¡Qué error! ¡Qué hermoso error!

Bueno, pues ya estamos. Ya estamos otra vez en “el fascismo” y “el antifascismo”, la “España roja” y la “España rota”. 40 años de progreso y

Foto: Varias personas caminan por el Paseo de la Castellana, en Madrid. (EFE)
Varias personas caminan por el Paseo de la Castellana, en Madrid. (EFE)

Bueno, pues ya estamos. Ya estamos otra vez en “el fascismo” y “el antifascismo”, la “España roja” y la “España rota”. 40 años de progreso y convivencia eran mucho para nosotros. Algunos no han podido resistirse a volver a nuestros viejos mantras. De hecho 43 es un número desconocido de años de paz en nuestra historia. Nunca se había dado. Si ustedes cogen la historia de España y echan la vista atrás no encontrarán un periodo como este en los últimos siglos. 43 años sin guerras, ni golpes, ni revoluciones . Años que han supuesto nuestra integración en Europa y en el selecto club mundial de democracias plenas donde se respetan los derechos humanos. Un club minoritario donde no se ejerce la tortura, donde hay libertad de prensa, donde no hay pena de muerte. España es uno de los países del mundo con menor índice de criminalidad, no llegamos a los 0,7 asesinatos por cada 100.000 habitantes, solo nos superan Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein. ¡Cualquiera lo diría viendo nuestros informativos!

Pero eso es lo bueno. Lo bueno es que en España siguen siendo noticia los asesinatos. En Venezuela, Honduras o Brasil con decenas de asesinatos diarios, ya no es noticia. Contamos además con un sistema de protección social de altísimo nivel. Tenemos una sanidad pública que acoge al 100% de la población, una educación pública que atiende a todas las necesidades, uno de los paises con menores niveles de contaminación ambiental de Europa. En todos los ranking del bienestar España encabeza la lista. En los de esperanza de vida es segunda camino de ser primera del mundo superando a Japón. En índices de suicidios es la numero 23 de toda Europa a 28, con una tasa de 7,51 por cada 100.000 han frente al 10,90 de la media europea.

En resumidas cuentas vivimos en el mejor de los mundos posibles. No es perfecto aún, ciertamente. Todavía queda mucho por hacer en cuanto a desigualdad, reparto de la riqueza y funcionamiento del ascensor social. Nuestra economía tiene serios problemas de futuro y nuestra administración y los servicios públicos adolecen de cierta falta de exigencia, independencia, rendición de cuentas y control de calidad, pero el panorama global es como para sentirse razonablemente satisfecho.

Entonces, ¿cómo justificamos, con estos datos, el auge de partidos populistas a izquierda y derecha que justifican su crecimiento en el catastrofismo, el odio y el miedo? Es un escenario ciertamente peculiar. Pero es que señores, hay una cosa en la que España es campeón en Europa: es campeón en desconfianza . El porcentaje de españoles que confía en su gobierno no llega al 25%, mientras que la media de la OCDE supera el 40% y países como Alemania, Noruega, Holanda, Suecia o Nueva Zelanda superan el 50%. Dirán ustedes que esto es normal, porque hemos tenido gobiernos corruptos e incompetentes y la desconfianza es la consecuencia lógica. Pues solo en parte, porque ocurre que los españoles somos también los que más desconfiamos de nuestros vecinos, de nuestros semejantes.

Si hay algo que no se perdona en este país es la capacidad de pactar y negociar. “Negociar”es un verbo despectivo en España: “es un negociante”

Mientras que en Dinamarca, Noruega o Suecia el 70% de la población confía en sus semejantes, en “los otros”, en España ese porcentaje no llega al 20%. Somos pues una nación enferma de desconfianza. Una nación en la que resulta mucho más fácil sembrar el odio, que hacer propuestas de regeneración. El terreno está abonado. Si tú dices “resistamos al fascismo” o “luchemos contra el comunismo”, si apelas al miedo, si llamas al enfrentamiento, siempre tendrás un porcentaje más alto de la población detrás tuyo que si dices “cambiemos nuestra forma de hacer las cosas”. Por eso triunfo la moción de censura, fue una moción “contra Rajoy” no fue una moción a favor de Sanchez. Fue un acto de españolidad sin tacha. Un “a por ellos”, en toda regla. De hecho, a pesar de lo que dice nuestra constitución, ni siquiera el candidato necesito plantear un programa alternativo. Nada más español. Fue un “que se jodan” en toda regla.

Quizás por eso estoy orgulloso de mi partido. Siempre hemos procurado hacer propuestas , no bloquear, no destruir, intentar construir. Hemos llegado a acuerdos de investidura con PP y PSOE en gobiernos nacionales, autonómicos y ayuntamientos. Siempre hemos procurado que funcionen las instituciones y no paralizarlas. Nuestra tarea legislativa no se ha basado en “derogar”, se ha centrado en proponer. Hemos propuesto la ley de Autónomos, la de dignidad al final de la vida, la de la alta inspección educativa y tantas otras. Naturalmente esta actitud nos ha granjeado enemigos a ambos lados. Para unos somos aliados de la izquierda, para otros somos la extrema derecha y para ambos somos lo más español que se puede ser : “no somos gente de fiar”. Veletas, oportunistas, chaqueteros, acomodaticios...Si hay algo que no se perdona en este país es la capacidad de pactar y negociar. “Negociar” es, de hecho, un verbo despectivo en España: “es un negociante”. Un ser taimado y sin principios. Este país, tan de trincheras, tan del Madrid o del Barça, necesita un partido como el nuestro más que ninguna otra cosa. Necesita gentes capaces de tomar una caña en la estación con unos y de hablar con otros en el parlamento.

Sin ley no hay democracia. La ley es la salvaguardia del diálogo y la protección de los más débiles. De la ley a la ley, como decía don Torcuato

Un partido capaz de pactar reformas a izquierda y derecha que permitan a este país seguir por la senda de la reforma y no de la ruptura. Ese fue el camino que elegimos en el 78, el de la reforma y no el de la ruptura. Entonces había quienes propugnaban romper con todo y empezar de nuevo, se equivocaban. También había quienes se querían instalar en el búnker, también se equivocaban. Hoy en el búnker están los forofos del bipartidismo, en en el bando de la ruptura están los populistas de ambos lados de la cancha. Nosotros estamos convencidos de que este país necesita reformas y no fracturas, así que seguiremos aquí, en el bar de la estación, intentando convencer a tirios y troyanos, caminando al lado de todos y en contra de ninguno. En contra sólo de aquellos que se salten las leyes. Porque sin ley no hay democracia. La ley es la salvaguardia del diálogo y la protección de los más débiles. De la ley a la ley, como decía don Torcuato, el ignorado padre de la democracia española, ese es el camino que queremos recorrer.

Sé que muchos nos gritan hoy aquello de “¡que error, que inmenso error!” , pero algunos tenemos edad suficiente para recordar que así titulo “El País” un famoso artículo de opinión al enterarse del nombramiento de Adolfo Suárez. Cometamos ese error de nuevo , ese hermoso error de creer que en España es posible la negociación y la reforma. El error de confiar en el otro. El error de pedir la paz y la palabra. El error de creer que este es un gran país. Nuestro país

Tribuna

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