Grecia, ¿escudo o talón de Aquiles?

Grecia somos todos cuando la policía griega recibe órdenes de utilizar pelotas de goma y gases lacrimógenos contra hombres y mujeres desarmados que huyen con sus hijos

Foto: Migrantes y refugiados sirios se dirigen a la frontera entre Turquía y Grecia. (EFE)
Migrantes y refugiados sirios se dirigen a la frontera entre Turquía y Grecia. (EFE)

"Grecia es Europa. Grecia somos todos"

Qué hermoso mensaje. Lo proclamaron el pasado martes las primeras figuras europeas, descorbatadas y sin permitir preguntas a los periodistas. Y sin mirar a los niños y madres que han huido, sí, de Siria. Grecia es Europa, dijo la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, acompañada por el presidente del Parlamento, David Sassoli, el presidente del Consejo, Charles Michel y el presidente de turno del Consejo de la UE, el primer ministro croata, Andrej Plenković.

Con estas palabras, los líderes de la UE declararon públicamente que las fronteras exteriores de Europa son responsabilidad de la Unión, no solo del Estado miembro concernido. Muy bien. Como país con una larga frontera exterior europea, España debe sentirse confortada por esta asunción de responsabilidad compartida.

Estas palabras se dijeron en la frontera entre Turquía y Grecia, en el paso fronterizo de Kastaniés, cerca de Edirne. No las pudieron escuchar los cinco mil sirios concentrados a pocos metros de allí, frenados cuando trataban de entrar en territorio europeo. Durante la reunión con el primer ministro Kyriakos Mītsotakīs, los líderes europeos expresaron su solidaridad con Grecia para que siga actuando como "escudo europeo" —palabras de la presidenta de la Comisión, en griego, para que no hubiera dudas— y frenar el flujo de los que necesitan refugio.

Grecia es Europa. Grecia somos todos. Grecia es nuestro escudo. En otras palabras: las fronteras exteriores de Europa están selladas.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Volvamos atrás por un instante. Volvamos al invierno de 2015

Recep Tayyip Erdogan, presidente turco, está haciendo chantaje a la UE con millones de hombres, mujeres y niños desesperados, sin hogar ni país. Cuando, hace dos semanas, decenas de soldados turcos murieron en el noroeste de Siria, en un ataque de las fuerzas del Gobierno de Damasco o de sus aliados rusos, Erdogan dijo que no se sentía responsable de la suerte de los que huyen y decidió abrir sus fronteras con Grecia, e incluso transportarles hasta allí en autobuses. Pero si Erdogan puede chantajearnos es porque le hemos dado la posibilidad de hacerlo. Porque hemos externalizado la gestión de nuestras fronteras a cambio de 6.500 millones de euros para que Turquía albergase a más de 3,5 millones de refugiados sirios en su territorio, según ACNUR.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Volvamos atrás por un instante. Volvamos al invierno de 2015. Hoy debemos afrontar las consecuencias de nuestra irresponsabilidad de entonces, de nuestra incapacidad para consolidar un modelo común europeo de asilo y refugio, así como un modelo de migración legal. Desde el acuerdo con Turquía, los Estados Miembros han actuado como si no existiera el problema, generando así un problema para el futuro, que ya es presente. Trasladándolo más allá de la frontera. De la frontera de Grecia. Y Grecia es Europa. Y Grecia somos todos.

Grecia somos todos cuando la policía griega recibe órdenes de utilizar pelotas de goma y gases lacrimógenos contra hombres y mujeres desarmados que huyen con sus hijos. Grecia es Europa cuando sus guardacostas rompen los motores de los barcos en los que se apiñan los refugiados para que no lleguen a las playas. ¿Así queremos que funcione nuestro escudo europeo?

Puede que alguien piense que los recién llegados están sucios, son miserables y no se saben comportar. En quince días de huida y desamparo no estaríamos menos desesperados que ellos, sin embargo.

Un refugiado sirio porta a su hija de un año mientras trata de distribuir zapatos como artículo de ayuda en Turquía. (EFE)
Un refugiado sirio porta a su hija de un año mientras trata de distribuir zapatos como artículo de ayuda en Turquía. (EFE)

La UE ha huido de su responsabilidad en este drama. Europa se ha desentendido del conflicto de Siria: su renuncia al liderazgo internacional en este caso ha dejado la solución de una guerra sangrienta que dura ya nueve años en manos de Turquía y de Rusia. ¡Y qué guerra! Una en la que la muerte de civiles no ha sido un daño colateral de los ataques militares, sino su propio objetivo. Una de la que han huido más de 6,5 millones de personas y que ha causado 6,2 millones de desplazados internos, según los últimos datos de ACNUR. Hombres, mujeres, niños asesinados, niños que sobreviven sin escolarizar, sin futuro. Muchos han nacido ya en el conflicto, no han conocido un país en paz. Otros han sido desplazados seis veces, siete veces. Dice UNICEF que de los 11 millones de personas que necesitan hoy ayuda humanitaria, la mitad son niños.

En la región de Idlib, donde desde enero ha habido un recrudecimiento de los combates, miles de niños viven en tiendas improvisadas o al aire libre, sin otra agua que la lluvia que les cala, ajena a todo, y la nieve del frío invierno sirio. ¿Atención sanitaria? ¿Clases? Los hospitales y las escuelas —los que todavía están en pie— son blanco de los ataques y de los bombardeos.

Esta también es nuestra responsabilidad política. Nuestra responsabilidad moral.

Hoy más que nunca, y porque Grecia somos todos, debemos recordar que Grecia es la cuna de la democracia

Estamos obligados a cumplir con las normas internacionales. Nuestra Carta de los Derechos Fundamentales exige a la Unión y a todos sus Estados miembros el respeto a la Convención de Ginebra de 1951. El Derecho humanitario es Derecho. NO podemos suspenderlo. Nuestros padres y abuelos crearon este derecho después de la Segunda Guerra Mundial. Ninguna crisis debe ofuscar a los líderes hasta el punto de mirar hacia otro lado para no ver que los niños que han escapado y sobrevivido a una guerra tan cruel se mueren hoy a las puertas de Europa. Ni tan siquiera por el miedo a los peores populismos. Solo la fortaleza política detendrá a los populistas, en este o en otros desafíos pendientes.

Una fortaleza política construida sobre derechos humanos y libertades universales e inalienables.

Hoy más que nunca, y porque Grecia somos todos, debemos recordar que Grecia es la cuna de la democracia. Esta Grecia tuya, Aquiles, escudo de Europa… o talón que algún día nos descubra lo vulnerables y débiles que hemos llegado a ser.

*Soraya Rodríguez y Maite Pagazaurtundúa son eurodiputadas de Ciudadanos en el grupo Renew del Parlamento europeo.

Tribuna
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