El Perú que seremos

Ofrece un territorio de diálogo recíproco e integrador, una herramienta muy útil y necesaria para desmontar las retóricas de la crispación y el populismo

Foto: Pedro Sánchez recibe al presidente de Perú, Martín Vizcarra. (EFE)
Pedro Sánchez recibe al presidente de Perú, Martín Vizcarra. (EFE)

Desde el santuario de Pachacamac o los dibujos de Felipe Guamán Poma de Ayala, hasta los artistas peruanos, las galerías, los coleccionistas y las instituciones que van a protagonizar la edición de Arco de este año, parece evidente que el arte del Perú y sus imágenes han sido capaces de anticipar e influir en la realidad social del país. En un mundo tan hiperconectado y global como el presente, los artistas reunidos estos días en Madrid aportan un relato estructurado y pleno de sentido del Perú. Como ha ocurrido casi siempre, el lenguaje creativo es capaz de interpretar el mundo, de conjugar la sociedad más allá de la ciencia o la razón, y de explorar otras fórmulas de convivencia y hasta de realidad nacional.

'Perú en Arco' es sin duda una de las secciones estelares de la feria española de arte contemporáneo y de los programas paralelos. En conjunto se trata de una muestra modélica. Pone en común la iniciativa pública con el empuje privado para definir un sentido y todo un relato de país. Un ideal estructurado en torno al arte, capaz de estimular el compromiso y la adhesión de toda una sociedad y de generar tanta reflexión como entusiasmo. Estamos ante una estrategia de comunicación inteligente y eficaz. Define una iniciativa abierta y transversal de la que todos podemos sentirnos partícipes y responsables. A la vez, ofrece un territorio de diálogo recíproco e integrador, una herramienta muy útil y necesaria para desmontar las retóricas de la crispación y el populismo.

Es ya un tópico hablar de la trascendencia económica del arte y de su creciente aportación inducida al Producto Interior Bruto de cada país. El filósofo Gustavo Bueno enmarcaba ese valor económico en una estructura todavía mayor, según la cual crear un sentido determinado de cultura representa una de las grandes obligaciones legitimadoras del Estado en las sociedades posmodernas. No quisiera entrar en ese debate. Me interesan más las nuevas maneras en que se crea un relato en torno al arte nacional porque, desde hace años, ese discurso cultural se elabora con las técnicas de comunicación más innovadoras y disruptivas. En mi modesta opinión, 'Perú en Arco' es un ejemplo brillante y bien conseguido de dicho fenómeno.

En 2019 se cumplen treinta años de 'Las condiciones del éxito', ensayo crucial de Alan Bowness, por entonces director de la Tate Gallery. Expone en él su 'teoría de los cuatro círculos', según la cual antes de alcanzar la fama un artista tiene que superar otros tantos círculos: el de sus pares, el de los expertos, el del mercado (coleccionistas privados, galeristas y marchantes) y el del público. La teoría de Bowness ha sido ampliada y mejorada por los excelentes estudios de Nuria Peist y Pablo Navazo. Sugiere que existe una estructura constante para la organización espacial y temporal del reconocimiento de los artistas. Dicha legitimación cada vez depende más de un reducido grupo de influyentes de los círculos segundo y tercero, por cuanto existe tantísimo material cultural nuevo que solo ellos pueden realizar su adecuado filtrado y selección.

'Perú en Arco' es un ejemplo brillante y bien conseguido de dicho fenómeno

Estamos por tanto ante un nuevo aspecto de la denominada economía de la atención. En el entorno digital existe tanta información sobre cualquier asunto que resulta imposible procesarla. Por eso surgen determinados expertos e influyentes, en el arte o en cualquier otro asunto de interés, legitimados para activar una serie de territorios y comunidades en torno a los que conversar. Porque además este diálogo será mucho más fluido, bidireccional y abierto de lo que era costumbre en el tiempo de la comunicación de masas.

En mi profesión hemos definido los territorios como asuntos de interés en torno a los que se habla de forma sostenida en el tiempo. Las comunidades son el grupo de personas involucradas en cada uno de esos territorios y que interactúan en él. En LLORENTE & CUENCA estamos persuadidos de que, en pleno siglo XXI, ninguna institución pública ni empresa privada podrá comunicarle nada a nadie si antes no acepta ese marco general de actuación. Necesita definir y poner en marcha su propio relato, enfocarlo a determinados territorios y prepararse a dialogar de ello con las comunidades que se sienten implicadas.

Este hecho aparentemente circunstancial está llamado a evolucionar (y revolucionar) la comunicación corporativa en todo el mundo. Por primera vez, las empresas pueden y están obligadas a convertirse también en medios de comunicación. Deberían conversar sobre su propósito, sus valores y todo aquello que las individualiza y da sentido. Sin dogmas ni ideas preconcebidas, con credibilidad y respeto, integrándose con las personas influyentes de su sector y creando junto a ellas un relato que no es tanto dónde se está sino adónde se quiere ir.

Por primera vez, las empresas pueden y están obligadas a convertirse también en medios de comunicación

Las instituciones, los coleccionistas y los artistas peruanos han conseguido articular en un tiempo récord toda esa comunicación sobre su arte nacional. Ha sido un proceso tan horizontal y vivo que, en torno a él, está fluyendo una reflexión profunda y enriquecedora sobre el ser nacional y el proyecto de país. Si se me permite el juego de palabras del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, un verdadero diálogo sobre el Perú que seremos. Es una magnífica lección de lo mucho que pueden ofrecernos los nuevos modelos y las nuevas estructuras de comunicación cuando realmente creemos en ellas y las ponemos en marcha. ¿Conversamos ya?

*José Antonio Llorente, socio fundador y presidente de LLORENTE & CUENCA

Tribuna

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