Sánchez y la ingenuidad

Maquillando las hechuras populistas del gobierno con tintes de socialdemocracia, juega con la esencia de la democracia liberal y la sociedad abierta: el imperio de la Ley

Foto: Pedro Sánchez durante la Gala de los Goya 2020. (EFE)
Pedro Sánchez durante la Gala de los Goya 2020. (EFE)

Despejada la niebla de la investidura y toma de posesión de este gobierno Frankenstein, el perfil de los derroteros de la política patria trae malos presagios a pesar del blanqueamiento de la puesta en escena anodina en Davos. El divorcio absoluto entre la normalidad económica que se vende fuera, por ver, y la deriva en ciernes de subversión institucional patria no se le escapa a nadie. Asepsia frente a estupefacción. Sánchez se juega la cohesión en la sociedad española y mercadea con la legalidad para garantizarse la gobernabilidad con sus socios de viaje, independentistas xenófobos de ERC, y a resultas, la credibilidad exterior de España.

No hay limites a la impúdica extorsión al Estado y el espíritu de la Ley: Fiscal General, amnistía encubierta con cambios del Código Penal en diseño, Torra "inhabilitado", "mesa bilateral" en ciernes para una “solución política”, el fraude descarado a promesas electorales.... Entre medias, solo cabe intuir un irredento espíritu de ingenuidad, que por inocente, no se sabe cómo acaba.

Tras años de resistencia Sánchez prefiere ignorar que su "cuestión política" merecedora de "diálogo" no tiene más contraparte que un instinto de naturaleza insaciable, ilegal y reaccionario que se lleva por delante la integridad institucional del marco constitucional la “desjudicializacion” de la política. Con estas credenciales, con un conato de secesión independentista xenófoba debajo del brazo en proceso de lavado, se presenta desnudo ofreciendo un espectáculo dantesco en Europa. Se abre así una deriva análoga a la Hungria de Orbán pero por la izquierda. El escenario para un forcejeo permanente con el poder Judicial está preparado y España, tras el papel ejemplar del 2013-2017, camino de segunda o tercera división. El numerito a contrapelo del desplante a Guaidó, consagra en Europa el perfil populista del gobierno.

Fotografía facilitada por el Palacio de la Moncloa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Fotografía facilitada por el Palacio de la Moncloa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Y mientras tanto Europa con su crisis existencial en busca de su propia refundación institucional, que Sánchez prefiere también ignorar. La propia naturaleza de la crisis del euro en torno a la fragmentación debiera poner la iniciativa en el centro izquierda europeo. El PSOE preside el grupo socialdemócrata en el Parlamento Europeo, pero esta “socialdemocracia” española 'sui generis' se gasta la soberanía en sueños de identidad, tribalismo atávico y el trileo del Estado con el populismo. La deslegitimación consumada, en estos derroteros patrios, para liderar propuestas europeas de centro izquierda creíbles que catalicen el consenso hacia el centro y permitan la exploración de un ejercicio fundacional impostergable de soberanía propiamente federal, donde literalmente nos la jugamos los próximos 5 años, apunta histórica. Todavía hay vuelta atrás.

Se abre así una deriva análoga a la Hungria de Orbán pero por la izquierda

Cualquier pretensión de avance en Europa pasa por el rigor de Ley, la integridad en el ejercicio de la cosa pública y el compromiso, de lo cual estamos dando un ejemplo tan triste como estridente. Con excepción del SMI, el punto de arranque en la legislatura está viniendo en clave de crispación: parece que todas las iniciativas necesitan cimentar el guion y argumentario emocional del enfrentamiento polarizado... ¡Otra vez mirándonos el ombligo de espaldas a Europa!

Mesa catalana o mesa europea

Si hay algo que todo el espectro político pudiera tener en común con Pablo Iglesias es el hecho de denunciar la inadmisbilidad de un paro del 35% en la juventud patria: en toda regla un fracaso generacional que aboca a la emigración de talento al exterior o por defecto, al engangrenamiento interior. No deja de ser sorprendente el escaso debate local entorno al euro que determina toda la política económica y presupuestaria, el núcleo de la política nacional.

El diagnóstico actual del euro, académicamente unánime, gira en torno a la disfuncionalidad absoluta, manifiesta en el agotamiento del surtido de políticas económicas disponibles: la monetaria del ECB con tipos negativos y el ciclo para abajo, y las de oferta, con todos y cada uno de los países euro en posición por cuenta corriente superavitaria gracias al reclamo alemán de la disciplina, consumada en este ciclo. El euro en su actual diseño es un constructo de divergencia estructural ahora velado por la liquidez del ECB -cuanto más productivos y competitivos más barato se vende- una crisis de cuenta corriente y no soberana, y que explica tanto los excedentes de acreedores al 0% como el paro juvenil en la periferia. La posibilidad de atajar ese desempleo juvenil sin reformar el euro es total y absolutamente nula.

La reforma institucional del euro que lleva parada 3 años siempre tropezando con la misma piedra, enfrentamiento entre acreedores y deudores, abortando cualquier conato de reformas como explicábamos en detalle aquí. Con razón desde este periódico se habla de “sopor” en las reuniones del euro.

Una moneda de dos euros. (Reuters)
Una moneda de dos euros. (Reuters)

El reto ya no es técnico, es totalmente político —este sí—. Consiste en transmutar el hermetismo nacional y la disciplina financiera por país, en un espacio propiamente europeo donde se encauce normativamente la convergencia y la cohesión y es por vocación de izquierdas. Es el tenor de los tiempos del “zeitgeist”, lo que se cuece de verdad e importa durante los próximos años: completar esa transición hacia una unión fiscal. ¡No la reinvención del 78!

La predisposición de los interlocutores en esta mesa hacia el compromiso a largo plazo con la mutualizacion de riesgos y el otorgamiento al Parlamento Europeo de capacidad fiscal es tan indispensable como frágil. Los gestos, las formas desde nuestra coalición de gobierno con una muleta “podemita” y otra secesionista, asusta al más impávido.

La negociación en Europa lanza destellos eventuales de esperanza en favor del compromiso y la confianza: seguro de desempleo europeo, unión bancaria con seguro de depósito, etc. Pero cualquier estridencia de corte populista, como la que se fragua a fuego lento en nuestro país, es un revulsivo inmediato en contra. Añadimos la sombra de Zapatero, el gran instigador de ingenuidad en el gobierno actual y probable alentador de las derivas actuales, y completamos el cuadro de una izquierda extravagante. Vamos, lo ideal para entenderse con socialdemócratas alemanes y sacar al PPE del enroque hermético nacionalista siempre mirando a su propia derecha (Schauble dixit). Esa de allá, esa ultraderecha radical en el Norte sí que es la quintaesencia del nacionalismo y mediatiza cualquier intento de avance en negociaciones. No se le ha hecho frente.

Si algo debiera estar planteando Sánchez como “progreso”, distinto de la melopea oportunista y retrógrada que se trae entre manos, una iniciativa real que en esta coyuntura europea mire para adelante, es liderar el grupo socialdemócrata con los liberales de Macron (el único que se entera de la película que se cuece a largo plazo) y verdes, y explorar rutas hacia la Unión Fiscal y el eurobono. Ciudadanos ya lo hace buscando un puente para “desbalkanizar” el mercado soberano. El diseño de esa puerta le compete por naturaleza al centro izquierda pero la llave la tiene el PPE.

Mirar a la derecha y borrar el guion actual de imaginarios “progres” contra fachas no es opción de momento en las fontanerías de Moncloa. Bien podrían pensar en cambiar una mesa por otra. El europeo es un guion de papeles más sofisticados, riesgo también alto pero descomunalmente mayores réditos para todos. Es una quimera ingenua plantearse la viabilidad de ambas mesas.

El sinsentido de la estrategia de “buenismo” entreguista con el nacionalismo xenófobo y el desafío al Estado de Derecho y el ordenamiento jurídico europeo- el “acervo comunitario”, ahora con la amnistía encubierta de la reforma prevista del Código Penal, no tiene fondo. Eso lo saben en Europa, contra “eso” se construye Europa... Una simple lectura de las jactancias xenófobas y la vocación reincidente sin atisbo de arrepentimiento por parte de un Junqueras, en cualquier foro nacional o Europeo, debiera bastar para descalificar de raíz cualquier intento de lavado. Hay mucho trabajo en el Parlamento Europeo. ¿Dónde está Borrell?

La impostura en las pretensiones de apropiación del Estado por parte del gobierno sanchista en su “desjudicialización” de la política es de tal calibre, tan pueril y tan en las antípodas de una sociedad abierta, socava hasta tal punto las costuras de un Estado de Derecho, que uno no puede más que preguntarse si realmente hay consciencia en las fontanerías de Moncloa de dónde se están metiendo. ¿Han procesado esta iniciativa en sus sondeos sociales estos socialistas? Pensar que la sociedad civil, el poder Judicial, Europa y en última instancia el voto de mayoría popular transigen con esto, convierte la temeridad en ingenuidad supina. Prueben a convertir esa ingenuidad en inocencia, no caben las dos mesas, tiren para Europa.

*Fernando Primo de Rivera Garcia-Lomas es economista, abogado e inversor.

Tribuna
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