Nuestro país necesita una estabilidad regulatoria alineada con el PNIEC

La industria del gas será uno de los grandes aliados en materia de transición energética facilitando la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero

Foto: Un fuego de una cocina de gas de una vivienda
Un fuego de una cocina de gas de una vivienda

Nos hallamos en un momento en el que nuestra sociedad debe enfrentarse a desafíos medioambientales cada vez más urgentes e inaplazables. La necesidad de llevar a cabo profundos cambios para promover una economía sostenible y descarbonizada tiene su aval en los esfuerzos que desde la Unión Europea se están realizando para fomentar que los países miembros adopten un firme compromiso para encaminarnos hacia la transición ecológica, en línea con el Acuerdo de París.

España, en concreto, ha asumido en su Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), alabado por la Unión Europea por “sus ambiciosas contribuciones” para lograr un horizonte descarbonizado, en el que el 'mix' energético sufrirá una importante y necesaria transformación. La última versión del plan atribuye un papel muy relevante en la transición a las distintas alternativas, también las energías no renovables, otorgándoles un rol en el uso final de la energía de un 40-45% en el horizonte 2030.

El documento reserva así un papel muy relevante a alternativas como el gas, especialmente en el medio plazo, llamado a sustituir a combustibles altamente contaminantes como el carbón. Para ello, es importante que la regulación del mercado energético sea coherente con dicho planteamiento, y acompase la transición. Por el contrario, las circulares sometidas a consulta por parte de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia proponen un importante recorte a la retribución a la distribución y transporte de electricidad (un 17,8% para la distribución y un 218 % para el transporte), que pone en riesgo el futuro, no solo de las necesarias inversiones, sino el mismo cumplimiento de los objetivos del plan.

El sector gasista ha avanzado mucho en posicionarse como una de las fuentes de energía más completa, transversal, estable y competitiva, tal y como se desprende del propio documento del Ministerio para la Transición Ecológica. Además, el sector ya trabaja en convertir el gas renovable en una de las principales fuentes de energía del futuro. El aprovechamiento de los residuos orgánicos de manera eficiente y que permitan reducir la emisión de gases de efecto invernadero será clave en el proceso de transición en el que estamos inmersos.

El gas ha adquirido relevancia como una opción altamente eficiente no solo como fuente energética sino por sus costes asequibles. Se trata de una energía limpia, una solución realista y técnicamente viable para lograr una mayor eficiencia energética en la edificación, en la industria y en la movilidad, entre otros. Este nivel de estabilidad ha sido posible gracias al entendimiento entre el regulador, la Administración y el sector.

El giro experimentado en las circulares de la CNMC, que asumió recientemente las competencias en materia de retribución, incrementa el nivel de inseguridad jurídica en varios sectores, comprometiendo las inversiones futuras en materias tan importantes como el I+D+i, las cuales serán las que marquen la diferencia a la hora de incrementar mejoras medioambientales en el consumo del gas.

Por otra parte, durante el periodo regulatorio que marcan las circulares de la CNMC (2021-2026), las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía apuntan a un incremento en el consumo del gas por las siguientes razones: se incrementarán entre un 1-2% los puntos de suministro de gas y se mantendrá el peso del gas en el 'mix' térmico de los sectores industrial y de servicios. Igualmente, el gas seguirá siendo uno de los combustibles más relevantes en el sector del transporte de larga distancia debido a su escaso impacto medioambiental. En el mismo sentido, el gas seguirá aportando firmeza y respaldo a la red eléctrica, y actúa como sumidero de CO2, además de una fuente de energía almacenable que garantice el suministro energético.

Resulta complicado entender la falta de alineamiento entre las posturas de distintos organismos implicados en política energética. El PNIEC, cuyos trabajos se han extendido durante muchos meses y que ha sido fruto del diálogo entre el ministerio y el sector privado, debería ser el eje vertebrador que incentive energías alternativas limpias en una hoja de ruta ambiciosa y realista para 2030, 2040 y 2050. La CNMC no ha tenido en cuenta las orientaciones de política energética del Ejecutivo, tal y como han señalado en los últimos días fuentes ministeriales.

El gas ha mostrado competitividad frente a los combustibles más contaminantes, permitiendo el ahorro energético y la reducción de gases de efecto invernadero en el sector residencial, industrial y transporte. El recorte a la retribución previsto por la CNMC discrimina esta alternativa; en lugar de desincentivar otros combustibles más contaminantes.

La industria del gas será uno de los grandes aliados en materia de transición energética a nivel internacional, facilitando la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Esto se verá plasmado en una mayor demanda para los próximos años. Es por ello que proponer medidas que minen la rentabilidad del sector y reduzcan las inversiones en I+D+i ofrecen una mala señal, no solo al mercado, sino también a las autoridades comunitarias.

*Carlos Ruiz Mateos, director del Departamento de Asuntos Públicos Energía en LLYC.

Tribuna
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