No hay plan B, ni planeta B

No podemos permanecer impasibles. Ningún país, institución o legislador puede mantenerse al margen. Los efectos del cambio climático ya están causando mucho sufrimiento

Foto: Vertedero cercano a una central térmica de Macedonia cerca de Bitola. (EFE)
Vertedero cercano a una central térmica de Macedonia cerca de Bitola. (EFE)

La lucha contra el cambio climático marcará, sin lugar a dudas, la acción política de este siglo. Las evidencias científicas de que se nos acaba el tiempo para actuar y paliar los efectos del calentamiento del planeta son abrumadoras, y la ciencia no es negociable. Si queremos evitar un aumento por encima de 1,5 grados centígrados a final de siglo necesitamos acciones contundentes y sin precedentes para descarbonizar nuestra economía y reparar los daños producidos en nuestros bosques, océanos y en su diversidad biológica.

Los ciudadanos cada día son más conscientes de ello. Según el Eurobarómetro especial de la Comisión Europea, el 93% de los europeos considera el cambio climático como un problema serio; y según el último estudio del Real Instituto Elcano, el 56% de los españoles considera el cambio climático una de las principales amenazas a las que nos enfrentamos.

Vista general de la contaminación en Skopje, Macedonia. (EFE)
Vista general de la contaminación en Skopje, Macedonia. (EFE)

Esta preocupación se traduce en una demanda de acción. Los jóvenes de todo el mundo han puesto en marcha 'Fridays for Future' pidiendo a los gobiernos objetivos y acciones ambiciosas. El cambio climático es global, no tiene fronteras. Las acciones más contaminantes producidas en un país producen efectos letales en otro continente. Los países menos desarrollados con economías menos contaminantes son hoy los que sufren ya severamente las consecuencias del calentamiento del planeta. Pero, al mismo tiempo, carecemos de una gobernanza global para hacerle frente.

El acuerdo voluntario de los países ha sido el camino que hemos recorrido hasta el momento. Los objetivos de descarbonización para 2050 pactados en el Acuerdo de Paris no son vinculantes. Naciones Unidas es hoy el único y mayor soporte multilateral con el que contamos. Por ello, la iniciativa de su Secretario General, António Guterres, de organizar una Cumbre de Acción por el Clima en Nueva York la semana del 23 de septiembre atrajo todas las miradas y la atención pública. Ciudadanos tuvo el honor de representar a los liberales y reformistas europeos en esta cumbre y de trasladar nuestro fuerte compromiso por la lucha contra el cambio climático y la demandar una transición justa e inclusiva hacia una economía europea más sostenible y competitiva.

El secretario general de Naciones Unidas hizo un llamamiento a la acción. Recordó a los jefes de Estado y de Gobierno que ya no era momento de discursos, sino de acciones. Por ello grandes países emisores no participaron activamente en la cumbre, donde solo se dio la palabra a países que se comprometieron con acciones concretas. No era el momento de discursos vacíos o de utilizar el atril de Naciones Unidas por puro interés electoral, como hizo Pedro Sánchez. El presidente en funciones anunció una nueva aportación de España al Fondo Verde para el cambio climático en los próximos cuatro años. Cuando lo cierto es que en 2014, el gobierno de Mariano Rajoy ya comprometió 120 millones, de los cuales España solo ha aportado 42 millones a fecha de abril de 2019. Triste papel el de nuestro gobierno en la cumbre, porque todos los países son conscientes que un presidente del gobierno permanentemente en funciones o en elecciones no puede comprometer ningún plan de acción, responsable y creíble para los próximos años.

La Unión Europea ha presentado un plan de acción ambicioso. La presidenta electa, Ursula von der Leyen, se ha comprometido a alcanzar el objetivo de neutralidad climática para el 2050 y, para ello, revisar el objetivo de reducción de emisiones del 40% al 55% de aquí a 2030. Presentar en sus 100 primeros días de gobierno la primera ley de Cambio climático europea, un impuesto en frontera a las emisiones de carbono, que deberá gravar importaciones de países contaminantes y convertir una parte del Banco Europeo de Inversiones en un Banco climático para que la ambición política que supone el Green Deal europeo vaya acompañado de una misma ambición en financiación e inversión.

Los europeos debemos identificar nuestros puntos fuertes a la hora de animar a otros países a tomar medidas por el clima

Pero la Unión Europea solo representa en torno a un 9% de las emisiones mundiales, por lo que no podemos llevar a cabo esta transformación si no vamos acompañados de otros países, principalmente Estados Unidos, China e India. Para ello, los europeos debemos identificar nuestros puntos fuertes a la hora de animar a otros países a tomar medidas por el clima. Por ejemplo, utilizando nuestro peso comercial y obligando a nuestros socios a cumplir con capítulos estrictos de desarrollo sostenible. O, también, con una apuesta decidida por la innovación en soluciones industriales sostenibles, como los materiales poco contaminantes o las baterías de gran escala. Solo utilizando este liderazgo de manera inteligente abordaremos el gran reto de la acción climática: que las sociedades de países en desarrollo puedan alcanzar mayores niveles de bienestar de una forma respetuosa con el clima y el medio ambiente.

No podemos permanecer impasibles. Ningún país, institución o legislador puede mantenerse al margen. Los efectos del cambio climático ya están causando mucho sufrimiento. Los derechos de nuestros ciudadanos se ven gravemente afectados. También en España. Los fenómenos extremos que hemos sufrido este verano, como la sequía que ha afectado a las cosechas en las dos Castillas, las fuertes riadas en Levante o los terribles incendios que han asolado las Islas Canarias son algunos ejemplos del impacto que el cambio climático ya está teniendo sobre nuestra economía y sobre la forma de vida de cada uno de nosotros. El coste de no actuar es demasiado alto. Un estudio reciente auspiciado por el Fondo Monetario Internacional y la Universidad de Cambridge advertía de que España podría perder hasta un 12% de su PIB per cápita a final de siglo por los efectos del cambio climático.

Una mujer carga una bolsa llena con botellas de plástico, recolectada en un vertedero de Macedonia. (EFE)
Una mujer carga una bolsa llena con botellas de plástico, recolectada en un vertedero de Macedonia. (EFE)

Por ello, pese al bloqueo político que vive nuestro país desde junio de 2018, Ciudadanos va a seguir trabajando, tanto en España como en Bruselas, por tender los puentes necesarios para avanzar en la lucha contra el cambio climático y la protección de nuestro planeta, desde la convicción de que no hay un Plan B, ni tenemos un Planeta B. Es el momento de la responsabilidad y del compromiso.

*Soraya Rodríguez es eurodiputada de la delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo.

*Melisa Rodríguez es diputada por Canarias en el Congreso.

Tribuna
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