Los robots deben cotizar a la Seguridad Social

Muchas gasolineras no tienen trabajadores, la banca ha perdido miles de puestos de trabajo por su acceso a internet y anteriormente con los cajeros automáticos

Foto: Robots, vestidos de enfermeras portan documentos en un hospital de Bangkok. (Reuters)
Robots, vestidos de enfermeras portan documentos en un hospital de Bangkok. (Reuters)

Hace unos días, vi con enorme satisfacción la noticia en este mismo diario de que el Pacto de Toledo recogía entre sus conclusiones que abría la posibilidad de que los robots puedan cotizar a la Seguridad Social y, de esta manera, realizar aportaciones al sistema de pensiones, propuesta que UGT había realizado, entre muchas otras, a la citada comisión en sede parlamentaria y fuera de ella. Lamentablemente, tan sólo dos días después, la Comisión del Pacto de Toledo, después de tres años de trabajo, acabó sin resultado.

Pero volvamos al origen de este artículo: el 4 de octubre de 2017, en el marco de una intervención en una asamblea sindical en Asturias, lancé la propuesta que podría resumirse de una manera llana, como hizo algún medio en su titular, en que los robots coticen a la Seguridad Social o paguen impuestos para pagar las pensiones.

Sobre esta cuestión hay una enorme controversia, pero está claro que es algo que debemos tener en cuenta. Todos vemos diariamente las consecuencias que sobre el empleo y las cotizaciones tienen la introducción de estas nuevas tecnologías. Por citar sólo tres ejemplos de sectores bien distintos: muchas gasolineras no tienen trabajadores, la banca ha perdido miles de puestos de trabajo por su acceso a internet y anteriormente con los cajeros automáticos, y las fábricas del automóvil cuentan con líneas enteras de sus cadenas de montaje en las que solo trabajan robots.

La europarlamentaria del grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, Mady Delvaux (Luxemburgo), también planteó en el Parlamento Europeo el 'Informe sobre Personas Electrónicas', para adelantarse a la irrupción que la robótica podría tener en las empresas y en el sistema impositivo sobre el que se ha construido el Estado de bienestar de la mayoría de los países, con la idea de que los robots deben pagar impuestos. Tan sólo unos meses después de mi propuesta, Bill Gates, fundador de Microsoft, se definió de la misma manera, el Foro de Davos lo introdujo en uno de sus documentos y sus debates (citando la propuesta de UGT) y el parlamento de Valonia debatió al respecto.

La razón de esta proposición es que el proceso de irrupción de los robots en la economía va a tener consecuencias directas sobre los trabajadores

La razón de esta proposición es que el proceso de irrupción de los robots (no solo humanoides) en la economía va a tener consecuencias directas sobre los trabajadores, sus puestos de trabajo, sus salarios, sus condiciones laborales, sobre las cotizaciones sociales y sus pensiones, los sistemas fiscales y los de protección social. Cuando nos pronunciamos a favor de que los robots coticen a la Seguridad Social lo que hacemos es una simplificación metafórica para poner sobre la mesa este problema y la necesidad de buscar soluciones para afrontarlo, para que no pierdan los de siempre, la gente común y corriente que se gana la vida con su trabajo. Esos robots sustituirán a muchos trabajadores que dejarán de ganar un salario, no podrán cotizar a la Seguridad Social y no pagarán impuestos, y eso tendrá una consecuencia directa sobre nuestro sistema de pensiones, entre otros muchos ámbitos de incidencia. No nos oponemos a la introducción de nuevas tecnologías. Se trata de que la robotización de la industria y los servicios no solo sirva para que las empresas obtengan más beneficios sobre el precio final de los productos o las cuentas de resultados, sino que también proporcione a la sociedad, mediante aportaciones a los sistemas fiscal, de protección social y las pensiones, recursos que de otra manera desaparecerán junto al empleo que sustituirán. Por eso sería lógico que los robots cotizaran y pagaran impuestos.

Nuestra Seguridad Social y nuestro sistema de pensiones tienen un problema de ingresos no de gastos. Por eso, junto a propuestas como la eliminación de las bases máximas de cotización, suprimir las subvenciones a la contratación, que lo Presupuestos Generales del Estado paguen los gastos corrientes de la Seguridad Social o las pensiones no contributivas, es necesaria esta propuesta de que los robots aporten al sistema y que el presupuesto de la Seguridad Social para todas las pensiones contributivas se complete con impuestos además de cotizaciones; se requiere otro impuesto a las nuevas tecnologías que destruyen empleo y que los robots, de una u otra manera, coticen a la Seguridad Social.

*Pepe Álvarez es secretario general de UGT.

Tribuna

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