El Open Arms ante Lampedusa

El desprecio hacia los migrantes del Gobierno italiano es una prueba de cómo, en el marco europeo, pueden practicarse, sin mayores consecuencias, medidas de dimensiones delictivas

Foto: Migrantes en el Open Arms. (Reuters)
Migrantes en el Open Arms. (Reuters)

Los acontecimientos cotidianos en torno a los 107 refugiados acogidos por la embarcación de salvamento de Open Arms a 800 metros del puerto de dicha isla, constituyen una reiterada expresión de la insolidaridad de los Estados de la Unión Europea. Hay ya muchos precedentes de esa política que va imponiéndose, desde la indiferencia, al rechazo brutal de quienes acuden de forma masiva a Europa huyendo despavoridos de guerras, malos tratos y, como dijo Z. Bauman ("Extraños llamando a la puerta", Paidós, 2016), "del salvajismo de una existencia hambrienta y sin futuro". Y la respuesta europea no puede ser más inhumana y antidemocrática.

Rechazo en las fronteras, "devoluciones en caliente" y, como está ocurriendo ahora, cierre ilegal de fronteras, pese a que les consta que son personas, seres humanos, que precisan de ser acogidos y tratados con la dignidad que merecen, cualquiera que sea su origen y nacionalidad. El desprecio hacia ellos del Gobierno italiano y, en particular, del ministro Salvini es una prueba de cómo, en el marco europeo, pueden practicarse, sin mayores consecuencias, medidas represivas de dimensiones delictivas. ¿Que decisión adoptará la Comisión Europea?

Pero, y esto nos atañe, por qué el Gobierno español ha mantenido un cobarde silencio, mientras 107 refugiados permanecen sin ser acogidos ni atendidos durante, casi 20 días, en una situación crítica, estando solo a 800 metros de la costa italiana, agudizándose, día tras día, su abandono a cualquier asistencia humanitaria. Ante la presión nacional e internacional,el Gobierno ha enviado a Lampedusa un buque militar para trasladar a Palma a los rescatados, lo que aun retrasara más su sufrimiento y su incierto futuro.Por ello,continua siendo una respuesta muy tardía y perjudicial para las victimas."

En este mundo globalizado, hemos caído en la indiferencia globalizada. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de otras personas

Parece que el Gobierno se empeña en desconocer la ONG que tiene enfrente y que, desde octubre de 2015, ha rescatado del mar y ha salvado la vida de 59.866 personas en aguas comunitarias y que, por tanto, merece un mayor respeto. Ya no basta con que la presidenta del Parlamento Europeo diga que Europa "ha perdido su alma y su corazón". Ha perdido mucho más, sus principios democráticos, así como la vigencia de los derechos humanos que proclama su Carta de Derechos Fundamentales. Por todo ello, en estos días terribles para los refugiados acogidos por Open Arms, es necesario recordar, de la mano de Bauman, las palabras del papa Francisco cuando acudió a Lampedusa, en 2013, ante la tragedia que costó la vida a 366 refugiados: "En este mundo globalizado, hemos caído en la indiferencia globalizada. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de otras personas: 'No me afecta, no me concierne, !no es asunto mío'!". Y concluía así: "¿Ha llorado alguien?".

Tribuna
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