Veneno sabiniano

Cualquier persona que pudiera ver las muchas imágenes de algunos de mis vecinos que por las redes circulan podría inocentemente inferir que ETA está todavía muy viva, pero no

Foto: La Ertzaintza carga en Rentería (Guipúzcoa) contra los que protestaban por la presencia de Ciudadanos en el municipio. (EP)
La Ertzaintza carga en Rentería (Guipúzcoa) contra los que protestaban por la presencia de Ciudadanos en el municipio. (EP)

Vive en mi pueblo, Rentería, la eterna controversia, el debate incólume de los tontos y los dichosos, la juanramoniana psicosis del nombre puro y verdadero. «Hoy te he mirado lentamente, / y te has ido elevando hasta tu nombre». Oficialmente Errenteria, Rente en la prosa popular, Orereta tallado en la nostalgia de la cueva y la pequeña Mánchester para los que su historia interesa. Y, entre todos ellos, el que es de siempre mi favorito y hoy quería rescatar es el de la villa galletera. Y no por lo nobles y necesarios haceres de la antigua fábrica de Olibet, sino por lo que estuvo a punto de suceder el domingo tras el mitin de Ciudadanos.

Cualquier persona que pudiera ver las muchas imágenes de algunos de mis vecinos que por las redes circulan podría inocentemente inferir que ETA está todavía muy viva, pero no. El buen hacer de unos pocos hombres decapitó a la serpiente. Sin embargo, el veneno sabiniano que le dio vida, Dios y Ley Vieja, todavía emponzoña las calles como un charco que en la tierra de la lluvia nunca termina de secarse. Amamantados desde cachorros en la marmita del odio, odiando, como decía Iñaki Rekarte, no sabes qué, un país que ni siquiera conoces, todo lo que no es como tú, al enemigo ficticio. Muerto el tirano, un liberal pasa por fascista. Son las rebajas antifas, señora compa. Y etiquetado el diablo, la salvación es inaplazable. Todos conocemos ese tufo supremacista —pobres españoles, habladores, un poco holgazanes—, ejemplos tenemos. Incluso de niñatos con tres meses cotizados.

Veneno sabiniano

Rentería es un pueblo levantado por inmigrantes. Castellanos y extremeños cuyos descendientes rechazan como una provocación que sus compatriotas puedan compartir algunas ideas en la tierra donde sus abuelos y padres buscaron una oportunidad para vivir dignamente. Curiosa idea de la provocación. Extrañas piruetas mentales de unos bulímicos intelectuales que comparten argumento con violadores y machistas. Que comparten argumento, también, con los verdaderos fascistas, así mismos antifascistas, que mataron a Caso de un tiro, a Zamarreño con una moto bomba, o volaron la casa de Gironza. En aquel momento no hubo alerta antifascista. Si los mataron, algo habrían hecho. Si eras concejal del PP o del PSOE, ya sabías lo que te podía pasar.

Dicen que vienen a sembrar el odio. A plantar la semilla reaccionaria. ¿Cómo explicamos a estos escasos cretinos que incluso aunque así fuera se encontrarían en pleno derecho de hacerlo? ¿Cómo explicar que no hay nada menos justo que la justicia popular de unos pocos? ¿Que solo un juez puede, en circunstancias graves y evidentes, suspender un derecho fundamental como el de reunión? ¿Cómo pueden hablar de totalitarismo los que organizados en milicias populares niegan tan básicos derechos a sus vecinos? Rechazan, niegan la propia realidad de un pueblo cuyas aristas no desean conocer. Una realidad mucho más diversa fuera de la 'herriko taberna'. Pero una realidad todavía miedosa. A pesar del tiempo equidistante.

Alguien dejó por escrito: "Les aterra oír que a los 'maketos' se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¡Ah, la gente amiga de la paz! Es la más digna de odio de los patriotas".

Sí, amigos, hasta esto lo vio venir el bueno de Sabino.

*Daniel Palencia, 27 años, es natural de Rentería y en la actualidad reside en Madrid.

Tribuna
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