La culpa de Pablo Iglesias

Solo hay que ver un ratito la tele para darse cuenta de que a los que mandan en este país, los que de verdad mandan, solo hay una cosa que les da miedo: Podemos y Pablo Iglesias

Foto: El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en la XXXV reunión del Círculo de Economía de Sitges. (EFE)
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en la XXXV reunión del Círculo de Economía de Sitges. (EFE)

Todos sabíamos que la negociación de gobierno iba a ser difícil. Presiones, campaña de descrédito, ruido interno y externo… El paquete completo. Sirvan de ejemplo la erupción mediática del falso informe PISA en 2015 y la cuenta 'fake' en Granadinas en plena negociación de 2016.

Es una lástima que toda la gente de Podemos no se tome este partido la mitad de en serio que se lo toman los que mandan en este país. Porque solo hay que ver un ratito la tele para darse cuenta de que a los que mandan en este país, los que de verdad mandan, solo hay una cosa que les da miedo: Podemos y Pablo Iglesias. Parece que lo demás lo tienen controlado.

Los que mandan en este país, los que realmente mandan, hace tiempo que han seleccionado cuidadosamente los flancos de ataque que creen que funcionan mejor contra Podemos. Da igual que sea falso o verdadero, da igual que sea contradictorio, da igual que sea ridículo: la culpa la tiene Pablo Iglesias.

La financiación de Venezuela, Catalunya, la cuidada administración del desánimo, el generoso patrocinio de las disensiones internas... Sin límite. Da igual que haya que apoyar a la vieja organización criminal de Villarejo y sus secuaces mediáticos y judiciales. Da igual destrozar el prestigio de todas las encuestadoras subiendo o bajando a los candidatos en las encuestas para crear decepción antes o después de las elecciones, tener que ver ahora a Manuel Valls ofreciéndose a salvar Barcelona del independentismo apoyando a los otrora traidores a su macilenta idea de patria, esa patria privatizada de bandera desvaída, con su macho cabrío legionario, su paraíso fiscal de pulsera y el imprescindible cohecho impropio con carajillo.

El que miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír

Las mentiras —dice Arendt— resultan a veces mucho más plausibles, mucho más atractivas a la razón, que la realidad, dado que el que miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír.

La realidad no necesita ser alterada u ocultada todo el rato, pero hay momentos 'históricos' donde la pugna solamente es la construcción de un relato, y ahí da igual que sea verdad o mentira, simplemente hay que adivinar y servir en bandeja de plata lo que los dueños de los medios y los grandes poderes necesitan hacer, pero sobre todo contar.

Los resultados de las elecciones autonómicas y municipales han sido malos. Mucho peores que los de las generales. Y, claro, la culpa es de Pablo Iglesias. No hay que ser un gurú de la comunicación para imaginarse las críticas a Pablo iglesias si los candidatos autonómicos hubieran sacado mejores resultados que él. Pero da igual.

Ahora el relato es otra vez el de las disensiones. Debe funcionar bastante bien. No hay 'crítico' que no tenga su espacio. Da igual el nombre propio… Mientras los movimientos sociales se quejan del telón de acero mediático que cae contra cualquier reivindicación social y laboral, no hay nadie que se apreste a criticar a Pablo Iglesias que no tenga su primera plana y su alcachofa en TV. Por no hablar del Partido de la Izquierda Más Nueva y su propuesta de constituir la tercera pata del Taburete del Ibex con el nuevo PSOE y el nuevo Cs.

Aquí lo que importa es que la culpa es de Pablo Iglesias… Y a eso se amoldan audaces críticos, tertulianos a tarifa y empresas de demoscopia

Seguro que la dirección de Podemos ha cometido errores, seguro que hay que revisar la gestión territorial, seguro que hay gente que ha primado la victoria sobre el enemigo interno que la unión de todos contra los poderosos. Pero aquí lo que importa es que la culpa es de Pablo Iglesias… Y a eso se amoldan audaces críticos, tertulianos a tarifa y empresas de demoscopia.

El calendario es implacable y otra vez volvemos a negociar el Gobierno. La retórica y la mentira van de la mano. Pero si algo deberíamos haber aprendido en Madrid es que cuando no haces de verdad políticas para cambiar la vida de las mayorías, cuando le das más importancia al márquetin y a la retórica que a las políticas públicas y la creación de derechos, cuando pretendes competir en el campo de batalla de la estética y la retórica, entonces gana la retórica… pero la de la derecha. Y con ella sus políticos que —como nunca han gobernado para la gente— de retórica saben un rato.

Terminadas las campañas electorales y definidas las estrategias, llega el momento de la verdad. Las presiones están sobre la mesa. Ciudadanos tiene que decidir si vuelve a su papel de concubina del Ibex o intenta de nuevo el asalto a un PP empeñado en desangrarse en el proceso de transfusión a la anémica ultraderecha de Steve Bannon.

Pero es el PSOE el que debe tomar las principales decisiones: ser responsable con el mandato de las urnas y constituir un Gobierno que sea el referente de la España real de sus gentes, de sus mujeres valientes, de sus jóvenes precarios, de sus pensionistas hartos de ser moneda de cambio con la CDU alemana, que sea el Gobierno de la pluralidad democrática, del diálogo territorial y la regeneración democrática, el Gobierno que trate a la sociedad española como una sociedad adulta… O si prefiere volver al tacticismo del viejo PSOE que intercambia votos de izquierdas por puestos en los consejos de administración a través de hacer políticas al dictado de los que mandan.

Y ahí Unidas Podemos es la prueba del nueve de la regeneración en el PSOE. Dijimos que seríamos garantía del cambio en este país y vamos a cumplirlo. Que a nadie le extrañe que vuelvan, como golondrinas primaverales, los ataques a Pablo iglesias, el altavoz a sus 'críticos', las banderas desvaídas y el dinero a las cloacas.

Unidas Podemos es la prueba del nueve de la regeneración en el PSOE. Dijimos que seríamos garantía del cambio y vamos a cumplirlo

Unidas Podemos debe ser garantía de estabilidad dentro de un Gobierno de cambios materiales en las condiciones de vida de la gente. Para hacer retórica patriotera sobre el cambio, la democracia y la importancia de las magdalenas en la nueva derecha o izquierda amables, hay cola llamando a la puerta de Pedro Sánchez. Tanto los vendedores de banderas como los que hacen magdalenas tendrán siempre el aplauso de los opinadores por horas.

Claro que las críticas tendrán su momento y deben ser bienvenidas para mejorar una organización que necesita todavía empezar a crecer y hacerse fuerte en los territorios. Pero no nos engañemos: solo si cambiamos las cosas de verdad tendremos de verdad los apoyos de la gente, solo si tratamos a la ciudadanía como adulta responderá como adulta, solo si limpiamos este país podremos tener una Administración al servicio de los que la pagan.

Pero si el PSOE opta por abrir la puerta otra vez a los famosos significantes vacíos, al tacticismo de dividir a las organizaciones y al juego de asustar a la ciudadanía para mercadear su miedo en los consejos de administración, debe saber que por esa puerta no solo vendrán las felicitaciones del Ibex cargadas de magdalenas, sino también —detrás— el tripartito de Aznar cargado de monstruos.

*Gloria Elizo, diputada de Unidas Podemos y vicepresidenta primera del Congreso.

Tribuna
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