Un elefante rosa en el sofá

Nuestro elefante es el paquidermo de la centralidad política, de centralidad frente a radicalidad, de moderación frente a esencialismo, de lo que es frente a lo que debería ser

Foto: Foto: Unsplash.
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En el salón de la arena sociopolítica española tenemos un elefante rosa sentado en nuestro sofá y parece que nadie lo ha visto o no lo ha querido ver, esta capacidad de ignorar la realidad tiene su precio en forma de resultados electorales. Nuestro elefante es el paquidermo de la centralidad política, de centralidad frente a radicalidad, de moderación frente a esencialismo, de lo que es frente a lo que debería ser, de realidad frente a ficción.

Pero ¿cómo es posible que semejante animal haya pasado (casi) desapercibido? En el grupo OEC ('think tank' de SCC) teníamos un estudio en el que se analizaba la evolución de la percepción izquierda-derecha de los partidos políticos por parte de la población, resulta relevante cómo había un movimiento hacia los extremos, por un lado el PSOE había “podemizado” su discurso y, por otro, PP y Cs habían acercado sus propuestas y postulados hacia la derecha populista de Vox, en los gráficos se veía un enorme 'gap' de lo que correspondería al llamado “centro político”…centro que pasaba desapercibido o, mejor dicho, huérfano de opciones políticas.

El maremoto del independentismo produjo una serie de olas, tras cada una de ellas aparecía un léxico cada vez más radicalizado, más esencialista

La respuesta a la pregunta planteada podríamos situarla en Cataluña, el maremoto del independentismo catalán produjo una serie de olas, tras cada una de ellas aparecía un léxico cada vez más radicalizado, más esencialista, más deontológico que realista, una narrativa extraña en nuestra democracia pero que en realidad era el escenario que buscaba el separatismo: un enfrentamiento entre comunidades tan imaginadas como antagónicas, este antagonismo creció en la cresta de las olas como un duelo entre léxicos últimos tan irreales como funestos para nuestro sistema democrático.

Esos movimientos hacia la polarización discursiva fueron los que dejaron el enorme hueco en la demanda de una política centrista y centrada, de esa mayoría de españoles no que quieren aventuras, experimentos, ni salvadores de la patria, de los que creemos que en democracia se puede hablar y dialogar de todo, de todo por supuesto siempre con el Estado de Derecho como marco de juego y de referencia, no caer en la excepcionalidad como excusa para conculcar los derechos y libertades de una parte de la ciudadanía, los límites del debate son los límites de la libertad.

El apretujarse en los polos del eje izquierda/derecha ha demostrado no ser un buen negocio en lo que a resultados electorales se refiere, pero si nos fijamos, en los movimientos de última hora previos a las Generales, sí que hubo quién percibió cómo en el epicentro de la deriva esencialista en nuestro país, esto es en Cataluña, algo había cambiado, tras las olas del tsunami ya se atisbaba una calma, una necesidad social de acabar con la incertidumbre, de rebajar la tensión, de amainar la tormenta…

El apretujarse en los polos del eje izquierda/derecha ha demostrado no ser un buen negocio en lo que a resultados electorales se refiere

Es cierto que este cambio de paradigma responde a intereses cortoplacistas y a una mirada estratégica, por un lado en el horizonte aparece la conformación de un gobierno distinto en la Generalitat (quizás un bi o tripartito) y, por otro, tenemos a ERC que quiere atemperar la situación con vistas a proyectar hacia el futuro su proyecto independentista, quieren volver a la casilla de salida del Estatut y de aquí quince o veinte años recoger los frutos políticos del programa de ingeniería social que sufrimos los catalanes desde hace decenios, la pregunta será ¿harán algo los gobiernos de nuestra nación para actuar sociológicamente para evitar ese desenlace?, ¿algo inteligente pensado a medio y largo plazo que impacte en el marco mental de los catalanes y rompa las dinámicas impuestas por el nacionalismo?

Por cierto, el elefante rosa sigue sentado en el sofá, es la oportunidad de recuperar los grandes acuerdos, es el espacio donde se conformarán las grandes mayorías y consensos que tanto necesita nuestro país, si bien es cierto que en las últimas elecciones Generales (casi) nadie vio o quiso ver al elefante, pero al final, nadie lo vio y Pedro Sánchez se lo quedo…

Tribuna
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