El reciclaje como motor de la economía verde

Es crucial llevar el reciclaje más allá de los 600.000 contenedores amarillos y azules que hay en las calles de nuestro país, y que la innovación y la tecnología estén al servicio de ese ciudadano reciclador

Foto: Cientos de envases de plástico son tratados en una planta de reciclaje en Suiza. (EFE)
Cientos de envases de plástico son tratados en una planta de reciclaje en Suiza. (EFE)

La Unión Europea está empezando a fijar como objetivos prioritarios en su agenda aspectos tan cruciales como la descarbonización de la economía, la innovación tecnológica para la mejora de la competitividad o la economía circular. Esta última se presenta como el principal paradigma que rediseña las actuales formas de producir, consumir y gestionar los residuos.

En este contexto de transformación, en el que España se enfrenta a importantes retos y oportunidades para ofrecer soluciones a su tejido económico, es cuando las actividades que conforman la llamada economía verde deben alzarse como impulsoras del cambio. Aquí, sin duda, toda actividad relacionada con la gestión de los residuos tendrá una importancia capital. Y, precisamente en esta materia, nuestro país todavía debe dar pasos.

En el debate público está muy presente la necesidad de trabajar en reducir la generación de los residuos, tanto desde la propia producción como fomentando un consumo más responsable. Hablo de las 3R, algo que tanto los gobiernos como las empresas y la ciudadanía ya tienen más que interiorizado como paso indispensable para garantizar el futuro de nuestro planeta.

En este sentido, junto a la reducción y la reutilización, hay otra 'erre', la del reciclaje, que también cobra especial relevancia. Porque, afortunadamente, hay residuos que ya llevan décadas gestionándose adecuadamente en España, bajo los preceptos de la economía circular y contribuyendo a la creación de empleo verde. Es el caso de los envases domésticos cuyo reciclaje coordinamos desde Ecoembes. Gracias a un modelo basado en la colaboración público-privada, la gestión de los envases que se depositan en los contenedores amarillos (envases de plástico, metal, 'brik') y los contenedores azules (envases de papel y cartón) ha generado 9.400 empleos directos en nuestro país. Pero no solo eso, sino que además ha conseguido involucrar a la ciudadanía para que el hábito diario de separar los residuos en los contenedores se consolide. Un compromiso ciudadano que ha estado más presente que nunca en 2018.

Hay residuos que ya llevan décadas gestionándose adecuadamente en España y contribuyendo a la creación de empleo verde

Conscientes de su papel en el cambio de modelo social y económico, y de las urgencias a las que se enfrenta el planeta, los ciudadanos han dado un paso al frente y han demostrado su compromiso con el medio ambiente, a través de distintas movilizaciones, como las estudiantiles, pero, también, mediante el reciclaje.

Ellos han querido ser ejemplo y motor de cambio. Y buena muestra de ello es el crecimiento del 12% que ha experimentado su colaboración con el reciclaje de los envases que se depositan en los contenedores amarillos y azules el pasado año, cantidad que ha crecido más que nunca. Han alzado la voz y, sobre todo, han actuado, viendo en el reciclaje una buena forma de cambiar las cosas y de demostrar que, en este cambio hacia la economía circular, podemos contar con ellos.

Y por eso no podemos fallarles. La respuesta debe estar a la altura y debe pasar no solo por incorporar esos 14 millones de toneladas de residuos municipales que no se están gestionando a la senda circular del reciclaje (para lo que la Administración debe tomar medidas), sino por repensar la forma en que favorecemos la participación e implicación ciudadana en la economía circular y en el reciclaje, como uno de sus pilares fundamentales. Y aquí la innovación es la gran aliada. Blockchain, sensórica, gamificación, internet de las cosas… Son solo algunos de los conceptos que, de forma cada vez más habitual, se van introduciendo en nuestro día a día y van a marcar la forma en que relacionamos la sociedad, y, en particular, al ciudadano con el reciclaje.

El rumbo tecnológico hacia el que avanza nuestra sociedad hace más necesario que nunca proveer de las mejores herramientas a todos los agentes implicados en este proceso —ayuntamientos y empresas— para poder trabajar de forma más flexible, eficiente, sostenible y cercana al ciudadano, que es quien está marcando el ritmo.

Por eso, es crucial llevar el reciclaje más allá de los 600.000 contenedores amarillos y azules que hay en las calles de nuestro país y dar pasos hacia un futuro donde la innovación y la tecnología estén al servicio de ese ciudadano reciclador. El ejemplo más reciente lo encontramos con Reciclaje 5.0, una iniciativa desarrollada en TheCircularLab —el centro de innovación sobre economía circular pionero en Europa— que busca conectar al ciudadano con el contenedor a través de su móvil para movilizarle a reciclar más y mejor. Por medio de la gamificación, el ciudadano obtiene 'reciclos' por cada lata o botella que recicla, es decir, puntos que puede intercambiar posteriormente por servicios relacionados con la sostenibilidad. Así, el contenedor deja de ser únicamente el lugar donde depositar los envases, ahora se convierte en una fuente de datos para la Administración y un activador de hábitos sostenibles. A mayor reciclaje, mayor vinculación y conexión del ciudadano con otros servicios de su municipio vinculados también al cuidado del medio ambiente. Reciclaje 5.0 es un proyecto disruptivo que nace para avanzar hacia un verdadero modelo de 'smart city' en la que la tecnología más puntera es aplicada a los procesos de recogida de residuos.

Pero, para que la economía circular llegue —y lo haga para quedarse— es necesario que se sume el sector empresarial. Las empresas deben (y quieren) formar parte de esta revolución económica sostenible y, para alcanzarla, no solo tienen que favorecer y fomentar el reciclaje, también deben reducir e invertir en I+D para conseguir que sus envases tengan un menor impacto ambiental a la vez que cumplan los requisitos técnicos necesarios para el uso que se les vaya a dar.

Las empresas deben formar parte de esta revolución económica sostenible y, para alcanzarla, no solo tienen que favorecer y fomentar el reciclaje

Conscientes de esta necesidad, cada vez son más las empresas que están investigando y trabajando con el fin de poner en el mercado envases con menor huella ambiental, que sean 100% reciclables, que conlleven una reducción del uso de plásticos, que utilicen materiales de origen renovable e incorporen material reciclado. Todas ellas medidas con las que el sector empresarial está dispuesto a comprometerse de forma conjunta y que conllevarían cambios en la forma de producir. Unos cambios que traerán consigo el desarrollo de industrias y tecnologías paralelas, la creación de nuevos empleos y, también, riqueza verde y circular, una riqueza —en apariencia intangible— que se traduce en un planeta más cuidado y respetado.

Ahora que todos los sectores, desde las administraciones públicas a las empresas pasando por la ciudadanía, han sido conscientes de la problemática ambiental a la que nos enfrentamos, no hay vuelta atrás. El camino hacia la economía verde y circular es el único posible para asegurar el futuro de nuestro planeta, y eso implica que todos sin excepción debemos entenderlo como una herramienta de crecimiento, competitividad, innovación y empleo, o, de otra manera, nunca alcanzaremos una reindustrialización integral y sostenible.

* Óscar Martín es Consejero Delegado de Ecoembes.

Tribuna
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