La conjura de los necios contra Europa
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La conjura de los necios contra Europa

La omisión de Europa en el discurso político como criterio articulador para salir del laberinto patrio, explica el reojo postural de los grandes partidos hacia los extremos y el colapso del centro

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Bajar no el volumen pero sí quizá la estridencia y el histrionismo de un entorno político tan sectario y febril como el que se gasta, parece obligado. Las piruetas sofistas del ínclito presidente en funciones Sánchez para garantizarse la investidura con comunistas, independentistas y xenófobos, sacan de quicio con toda la razón al personal. Pero de otra parte los clamores de la tensión evocan siniestramente los episodios más tenebrosos de nuestra Historia... Suscitar ese clima cainita es sin duda uno de los propósitos más abyectos del susodicho para operar en un imaginario social a placer, Franco incluido. Retozando con quien le quita el sueño, bailando al son de las tribus xenófobas e ignorando las posibilidades de un pacto en torno a la Constitución, exprime con licencia personal una política a golpe de tripa y quebranto de palabra. Todo ello conjura una afrenta al marco de convivencia afín a un sentido patrimonialista del Estado. Parece ni se sintiera ni se conociera lo que nos une.

Y es que, en todo este dislate patrio, salvo quizá en días recientes en prensa, la posibilidad de acogerse e interpretarse en designios superiores- Europa, ha estado ausente. En campaña, en debates y ahora en negociaciones, todos los partidos políticos pasan de puntillas, ciegos a las propiedades catárticas que proporciona ese proyecto en construcción frente al tribalismo nacionalista- el independentista y el patrio castizo de Vox. La omisión de Europa en el discurso político como criterio articulador para salir del laberinto patrio, explica el reojo postural de los grandes partidos hacia los extremos y el colapso del centro.

Esta Europa en construcción es la némesis natural del secesionismo y el punto de encuentro para cualquier conato de acercamiento entre fuerzas constitucionalistas. El revulsivo contra los nacionalismos de toda suerte es parte nuclear de su código genético. Es cuestión de tiempo: el malabarismo cesarista de Sánchez en torno a la defunción de la social democracia y el espíritu de la Transición con el que somete a su partido, a España y sus posibilidades, encontrará en Europa y la sociedad civil española su carta de defunción.

Foto: Soldados polacos y estadounidenses. (Reuters)


El flautista de Hamelín o la revolución acaba en Galapagar

Desde la pérdida de la Secretaría del partido socialista por pretender hacer lo que hace ahora con UP, pasando por la moción de censura a Rajoy, a este par de elecciones, toda la trayectoria de Sánchez se encumbra en el tactismo y la ausencia de proyecto para el pais: resultado, la ingobernabilidad. El desprecio a los principios moderados de la social democracia europea que tanto bien hicieron para incorporar a España a la Europa moderna, y de la que anteriores generaciones del partido fueron sus máximos valedores- el entendimiento de González con el SPD alemán, es la nota cardinal. El último despropósito del mago birloque en su huida para adelante lo recoge la argumentación ofrecida para la consulta a las bases socialistas- “una mayoría progresista para frenar a la ultra-derecha”... Histroinismo febril y subversión supina de la lógica: hay que encamarse con la izquierda radical e independentistas porque ese centro derecha constitucionalista lo necesito asociado a la radicalidad para mitificar mi relato divisorio- para vivir del cuento.

Tan ingenuo en su quimera cesarista cuadrando un círculo impracticable de nacionalismos, cree poder cabalgar la naturaleza insaciable de la serpiente. Bajo el acuño del talismánico “gobierno progresista” no hay reparo en sembrar antagonismo y confrontación. En este s. XXI “progreso” solo puede ser mirar hacia adelante y hacia afuera: hacia Europa; no hacia adentro, hacia el remolino de la diáspora nacionalista. Este concepto de “progreso”, aupado por comunistas e independentistas, tan espurio y corrosivo, socava el reto real que el centro izquierda tiene en Europa durante el próximo lustro: activar un espacio de soberanía europea y ser capaces de reformular políticamente el acuerdo en torno al euro recuperando un instrumento de política económica imprescindible. Este Sánchez es la fuerza predominante actual del “centro izquierda” en el nuevo Parlamento Europeo… La cristalización de esa soberanía europea, propugnada ya abiertamente por Macron en su reciente entrevista con 'The Economist', es un debate ya en ciernes y tiene por esencia limitar inexorablemente las consignas nacionalistas de cualquier signo. Con esta coalición de gobierno frágil y mendaz parece quisiera perpetuar el fuera de juego crónico de España en el asunto Europa.

Tan ingenuo en su quimera cesarista cuadrando un círculo impracticable de nacionalismos, cree poder cabalgar la naturaleza insaciable de la serpiente

Cuánto pueda durar el pacto fáustico con el valedor de los totalitarismos residuales del s. XXI, este mesías uncido para derramar el bien, es una pregunta interesante. El formato de propuesta de coalición de gobierno ahora en España ya se ha experimentado por todos los paises de la periferia durante la crisis del euro. En Grecia la extrema izquierda de Tsipras-Varoufakis, a pesar de tener incluso un referendum a favor de contestar el consenso Europeo, acabó aceptando la permanencia en el euro y las reglas de disciplina que comporta. En Portugal, la colación de socialistas y comunistas ha estado paradojicamente detrás de una de las consolidaciones fiscales en Europa más sonadas durante la ultima década- y Centeno a presidir el Ecofin. La última versión de viabilidad de una coalición de mimbres similares la encontramos en Italia, donde tras el golpe estival para descabalgar al vocinglero Salvini, el antiguo PD de Renzi se alía ahora con 5 Estrellas- una suerte de Podemos italiano, y hace maravillas conjugando la conciliacion con Bruselas y unos presupuestos moderadamente expansivos en un alarde de europeismo. Pablito en un proceso de “encastación” acelerada desde el chalecito de Galapagar quizá haya tomado nota cuando previene de la necesidad de amoldarse.

Sánchez, que sabe inglés, buscará en Europa el único contrapeso de formalidad a sus desvaríos locales, como clavo ardiendo. Desde allí, ya han marcado terreno Moscovici y Drombvoski, garantes del rigor presupuestario en Europa, con las indicaciones del riesgo de desviación en Presupuestos 2020. “Se puede ser serio y de izquierdas”. Aquí en España está por ver. Prepárese Iglesias para un curso de macroeconomía y socialdemocracia- versión alemana, acelerado, y la vicepresidenta Calviño para pelearlo. Aparte de apurar los réditos de la gestión económica del anterior gobierno- una tradición socialista consumada en nuestra democracia, haría bien en no quemar el capital político del país. Fue aquí donde el compromiso hacia el orden presupuestario y la disciplina económico financiera permitió cortar la crisis euros en el 2012 (y a Italia irse de rositas), y fue aquí dónde se vindicaron los méritos intrínsecos de la prescripción en pos de la competitividad con la recuperación más sobresaliente en balance por cuenta corriente en la historia económica occidental. Bajo los visos del formato actual de propuesta de coalición va directo a ello como un Titánic contra el iceberg del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC de Marzo 2010), recogido constitucionalmente- gracias Merkel. En sus designios está pretender hacer lo mismo que han hecho una y otra vez sus correligionarios periféricos, y pretender resultados distintos: hacer el idiota.

Foto: Ursula Von der Leyen. (Reuters)

Y de segundo plato el apoyo de nacionalistas secesionistas doblemente traidores, a la Constitución- ¿hasta dónde puede llegar la distorsión de la semántica en un diálogo abducido ya por la turba de la calle ? y al espíritu de integración europea- ¿imaginamos la implosión de Europa en una deriva centrifuga por doquier, repitiendo fatídicamente el pasado? ¿Cuáles son las esencias catalanas para reinventar la rueda? La frivolidad de reivindicaciones colectivas de corte identitario y xenófobo frente a las garantías de derechos y libertades propias de un estado de Derecho con renta per capita de 30,000 euros cabeza sencillamente no tiene fondo. Está en relación directa con el limbo de nuestros estadistas, con la desconexión y el desafecto del sentido de urgencia con la causa europea de integración. La fatuidad consumada: desviaciones de gasto, tiempo, recursos politicos del frente europeo es dar aire a una opción real en curso: que nos pasen por arriba a todos en dos generaciones- un museo para las vacaciones. A pesar de ser apuntado ya por Macron con insistencia creciente no parece ser este un consenso para la política patria que suscite interés y obviamente no entra como hipótesis operativa dentro del “buenismo” progre, ciego al tenor de la naturaleza de los retos que se avecinan en forma de necesidad de compromiso y diálogo- aquí si que sí, en torno a la creación de una Europa soberana. Defensa, inmigración, economía verde, y sobre todo la reconducción de las premisas de rigor fiscal a una Unión Fiscal, en la que la política de presupuestos siga criterios más racionales, cohesivos y eficientes, menos pro cíclicos-y propicie el reciclaje de excedentes de países acreedores para salir del cenagal monetario en que está sumido Europa. La propuesta de coalición de gobierno y sus acólitos en las mismísimas antípodas.

Atender a las vicisitudes de una acción política real que reconozca y persiga esa soberanía europea borran de cuajo todas las pretensiones quiméricas de los extremos de izquierda y derecha radical, expone la banalidad fútil de nuestros devaneos, y sobre todo y por encima de todo, invoca un frente común constitucionalista que sea capaz de articular una respuesta como país. Dada la coyuntura en la que está embarrado el proceso de integración europea- un callejón sin salida aparente entre acreedores del norte y deudores del sur, la afiliación política específica dentro de la centralidad, es un elemento secundario frente a un posible consenso constitucionalista. Hasta que exista soberanía efectiva el Parlamento Europeo, mientras siga vigente el estado de taifas que sufren todavía nuestras instituciones europeas (salvo el ECB), la voz cantante recae en el Consejo de Estado, y allí pintan los países y sus alianzas. Una de las razones primordiales por la que a lo largo de la crisis el criterio alemán ha sido tan determinante, ha sido la solidez de la Gran Coalición Merkel- SPD.

Sánchez revienta las posibilidades de España como interlocutor y las posibilidades de la socialdemocracia europea

Altura de miras, perspectiva y sentido de Estado son el aliciente a ese consenso constitucionalista. Evitando el entendimiento con el centro derecha, Sánchez revienta las posibilidades de España como interlocutor, las posibilidades de la social democracia europea, y la expeditividad en el proceso de integración europea- todo de una. Y lo más sorpréndete es la nula ambición al respecto aún teniendo los vectores de integración un tufillo inevitablemente socialdemócrata- en tenor alemán claro. Es decir, aparentes transferencias en Unión Fiscal, rigor de Ley entorno a concentración monopolio/oligopolística, evasión fiscal por vacíos legales, desigualdad, etc. En concreto para España: tasas de desempleo de la juventud entre el 30-40%, una perdida generacional sencillamente inaceptable. Pero claro, para acercarse siquiera a esa mesa, hay que llegar con las cuentas muy hechas, las ideas claras, y el mayor consenso posible. Parece más seguro llevar el país a golpe de calenturas y encuestas sobre un imaginario retrógrado, y entrar en un mercadeo trilero con toda la diáspora secesionista, habida y por haber, que por su propia naturaleza no tiene límite.

"Santiago y cierra España"

Y qué decir del otro lado, de esa osmosis con la derecha extrema surgida alrededor de la crisis catalana sobre la que Sanchez a la zaga de ZP, jalea mitologías atávicas (la foto de Colón). A costa de mangoneos y desprecio perenne a la nación española, su simbología y tradiciones, al final pario la burra. Sencillamente es imposible no reconocer la deriva indolente de los grandes partidos con las dinámicas parlamentarias de nuestra democracia a expensas del Estado y a favor de la diáspora. De ahí a descalificar el espacio posible alrededor de un consenso constitucional hay un mundo.

Bien haría Casado en tomar papel y nota cuando el nuevo presidente de su grupo parlamentario europeo EPP, antiguo presidente del Consejo, Tusk, pone líneas rojas en torno al rigor de Ley, libertades civiles y seguridad jurídica a autócratas tipo Orban. Ahí tiene ideas clave, principios, para marcar distancias con Vox.

Bien haría Casado en tomar papel y nota cuando el nuevo presidente de su grupo parlamentario europeo pone líneas rojas

Cierto que este grupo pintoresco de derechas extremas en Europa, 'Blancanieves y los 7 enanitos', es heterogéneo pero todos tienen en común un diagnóstico ilusorio de las realidades que afectan a la Europa del s.XXI y la invocación a la autoridad atávica de la tribu. Cuando Vox critica las “élites progresistas” o a “los burócratas de Bruselas”, así de un plumazo, demuestra desconocer parte esencial de la problemática que arrasa a Occidente, y sobre todo a Europa, en este estadio de globalización: la insuficiencia estructural de un marco de jurisdicciones nacionales que siempre van por detrás del capital y la tecnología que los arbitra a placer ('race to the bottom'). Obviamente no se han hecho cuatro números con lo que gusta un móvil de última generación, un coche alemán, o un viaje de vacaciones más allá de nuestras fronteras. Desprecian el hecho probado de que la “globalización” ha sacado de la pobreza a más de 2.000 millones de personas las últimas décadas.

Aun así, el canto a la propuesta identitaria y tribalista tiene una dimensión más profunda y perversa que la ignorancia sobre la coyuntura de la época. El flirteo con la oposición a lo que es civilización en su raíz- ¡de lo que se aprende en el colegio! La Civilización como proceso de intercambio y selección cultural a lo largo de la Historia. La Civilización construida en base a lo que tenemos en común- con la ciencia y el comercio como motores de ese proceso. Que los mayores logros y progresos de la humanidad se hayan producido en base a ese proceso de intercambio y mestizaje (usurpación) cultural, o que los mayores retos de este s. XXI- con el cambio climático y el desarrollo sostenible a la cabeza, exijan el mayor esfuerzo posible al genio cooperativo de la especie- “elites globalistas”, son nimiedades que no podemos permitirnos, postulan... Otro canto al viento.

La arrogancia de pretender prerrogativas exclusivas sobre ese proceso civilizatorio ha pasado por la criba a todas y cada una de las naciones occidentales y los estaditos que lo han conformado- los anglosajones con Bréxit y Trump son lo las última expresión de ello, y choca con la vocación universalista real del mismo. Como poner puertas al campo. En concreto la desmistificación de las raíces cristianas- y sus versiones católicas y protestantes, han supuesto en Europa una fuente traumática de profundo conflicto y desasosiego precisamente cuando se han engalanado de ropajes tribales mesiánicos obviado esa vocación universalista.

La arrogancia de pretender prerrogativas exclusivas sobre ese proceso civilizatorio ha pasado por la criba a todas las naciones occidentales

Poco a poco el desenquistamiento de estos grumos culturales va ganando terreno. Que los índices de aconfesionalidad y laicismo en la Europa moderna estén en máximos y creciendo, es prueba de ello. Al fin y al cabo la desmitificación consiste en esa digestión lenta de la ciencia, necesaria e inexorable. Que la psicología y biología evolutiva, la ciencia de vanguardia tras estudiar 100,000 años de historia de la especie, encuentren consustancial a toda la naturaleza humana - con impronta genética, universales como el lenguaje, la lógica, y el sentido ético de la cooperación, abona el terreno para el encuentro en espacios de centralidad. Se puede ser un tipo muy decente y muy digno, y probablemente más genuinamente libre, sin necesidad de recurrir al pensamiento mágico de instancias ultra terrenales. Como también se puede denunciar una polémica política en torno a la educación concertada como una provocación deleznable, parte de un guion crispado y una afrenta a la libertad. Tan histriónicos y pueriles resultan los posicionamientos romántico- nostálgicos de la extrema derecha como el buenismo progresista de tabla rasa sin fronteras de la izquierda más avezada- en donde pretenciosamente fundan esa “ascendencia moral”.

Y tras el estupor de los conflictos bélicos mundiales del s. XX, con el epicentro europeo (nuestra Guerra Civil incluida un caso particular del mismo), tras todo el vértigo de libertad al calor del existencialismo de posguerra, las resistencias para conciliar los axiomas básicos del liberalismo y la Ilustración en torno al individuo, con las tradiciones más atávicas van cediendo paso: la centralidad. Eso representa la Europa de posguerra en la que se gesta la UE, ahora en la frontera misma de cristalizar su conformación política el próximo lustro. Que el formato político jurídico de esas naciones venga históricamente empaquetado en estaditos soberanos no es en absoluto un destino insalvable, máxime cuando su efectividad operativa es totalmente obsoleta y se atiende a esos espacios de afinidad profunda en Europa en torno al Estado de Derecho y el valor cardinal del individuo, una comunidad de valores. La vocación universalista de ese modelo de sociedad abierta inclusiva tiene como coartada ganadora, efectivamente el individuo.

El llamamiento de Macron a profundizar las estructuras políticas de integración, de crear ese espacio de soberania propiamente europea en torno a defensa, a un control ordenado de la inmigración, y a una capacidad real de enfrentar conjuntamente las realidades incipientes del s. XXI, es una alegato por despertar del sueño mortecino de los nacionalismos y agarrar la oportunidad histórica inapelable de conciliar valores con intereses. De crear ese espacio de centralidad donde caben todos y se mira con energía e ilusión para adelante. No queda mucho más tiempo que una generación antes de que probablemente se vaya el tren. Que de este lado, la política patria siga de rositas con su ensimismamiento histriónico hablando en clave de pasado, retrograda, crispada, con sus populismos de izquierda y derecha radical, con sus nacionalismos secesionistas de banderita y mirada corta, resulta un espectáculo tan triste como deplorable.

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