En la encrucijada

El asunto es grave porque se puede perder todo, o gran parte de lo ganado, tomando decisiones erróneas en medio de un corral de gallitos que solo saben cacarear y agredirse

Foto: El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. (EFE)

Estamos en una de esas circunstancias históricas que están llenas de opciones y, por lo tanto, de oportunidades. La historia de la humanidad avanza en semejantes situaciones. Los grupos humanos que "aciertan" al tomar las decisiones correctas, avanzan, crecen y se expanden. Los que se equivocan, retroceden por el camino erróneo. No avanzan, no crean. Porque fundamentalmente no creen en sí mismos y/o en la sociedad de su entorno.

Resulta, pues, fundamental, en estas circunstancias españolas, observar los derroteros dispares que se nos ofrecen en el terreno tanto económico, como social y político.

Económicamente, España se encuentra en un período de expansión sin precedentes: el consumo es el motor de toda esa expansión, el turismo marca máximos históricos, muy por encima de los 90 millones de visitantes, superando a Estados Unidos. Y el mercado inmobiliario continúa con un crecimiento imparable, aún a estas alturas del ciclo expansivo.

Otra historia muy distinta es el entorno político, en el que se puede estar perdiendo, como en tantas otras ocasiones, la percepción del camino correcto para apoyar políticamente los potenciales más valiosos de nuestra sociedad española. El asunto es grave porque se puede perder todo, o gran parte de lo ganado, tomando decisiones erróneas en medio de un corral de gallitos en el que solo saben cacarear y agredirse. Los ejemplos son abundantes: traiciones a la Constitución de los disgregadores independentistas, y, entre camaradas de los mismos idearios, puñaladas estratégicas de tierra quemada.

Fuera de España se tiende a sobrevalorar el giro a la extrema derecha de Vox, que más bien reúne a los restos desencantados del PP (que poco tienen que ver con la extrema derecha de Lepen ni con Blas Piñar).


Víctima propiciatoria también es Ciudadanos, el gran ganador de las últimas elecciones generales y catalanas. A la travesura íntegra de Valls en Cataluña (un ejemplo de un político demócrata en la mejor tradición republicana francesa), se le unen las acusaciones de ambos lados. Especialmente del flanco derecho de "chaqueteros" sin alma. Cuando Cs es un partido que no se ha vendido a ningún precio, tampoco a la propuesta (tan generosa y bastante coherente para el empresariado del Ibex) de los socialistas para montar un gobierno estable y compartir el poder, para hacer algo que nos proyecte a una sociedad más coherente y preparada para afrontar las encrucijadas que nos esperan. Parece más bien un tiroteo de bajo rango a un colega que le supera por muy pocos escaños. Tampoco se puede desmerecer a Sánchez y los suyos, que tomaron posesión del Gobierno por la fuerza pero, a la primera de cambio, las urnas los respaldaron con creces.

Al final de la jornada, debemos reconocer una gran frustración: la del pasar del "G-7" al "G-27" en diez años, ignorados en las grandes decisiones. También, el mirar e ignorar reformas tan necesarias como la educación, la sanidad, el endeudamiento masivo, y, muy especialmente, el empleo (gran asignatura pendiente de nuestra economía y gran fobia del empresariado español). En realidad, parecen pocos ya los que piensan más allá de la política y el día a día, los que miran a la encrucijada y tratan de marcar el sendero del éxito de la sociedad española en su conjunto.

Y el público internacional desconfía: nos confía su turismo y su seguridad, pero no sus inversiones. Nuestras últimas inversiones industriales (si alguna ha habido) han sido en buena parte italianas (Abertis, por ejemplo). Las demás, fundamentalmente inmobiliarias y de capital riesgo, son especulativas y "cortoplacistas" que buscan salida casi antes de comprar. AI mismo tiempo, el Ibex también mira hacia otro lado todavía: en 9.000 puntos, tan lejos de su 16.000 de hace más de diez años... Nos hemos convertido en el único país occidental aún lejos de sus máximos. El Ibex sí que sabe de encrucijadas.

*Rafael Salama Falabella (Licenciado en Economía e Historia por la Universidad de Tufts, Medford, Massachussetts).

Tribuna
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