Incapacidad frente a la virtud
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Incapacidad frente a la virtud

En los últimos meses de inestabilidad, los madrileños hemos podido comparar dos liderazgos a la hora de conformar un gobierno. El de Sánchez y el de Díaz Ayuso

Foto: El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (d), la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (c) y el alcalde del Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (i). (EFE)
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (d), la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (c) y el alcalde del Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (i). (EFE)

Los madrileños, como el resto de españoles, llevamos viviendo años de inestabilidad política. Entiendo que el multipartidismo haya podido traer ventajas a la política española pero, de momento, la estabilidad y la responsabilidad no las encuentro entre ellas. En cualquier caso, esta inestabilidad tiene su mayor exponente en la inefable moción de censura que Pedro Sánchez perpetró con el apoyo de podemitas, independentistas y bilduetarras. Como se suele decir, de aquellos polvos estos lodos.

Pero en los últimos meses de inestabilidad, los madrileños hemos podido comparar dos liderazgos a la hora de conformar un gobierno. El de Sánchez y el de Díaz Ayuso. Un mes antes de las elecciones autonómicas, Sánchez ganó las elecciones generales pudiendo conformar una mayoría similar a la que le aupó a la Moncloa con esa moción de censura. Mismos partidos, mismos protagonistas y mismo escenario.

Frente al inmovilismo, el trabajo sin descanso. Frente al desprecio al potencial socio, el respeto. Frente a la soberbia, la resiliencia

Un mes después de las Generales, el centro derecha superaba a la izquierda en la Comunidad de Madrid. Isabel Díaz Ayuso estaba llamada a intentar lograr un acuerdo, nada fácil, con otras formaciones que, si bien nos unen muchas cosas, también hay importantes discrepancias. Mientras Sánchez jugaba a trileros sobre un escenario teatral, Ayuso comenzó a tender puentes y acercar posturas.

Iban pasando semanas y nada se movía en el panorama nacional, nada hacia el PSOE. Mientras, en Madrid, el Partido Popular demostraba que quien quiere liderar un Gobierno debe, lo primero, tener aptitudes para forjar un acuerdo. Frente al inmovilismo, el trabajo sin descanso. Frente al desprecio al potencial socio, el respeto. Frente a la soberbia, la resiliencia.

Hay quien dice que el acuerdo en Madrid se podría haber cerrado antes y no llegar al puente de la Paloma. Puede ser. Lograr estos acuerdos no es fácil. Pero sin duda este tiempo sirvió para que muchos madrileños, incluso entre quienes no le habían votado, conocieran la fortaleza, la determinación, la capacidad de diálogo y acuerdo de quien es hoy la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Mientras Sánchez jugaba a trileros sobre un escenario teatral, Ayuso comenzó a tender puentes y acercar posturas

Desde abril de 2019, se han cerrado miles de pactos de gobierno de muy diversa naturaleza política; en ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas. Y en todo este tiempo Sánchez solo ha sido capaz de sumar 1 diputado a sus 123, el representante cántabro del siempre fiel Revilla. Solo ha quedado un gobierno por formar, el más importante, el Gobierno de la Nación. No deja de ser paradójico que la izquierda política, social y mediática tuviera puesto el foco en estos dos puntos: que Sánchez fuera presidente del Gobierno de España y evitar que Ayuso fuera la presidenta de la Comunidad de Madrid. Y ha salido justo al revés, y no será porque en campaña, tras campaña, y aún hoy tras la investidura, hay quienes no terminan de asumir la presidencia de Ayuso y han optado por el ataque personal para intentar abatir a un adversario político.

Esta comparación cobra más sentido ahora, una vez que sabemos que el tactismo de Sánchez nos lleva a las cuartas elecciones generales en 4 años. Porque ahora frente a Sánchez tenemos a un candidato, Pablo Casado, que en estos meses nada fáciles para el Partido Popular, ha consolidado un liderazgo claro y ha sido capaz de tejer alianzas y acuerdos con más de 10 partidos.

Foto: Ilustración: Raúl Arias.

En estos tiempos de geometría parlamentaria cambiante, tener un proyecto claro, principios y valores firmes y un gran equipo detrás, como tiene Pablo Casado, no es suficiente. Por eso tiene más valor su perfil personal, sus aptitudes y virtudes, capaz de pactar, de acordar y de pensar en el interés general, respetando esos principios.

Todos los analistas coinciden en que la inestabilidad política solo aumenta la incertidumbre ante un panorama marcado, por la caída de la economía, los efectos del Brexit o las amenazas a la unidad de España. Por eso, quien ha sido incapaz, durante un año en el Gobierno y 5 meses tras las elecciones, de conformar un gobierno, está inhabilitado para ser presidente del Gobierno. Pero el riesgo está ahí. Por eso es tan importante aunar esfuerzos y unirnos quienes queremos evitar a toda costa un gobierno controlado por la izquierda radical o partidos independentistas. Estoy convencido de que si sumamos, Pablo Casado será capaz de forjar un acuerdo en beneficio del conjunto de españoles.

*Alfonso Serrano es portavoz del Grupo Popular en Asamblea de Madrid

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