New Deal verde, y morado

El contrato social está roto en nuestro país desde que las “reformas estructurales” de la Troika se lo llevaron por delante

Foto: Portesta el 8-M. (EFE)
Portesta el 8-M. (EFE)

Salimos de la crisis con una nueva sociedad en la que millones de personas han visto no solo cómo se erosionaban sus condiciones económicas y laborales, sino también cómo se quebraban su seguridad y sus expectativas vitales. Las políticas adoptadas durante la última década han llevado a que el crecimiento económico se desconecte del bienestar social, de forma que la mera creación de empleo ya no basta para proporcionar certezas y facilitar un proyecto de vida.

El contrato social está roto en nuestro país desde que las “reformas estructurales” de la Troika se lo llevaron por delante. Y construir uno nuevo, adaptado a las necesidades del siglo XXI, que recomponga nuestra sociedad y revitalice la condición de ciudadanía exigirá determinación para encarar las grandes transformaciones que necesitamos. Porque, como bien señala Antón Costas, los periodos no convencionales requieren de políticas no convencionales para restablecer la convivencia.

El contrato social está roto en nuestro país desde que las “reformas estructurales” de la Troika se lo llevaron por delante

El nuevo contrato social que hay que poner en pie debe poner la vida en el centro de la política económica: crear empleo de calidad, garantizar la sostenibilidad ecológica, asegurar las expectativas de futuro y avanzar hacia un reparto igualitario del trabajo. Estos tienen que ser sus objetivos prioritarios.

Son muchas las voces –desde Thomas Piketty hasta la congresista demócrata Ocasio-Cortez– que hoy plantean la necesidad de un New Deal verde, y con razón. Luchar contra el cambio climático y evitar el calentamiento global es un desafío urgente e ineludible, si queremos preservar la vida en el planeta tal y como la conocemos.

Pero el New Deal que necesitamos para reconstruir el contrato social no solo es verde. También debe ser morado, porque solo escuchando el mensaje que el feminismo está poniendo sobre la mesa podremos avanzar en transformaciones que verdaderamente modernicen nuestra sociedad en beneficio de la mayoría social, garantizando horizontes de estabilidad y bienestar para quienes hoy viven con proyectos vitales cercenados.

Nuestra propuesta pasa por un ambicioso programa de inversiones destinadas a desplazar la economía hacia un nuevo horizonte verde, que impulse igualmente la reorganización de los trabajos de cuidados en nuestra sociedad. Esto requiere movilizar importantes recursos públicos y privados, sabiendo que la magnitud del cambio que se pretende exige medidas excepcionales.

El mercado y los mecanismos de incentivos se han demostrado muy limitados para acometer el reto medioambiental que tenemos. Es el Estado quien debe emprender y liderar este cambio con, al menos, tres vectores. La rehabilitación inmobiliaria de medio millón de viviendas al año para mejorar sus sistemas de aislamiento y su eficiencia energética; el fomento de nuevas tecnologías renovables, con el objetivo de reducir un 90% las emisiones de CO2 durante las próximas décadas; y el desarrollo de la movilidad eléctrica, para que en 2040 dejen de circular por España vehículos con motores de combustión.

Debemos avanzar en el desarrollo de nuevas infraestructuras sociales que permitirían apostar realmente por la igualdad

De forma paralela debemos avanzar en el desarrollo de nuevas infraestructuras sociales que permitirían apostar realmente por la igualdad –de oportunidades, y también de resultados– entre mujeres y hombres. Para ello, es necesario construir instituciones públicas que garanticen que es la sociedad en su conjunto –y no solo las mujeres– quien asume una parte del cuidado de nuestros menores y mayores.

Garantizar la cobertura universal y gratuita en la educación de 0 a 3 años, y desarrollar un verdadero sistema de atención a la dependencia son dos inversiones cruciales para facilitar el reparto social de los cuidados, y aligerar así la pesada “mochila de piedras” con la que las mujeres acuden al mercado de trabajo.

Ahora bien, una verdadera ‘transformación morada’, que sirva para refundar el contrato social en clave de progreso, tiene que ir más allá de este programa de inversiones. Debemos apostar por una profunda reorganización del tiempo de trabajo, que reduzca la jornada laboral a 34 horas semanales –sin disminución salarial– y racionalice los horarios. Esto facilitará la conciliación, y una redistribución más igualitaria del tiempo que mujeres y hombres dedicamos a los trabajos productivos y reproductivos.

* Nacho Álvarez es responsable de Economía de Podemos y Jorge Uxó es miembro de la Secretaría de Economía de Podemos y candidato al Congreso de los Diputados.

Tribuna

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