Prisión inmediática

Más allá de la ausencia de actividad legislativa, esta sobredosis de papeletas trae consigo, al final, el peor de los resultados: menos pluralismo de ideas, menos capacidad de decidir

Foto: Colegio electoral en Madrid en las últimas elecciones generales. (EFE)
Colegio electoral en Madrid en las últimas elecciones generales. (EFE)

En España hay políticos presos. Políticos presos, sí. Presos, de prender una campaña con otra. También de esa prisión metafórica que en estos días de circo y 'hashtag' recluye y encarcela a muchos de nuestros representantes y nos mantiene a todos en un suspiro electoral. Suspiros de España —ay— que para eso tenemos el pasodoble en este país. Para ponerle también melodía a una incertidumbre política que no acaba. Que de la urna nace y con la urna crece.

Y otra vez a votar.

Nueva lección aprehendida. Yo lo llamo el "y yo más". ¿Que los ciudadanos reclaman a sus representantes que no pierdan el pulso de la ciudadanía? Para pulso, las urnas. ¿Que los consultores políticos les recomendamos mantener al máximo la tensión competitiva? Un extra de adrenalina electoral. Una cosa es la campaña permanente, señores; y, otra, muy distinta, la campaña endémica.

En cuatro años (2015-2019) los españoles hemos celebrados tres comicios generales. Vamos a por los cuartos. Y más allá de la ausencia de actividad legislativa —eso que llaman "parálisis país"—, esta sobredosis de papeletas trae consigo, al final, el peor de los resultados: menos pluralismo de ideas, menos capacidad de decidir. Nuestros representantes son cada vez más presos del impacto "inmediático"—que diría Sánchez— de sus decisiones. Rehenes del cortoplacismo, prisioneros de la actualidad.

Y en la medida en que esos políticos presos —en el fondo y en la forma— nos gobiernan a todos, todos nos convertimos en víctimas y verdugos de la dictadura de la inmediatez.

¡Ay de aquellos tiempos en los que los comicios se celebraban cada cuatro años, y los políticos podían gestionar los asuntos públicos!

¡Ay de aquellos tiempos pretéritos en los que los comicios se celebraban cada cuatro años, y los políticos podían gestionar los asuntos públicos con cierta flexibilidad! La flexibilidad que otorga el tiempo, siempre hábil para convertir decisiones impopulares en jugadas maestras; y, por supuesto, aquella política que, como la cocina, si es a fuego lento, sirve de instrumento de cambio y prosperidad. Es precisamente por eso que el representante público puede llegar a ser un visionario, porque alcanza a ver a través del tiempo lo que otros todavía no han vislumbrado. Pero con elecciones anuales los plazos promueven la lente corta por encima del catalejo.

Esa es la paradoja de esta 'sondeocracia' que impide que se valore cualquier ángulo que no sea el electoral. La que alimenta una política de conceptos superfluos y significantes vacíos que, por el voto, aleja a la política de lo político, y a los representantes de unos ciudadanos cada vez más exhaustos de grandilocuencia y trivialidad.

Pero teman los profetas modernos el 'boomerang' de su cortoplacismo. Porque la prevalencia del cártel electoral sobre la ideología; del eslogan sobre el proyecto-país, ese intento fallido de condenarnos a todos a una España de banderolas sin ambiciones, puede volverse en su contra. Los españoles amenazan, vía abstención, con condenar el proceso al fracaso e, incluso, a la indiferencia. ¡Ay de quien logre liderar a los ciudadanos a través de caminos que todavía no son claros! Quien consiga elevarse y transitar su acción a través de las preocupaciones reales de la gente. Es ahí, en esa música que se distingue sobre el ruido, donde radica el éxito de esta campaña. Y ese éxito, huérfano, está esperando a que algún político sea capaz de escuchar.

Y cuando alguien escuche, diferencie lo principal de lo accesorio y eleve algo que no sea el tono de voz, dejará de ser un político preso, para devolver la política a sus cauces, a sus tiempos y, como diría Kipling: "Suya será la tierra y todo lo que hay en ella, y —lo que es más—: ¡será un hombre, hijo mío!"

*Abelardo Bethencourt es experto en análisis político y económico y director general de la firma demoscópica Public.

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios