La mutilación genital femenina es un crimen contra la humanidad

No solo hay consecuencias dramáticas para la salud; es que se trata de la peor violación de los derechos humanos de una mujer: su integridad, amputada con una cuchilla de afeitar

Foto: Concentración en contra de la mutilación genital femenina ante la puerta de Brandeburgo en Berlín. (EFE)
Concentración en contra de la mutilación genital femenina ante la puerta de Brandeburgo en Berlín. (EFE)

MGF. Tres letras muy conocidas para los que se ocupan de los derechos de las mujeres y de las niñas. Lamentablemente, los acrónimos a veces ocultan el significado de las palabras. Acabamos de recordar el 6 de febrero, día internacional contra la mutilación femenina, lo que verdaderamente significa MGF: la mutilación genital femenina es un crimen contra la humanidad. Significa cortar o eliminar los genitales femeninos externos de las niñas que generalmente no tienen más de 15 años. No solo hay consecuencias dramáticas para la salud, desde complicaciones durante el parto hasta la muerte; es que se trata de la peor violación de los derechos humanos de una mujer: su integridad, amputada con una cuchilla de afeitar.

Las cifras son aterradoras: 200 millones de mujeres han sido sometidas a esta tortura. Una de cada 20 niñas y mujeres en el mundo ha sufrido alguna forma de mutilación genital. Las perspectivas no pueden ser peores: a pesar de las denuncias, las movilizaciones y las campañas, la ONG Plan Internacional asegura que, dentro de 10 años, en 2030, habrá 4,6 millones de niñas que serán sometidas cada año a esta práctica salvaje.

Mujeres mutiladas en su adolescencia o infancia —en determinados casos, cuando son bebés— con la justificación de rituales de pureza e iniciación: una marca de virginidad que purifica a la mujer a través de la negación del placer. Una tradición patriarcal que ninguna religión prescribe y que ninguna creencia justifica. Algunas mujeres mueren por hemorragia e infecciones, otras no podrán tener hijos. NINGUNA podrá nunca disfrutar de una vida sexual plena, ni olvidarse de aquel día fatídico, del lugar oculto de la ceremonia con las mujeres de su pueblo, con los vendajes ensangrentados y el eco de sus gritos por el dolor insoportable.

Algunas mueren por hemorragia e infecciones, otras no podrán tener hijos. Ninguna podrá disfrutar de una vida sexual plena, ni olvidarse de aquel día

Aunque este delito es una práctica ilegal en casi todos los países del mundo, aún se práctica en 28 países del África subsahariana, Asia y Medio Oriente. Además, la ablación femenina se ejerce, clandestinamente, en países europeos. En España, hay decenas de miles de mujeres que proceden de países como Nigeria, Gambia, Senegal y Malí; las niñas corren el peligro de pasar por lo que han pasado sus madres y sus abuelas en viajes a los países de origen o sufriendo las intervenciones clandestinas en Europa.

En Francia, se lanzó el año pasado un gran plan de acción nacional para combatir la ablación, centrado en la identificación de riesgos, la prevención y el apoyo a las víctimas, especialmente mujeres provenientes de África. Francia es pionera en la cirugía de reparación del clítoris, cubierta desde 2004 por la sanidad pública. Este es el camino que deben seguir todos los países de la UE. Debemos apoyar a las asociaciones de mujeres y de profesionales que luchan para evitar que niñas y mujeres sean sometidas a esta práctica. Debemos respaldar también los esfuerzos y los proyectos sanitarios y médicos que hoy existen para poder reconstruir, anatómica y funcionalmente, a las mujeres y niñas que lo necesiten.

Hay causas por las que merece la pena luchar. Hay otras por las que es imposible no hacerlo

La próxima semana votamos una resolución en el Parlamento Europeo para que tanto la Comisión como los Estados miembros multipliquen su compromiso con los profesionales y las organizaciones que se ocupan de la ablación femenina. Exigimos que se aplique plenamente en los países europeos la directiva sobre los derechos de las víctimas, para garantizar que puedan acceder a los servicios médicos y de apoyo postraumático; que la próxima estrategia europea de igualdad de género incluya acciones para eliminar la mutilación genital y que se financien programas de prevención y asesoramiento legal y psicológico. Hay que dar acceso a la atención sanitaria especializada a mujeres que soliciten asilo y a refugiadas que hayan sufrido la mutilación genital, y hay que desarrollar la cooperación con terceros países para acabar con esta atrocidad.

Hay causas por las que merece la pena luchar. Hay otras por las que es imposible no hacerlo. Desde Renew Europe, estamos dispuestos a dar esta batalla, y a ganarla. No podemos dejar solas a las mujeres que sufrieron las agresiones, ni a las niñas que las sufrirán si no cambian las cosas. Si lo hacemos, todos los discursos sobre valores europeos y solidaridad serán “humaredas perdidas, neblinas estampadas”, como escribió Rafael Alberti. Y la vergüenza de esta terrible injusticia sobre tantas niñas y mujeres nos perseguirá para siempre.

*Soraya Rodríguez es eurodiputada en la delegación de Ciudadanos del Parlamento Europeo en Renew Europe.

*Irène Tolleret es eurodiputada en la delegación Renaissance y coordinadora de la Comisión de Igualdad de Género por el grupo Renew Europe en el Parlamento Europeo.

Tribuna
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