteado el Brexit, tanto durante el Gobierno de Mariano Rajoy como con el de Sánchez.

A España se le presentó una ocasión de oro el 23 de junio de 2016, cuando los británicos aprobaron en referéndum su salida de la UE. Ante la posibilidad de que el Reino Unido dejase para siempre el club comunitario, Madrid tenía la ocasión de armar una estrategia para que, en un plazo razonable, los gibraltareños no tuvieran más remedio que llamar a la puerta de España si quisieran mantener los privilegios de pertenecer a la UE.

Sin embargo, ni Rajoy ni Sánchez se plantearon la negociación del Brexit como una oportunidad para acabar recuperando el Peñón: prefirieron darle prioridad a proteger los derechos de los españoles que viven en el Reino Unido y a resolver la situación en la que quedarán los británicos que residen en nuestras costas.

Los dos gobiernos españoles que han gestionado esta negociación han puesto tan poco empeño en la cuestión gibraltareña que la propia Comisión Europea, durante la negociación final, se ‘olvidó’ de recoger el asunto en el texto. Esa ‘traición’ provocó el plante de Sánchez, que se ha saldado con un compromiso adicional que no deja de ser un churri-acuerdo para tapar los errores cometidos durante los últimos meses.

No obstante, para que los textos aprobados en Bruselas puedan entrar en vigor todavía quedan por superar grandes obstáculos, por lo que, para consuelo de España, es probable que antes o después acabe descarrilando todo.

En París y en otras capitales se frotan las manos ante la posibilidad de que la UE consiga echar a Londres de la mesa donde se toman las decisiones

El pacto de divorcio alcanzado entre la UE y el Reino Unido es probablemente el único posible, pero deja a los británicos en una situación complicada porque seguirán disfrutando de todo lo que les interesa del club comunitario, especialmente el mercado interior, a cambio de perder la voz y el voto en la toma de decisiones de Bruselas. Ese escenario es ideal para la UE, que se quitaría por fin el lastre de Londres, que ha estado durante décadas vetando desde dentro que el resto de países avanzasen en una mayor integración.

En París y en otras capitales se están frotando las manos ante la posibilidad de que la UE consiga echar a Londres de la mesa donde se toman las decisiones pero sin que se vaya del todo del club. Sin embargo, no parece que ese escenario vaya a ser fácilmente asumido por los británicos porque no convence ni a los partidarios de un Brexit definitivo ni a los que preferirían seguir en la UE con todas sus consecuencias.

Por ese motivo, en este momento es muy complicado que la primera ministra británica, Theresa May, pueda conseguir que su Parlamento le apruebe los términos de la separación. Es más, aunque consiguiera su visto bueno no es descartable que ante la presión de la calle todo acabe con la celebración de un nuevo referéndum que sometería a consideración de los ciudadanos británicos si aprueban el acuerdo de salida acordado con la UE o prefieren seguir como hasta ahora. Sería la oportunidad para dar marcha atrás sin que se note demasiado.

La primera ministra británica, Theresa May. (Reuters)
La primera ministra británica, Theresa May. (Reuters)

Recordemos que todos los referendos que han puesto contra las cuerdas a la UE a lo largo de su historia han terminado de la misma manera: con una nueva consulta que ha arrojado un resultado distinto. La única duda que queda es si ese nuevo referéndum será impulsado por May o por su sucesor, sea previa dimisión de la primera o tras unas nuevas elecciones.

Tribuna

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