Diada, desafección, 'segunda normalización'

Es hora de llevar a cabo una segunda normalización, para que sea normal en las instituciones lo que es normal en la calle: dos lenguas vehiculares en la escuela y en los servicios públicos

Foto: Banderas españolas, 'senyeras' e independentistas cuelgan de unos balcones en la Ciudad Condal. (EFE)
Banderas españolas, 'senyeras' e independentistas cuelgan de unos balcones en la Ciudad Condal. (EFE)

La Diada volverá a ser este año un gran acto de propaganda secesionista. Una festividad que debería ser de todos se ha convertido en una jornada a caballo entre la reivindicación y la folclórica autocomplacencia independentista. No sé si es reversible o habrá que buscar una nueva fiesta de Cataluña inclusiva para todos, como el día de Sant Jordi. Lo que sí está claro es que esta privatización y patrimonialización de la Diada es del todo coherente con la estrategia de apropiación de todo lo catalán que ha llevado a cabo el nacionalismo durante años.

La identificación entre los símbolos, espacios y fiestas de todos y la ideología del poder es una clara señal de baja calidad democrática. Esto es precisamente lo que ha pretendido el nacionalismo desde la restauración democrática: identificar la lengua, la escuela, las instituciones, los medios, el tejido social, el 'pueblo' y hasta los propios patios de colegio con una forma muy particular y partidista de ver Cataluña. La tendencia se ha desbocado durante los años del 'procés', donde el nacionalismo ha transmutado en una variante del peronismo, en un movimiento nacional-populista que abarca desde la extrema izquierda de la CUP a la derecha convergente y que ha colonizado todos los ámbitos de la vida pública.

Creo que es importante advertir de que esta utilización partidista desvergonzada de las instituciones está provocando una fuerte desafección de una parte importante de Cataluña con respecto a las instituciones del autogobierno. Hace unos años, el 'president' Montilla advertía de la “desafección” de media Cataluña con respecto al Estado. Hoy hay que señalar el riesgo inverso: media Cataluña se siente desconectada y muy lejana del 'president' Torra, de la misma Generalitat y de toda la arquitectura institucional del autogobierno, puesta al servicio de un proyecto político divisivo y desgarrador. Esta desconexión inversa es una mala noticia, pues el autogobierno autonómico es un claro avance democrático positivo para Cataluña. Pero su prestigio está en riesgo cuando se convierte en alojamiento de una camarilla sectaria.

Por eso, desde Societat Civil Catalana reivindicamos una segunda normalización en Cataluña. Tras el franquismo, era conveniente y necesario normalizar en el espacio público, en las instituciones y en las escuelas la presencia del catalán, lengua singular de nuestra tierra y lengua materna de muchos de nosotros, injustamente preterida durante la dictadura. Cuestión distinta es si la estrategia de normalización fue la adecuada, pues ha acabado derivando en una Cataluña oficial que no refleja la Cataluña real y que por tanto tiende a la exclusión efectiva y simbólica de, al menos, media población.

Esta utilización partidista desvergonzada de las instituciones está provocando una fuerte desafección de una parte importante de Cataluña

Es hora de llevar a cabo una segunda normalización, para que sea normal en las instituciones catalanas lo que es normal en la calle. Es momento de que las dos lenguas que configuran desde hace siglos la cultura catalana —y que son oficiales— sean vehiculares en la escuela y en todos los servicios públicos. Aquí es donde veremos, por ejemplo, si el supuesto discurso inclusivo de ERC es disfraz o traje real. ¿Están dispuestos a soltar amarras con el modelo de inmersión obligatoria? ¿Están dispuestos a asumir la descolonización ideológica del espacio público y la neutralidad institucional? ¿Se avienen a una despolitización de los medios y de los Mossos? ¿Están dispuestos a romper el candado estatutario que limita injustamente los diputados por Barcelona y que evita la alternancia política real en la Generalitat?

Societat Civil Catalana advoca por el diálogo sincero entre catalanes para superar la larga noche del 'procés' y mirar al futuro conjuntamente. Un diálogo dentro de la ley, como es evidente en cualquier democracia. Constitución y concordia ha sido siempre nuestra divisa. Pero no admitiremos que el futuro en común sea un nuevo 'diktat' del nacionalismo. El constitucionalismo catalán no volverá a ser moneda de cambio. Queremos construir un futuro en común. Pero esta vez tenemos también nuestras condiciones.

Fernando Sánchez Costa es el presidente de Sociedad Civil Catalana (SCC).

Tribuna
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