Guadalupe como modelo

Me entusiasmó que tuviera un rasgo indudable de adelantada a su tiempo, de pionera. En su clase de Químicas (1933) había únicamente cuatro mujeres

Foto: Guadalupe Ortiz de Landázuri
Guadalupe Ortiz de Landázuri

Este fin de semana, en Madrid, será reconocida públicamente por la Iglesia católica la santidad de Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975), una de las primeras mujeres del Opus Dei. La ceremonia se denomina técnicamente beatificación. Después de un complejo proceso de indagación y estudio de su vida y tras la verificación de una curación médicamente inexplicable que se le atribuye, la Iglesia católica propone la figura de Guadalupe como modelo. Como modelo ¿para quién?... Ciertamente como modelo para los católicos. Pero considero oportuno añadir algunos elementos para la reflexión. Porque este caso tiene interesantes peculiaridades.

Me interesó la figura de Guadalupe desde que tuve conocimiento de que una estudiante y doctora de nuestra universidad estaba en proceso de beatificación y se le reconocía fama de santidad.

Todavía hoy tenemos que seguir esforzándonos por proponer y promover modelos de mujeres que quieran destacar en las ciencias experimentales

En la sociología trabajamos frecuentemente con modelos. No se me escapa que algunos modelos de mujer que la Iglesia católica ha propuesto a lo largo de la historia no casan bien con las necesidades, inquietudes, reivindicaciones o anhelos del siglo XXI. Así, acabé por preguntarme qué habían visto en Guadalupe, una colega de la universidad, para proponerla cómo modelo.

Me entusiasmó que tuviera un rasgo indudable de adelantada a su tiempo, de pionera. En su clase de Químicas (1933) había únicamente cuatro mujeres. Y, antes, cuando estuvo en África, tuvo que insistir e insistir para ir a clase porque no se contemplaba que una chica en aquel sitio, en aquel momento, estuviera escolarizada y se preparara para luego seguir estudios universitarios. Guadalupe optó por las ciencias. Todavía hoy tenemos que seguir esforzándonos por proponer y promover modelos de mujeres que quieran destacar en las ciencias experimentales.

También ahora, en el siglo XXI, tenemos que trabajar para que las residencias universitarias y los colegios mayores no sean meros alojamientos, sino una extensión de la actividad científica y cultural de la universidad. Guadalupe se implicó notablemente en el laboratorio de Química de la versión para chicas de la célebre Residencia de Estudiantes. Y, cuando apenas había tradición en España, se lanzó a poner en marcha el colegio mayor Zurbarán.

Guadalupe fue una emprendedora social, en España y en México, donde promovió actividades con población indígena local

Cuando pensamos en el modelo ideal de graduada universitaria frecuentemente sale que debe tener capacidad de iniciativa y motivación para desarrollar proyectos con altura de miras al servicio de la sociedad. Guadalupe fue una emprendedora social, lo fue en España y lo fue en México, donde promovió interesantes actividades con población indígena local, particularmente entre las mujeres.

Considero que es modelo porque tuvo la suficiente flexibilidad y versatilidad para moverse bien en la docencia y en la investigación, para implicarse en proyectos que lideraba y en proyectos en los que debía ser la última. Para desarrollar una tarea de investigación puntera y para actividades sencillas y rutinarias… Cualquier colega sabrá que lo que describo es el modelo de personal universitario que todos querríamos tener en nuestro equipo.

Es también modelo porque supo estar abierta a crear vínculos internacionales. Empieza estudios de doctorado en la UNAM, nuestra universidad colega y hermana de México y los acaba en Madrid. Después de sortear problemas burocráticos, incidencias profesionales y serios problemas de salud acaba su investigación doctoral.

Pero quizá, lo que más me ha llamado la atención y, por lo que considero que incuestionablemente puede considerarse modelo para docentes y gestores universitarios, es porque en las cartas que se conservan y se han publicado recientemente se evidencia una gran capacidad para gestionar sus fracasos, defectos y debilidades.

En las cartas que se conservan y se han publicado recientemente se evidencia una gran capacidad para gestionar sus fracasos, defectos y debilidades

Hay una larga tradición de investigación histórica y sociológica que utiliza como material la correspondencia más o menos confidencial entre personajes de la historia o entre personas anónimas que dan cuenta en primera persona de lo vivido. De Guadalupe se conservan un buen número de cartas. Tienen la fuerza del relato íntimo. Reflejan inquietudes, ilusiones… y fracasos. Como los de los que nos desaniman cuando nos dedicamos a trabajar con personas en entornos educativos. Son historias de fracasos como los que estamos acostumbrados a comprobar con frecuencia en nuestros propios proyectos. Leer la mirada de Guadalupe sobre las dificultades que va encontrando es una lección de gestión de los propios fracasos y de los problemas del entorno.

Y todo contado por una mujer contemporánea, estudiante universitaria madrileña, que conoció el metro, el autobús, la televisión, la situación de las mujeres en la universidad, en España, en México y en África… Los experimentos químicos, los problemas indígenas, el emprendimiento social… y los fracasos personales y los dolores de nuestro tiempo. Y supo gestionarlos con propuestas valientes de transformación. ¿Cómo no considerarla un modelo también para nuestros universitarios del siglo XXI?

Agradezco a la Iglesia y al Papa que impulsen beatificaciones que den cuenta de la vida de personas variadas, normales… que se propongan modelos cercanos, asequibles y estimulantes (también para los no católicos)... como la propuesta de este fin de semana de considerar a Guadalupe como modelo.

Tribuna
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