El día en que Sánchez renunció a la economía

Que un candidato a la presidencia del Gobierno de España silencie la política económica y el reto demográfico solo puede ser producto del miedo, de la falta de convicción o de la irresponsabilidad

Foto: El presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

No fue un elefante aislado y emboscado entre los escaños lo que pasó desapercibido en el irrelevante discurso de investidura de Sánchez en el Congreso. Porque, entre el griterío insustancial y la representación grosera de la nueva política, varios elefantes pacían sobre la mesa de los taquígrafos. Dos elefantes siguen pastando a sus anchas sobre la fina moqueta del hemiciclo sin que nadie haya reparado en su existencia: la política económica y el reto demográfico. Que un candidato a la presidencia del Gobierno de España silencie ambos asuntos solo puede ser producto del miedo, de la falta de convicción o de la irresponsabilidad, en un trance donde, al parecer, no había que asomar ningún principio político a expensas de que se formase Gobierno.

"El miedo ciega", según el 'Ensayo sobre la ceguera' de Saramago, y solo el temor a sus posibles rivales provocó la amnesia del frustrado candidato. Encerrado en su propio laberinto, Sánchez no podía claudicar ante las ocurrencias económicas de Unidas Podemos y resto de camaradería, so pena de presentarse ante la opinión pública como un espantajo en medio de un campo. Por ello, optó por hacer mutis por el foro, del mismo modo que obvió el problema principal de los próximos 30 años, como es el invierno demográfico, que más que invierno ya es infierno. Lógico en alguien que se siente incómodo con temas como la natalidad, pues sigue pensando irresponsablemente que es un problema moral. Y así nos va.

Como en la obra de Saramago, son "ciegos que ven. Ciegos que, viendo, no ven". Porque, a decir verdad, cuesta pensar que no ven porque deben ser los únicos que no lo hacen. La incertidumbre política en España derivada de la inestabilidad institucional y de la deriva relativista del Gobierno en funciones, capaz de proponer una cosa y la contraria en un mismo discurso, ha generado desconfianza entre los agentes económicos, diezmando parte de las expectativas que se habían consolidado en los difíciles años que siguieron a la salida de la crisis económica.

Por un lado, el reformismo en España ha entrado en vía muerta, en un momento especialmente importante de globalización y expansión del comercio electrónico. La falta de adecuación de nuestro sistema tributario a las necesidades de los nuevos mercados, mientras otros países de nuestro entorno aprueban estímulos fiscales, aboca a una pérdida incontestable de competitividad.

La parálisis presupuestaria de un Gobierno, que adolece de apoyos e iniciativa para la aprobación de nuevas cuentas, en un entorno cambiante, conduce a la hipertrofia de nuestras políticas públicas y a la ausencia de correspondencia entre los estados de gasto del presupuesto y la realidad sobre la que se debe actuar. La inacción de todo un Gobierno, la posburocratización del sector público a través de unas administraciones que vuelven, en algunos casos, a imponer barreras internas y dificultades a los pequeños y medianos empresarios y a los profesionales para la creación y desarrollo de sus negocios, o la banalización del mérito y, por tanto, de la capacidad penalizan la libertad empresarial y, por tanto, infectan las posibilidades de crecimiento económico y de creación de empleo.

"No hay bien que dure siempre, tampoco hay mal que siempre dure". A la primera parte de la afirmación del escritor portugués se suma reincidentemente el Partido Socialista Obrero Español y, a la segunda parte, el Partido Popular. Y no es un mero recuerdo de etapas recientes, sino que, lamentablemente, los datos comienzan a ser reveladores de que la historia se repite. El paro baja en julio de este año en 4.253 personas, casi siete veces menos que en el mismo mes del año anterior. Pero es que el paro desestacionalizado, sin los efectos de los contratos de verano, sube 2.915 personas.

Además, y por lo que se refiere a la Seguridad Social, es el peor julio en afiliación desde 2012, con menos de 4.334 afiliados en términos desestacionalizados. Por otra parte, y respecto a la contratación indefinida que se había convertido en punta de lanza del Partido Socialista Obrero Español en sus ataques al Partido Popular, cae un 2,33% anual, cuando con el Gobierno de Mariano Rajoy subía un 19%. Por no hablar de la industria manufacturera, que permanece en recesión con el índice al nivel más bajo en los últimos seis años, forzando recortes de empleo por tercer mes consecutivo.

Ni una sola palabra en el hemiciclo sobre nuestro futuro demográfico. Silencio. En 2018, en España ha habido 370.000 nacimientos, casi la mitad de los nacimientos que hubo el año en que inhumaron a Franco en un valle. En 2018, en España ha habido 56.751 más muertes que nacimientos y solo en ocho provincias hubo más nacimientos que muertes. En 2018, en España habría sido necesario un 43% más de niños para que se garantizase el relevo generacional. En 2018, en España las mujeres de 45 años tienen más hijos que las de 25. Los datos de procesos de maternidad cubiertos por la Seguridad Social en el primer semestre de 2019 auguran una nueva caída de nacimientos, con una bajada del 2% interanual. Pero destaca el desplome de comunidades autónomas como Navarra (-14%), Asturias (-8%) o Galicia (-7%). Un drama que pasta como un elefante en ciénaga desde hace varias décadas en el Congreso de los Diputados.

"De esta masa estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad". No podemos resignarnos a la indiferencia, a la impasibilidad y a la indolencia. No podemos aceptar una pasividad constrictiva que yugula el desarrollo de nuestro país. No podemos fingir que todo va bien cuando sabemos que no es así. Decía Saramago que "la ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha perdido la esperanza". Es tiempo de respuesta, no de espera. Y el tiempo se está agotando.

*Mario Garcés, portavoz adjunto del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso de los Diputados. Interventor y auditor del Estado. Inspector de Hacienda del Estado. Académico correspondiente de la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia.

Tribuna
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