'In Memoriam' Gonzalo Jiménez-Blanco

Toda esa grandeza se quedó pequeña frente a su actitud cuando inició su lenta marcha. No perdió la sonrisa ni el sentido del humor a lo largo de su enfermedad

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Gonzalo Jiménez-Blanco.
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Gonzalo. Irrepetible. Irremplazable. Sin más. Cómo nos reímos. Y cuánto, cuantísimo, trabajamos. Primero tratando de alquilarle infraestructura a British Telecom desde Aritel. Luego en sus invitaciones a sus torneos de golf de su despacho y finalmente en la fusión más compleja y segura que se ha hecho en muchos años con los distintos embotelladores de Coca-Cola para crear el embrión del que poco después sería un gigante de la franquicia de The Coca-Cola Company.

Sin su ayuda, nuestro diseño de nueva estructura de negocio simplemente no hubiera ocurrido. Y las empresas españolas estarían diluidas o desaparecidas en vez de con un peso tan relevante en el mayor embotellador independiente de The Coca-Cola Company.

Siempre en proyectos complejos. CNMV, BT, Ashurst, tribunales arbitrales… Ante esos retos, hay que ser muy bueno para mantener el sentido del humor, el espíritu crítico, la autoexigencia y el compromiso con la obtención del resultado desde la excelencia. Pues eso: Gonzalo era muy, muy bueno.

Luego, o mejor dicho, además, a la vez, era generoso hasta la prodigalidad con su conocimiento jurídico, que no me cuesta nada decir que tornó hace tiempo en sabiduría. Todo lo que sabía, y sabía mucho, lo compartía de manera docente. No solo te daba acceso a su conocimiento, sino que te explicaba de dónde venía todo y a dónde iba. Se lo sabía. Tenía sabiduría.

Y luego su competitividad bien entendida. Le gustaba competir. Era razonablemente bueno en lo físico, pero muy 'asequible'. En lo intelectual, era el mejor. Inasequible. Me honra haberle hecho dudar una vez, solo una, en una discusión en torno a las compensaciones de créditos, pero fue suficiente para que me tomara en serio, aunque nunca más pude alcanzarle en sus disquisiciones jurídicas.

Era razonablemente bueno en lo físico, pero muy 'asequible'. En lo intelectual, era el mejor. Inasequible. Me honra haberle hecho dudar una vez

Todo eso, toda esa grandeza, sin perder dimensión, se quedó pequeño frente a su actitud cuando inició su lenta marcha. No perdió la sonrisa ni el sentido del humor a lo largo de su enfermedad, y procuró que su entorno encontrara una aproximación soportable a algo que iba a ser inevitable. En este último periodo, tuve ocasión de visitarle unas pocas veces y de cruzarnos mil mensajes divertidos. Hasta que María me contestó el último que le mandé a Gonzalo… No quiero dejar de mencionar a María. Qué gran mujer para tan gran hombre. Y Gonzalo Jr, Inés, Lucía, el resto de su familia…

Nos quedó pendiente alguna charla y alguna carrera en bici. Algún día. En algún sitio. Qué bueno haber conocido a Gonzalo. Qué bueno…

* Sergio Redondo, abogado.

Tribuna
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